Opinión

La máquina de experiencias / El peso de las razones

 

Robert Nozick, en su oda al libertarismo y al Estado mínimo Anarquía, estado y utopía, realiza un famoso experimento mental: la máquina de experiencias. Se sabe que a los filósofos les encantan este tipo de experimentos: se trata de imaginar un escenario o un mundo posible que no es el actual (aunque podría serlo), en el cual nuestras intuiciones son sometidas a la presión de un caso límite. Los experimentos mentales, piensan algunos filósofos, tienen la ventaja de hacernos explorar las fronteras de nuestros conceptos e intuiciones a un bajo precio: presumiblemente sólo hace falta un cómodo sillón y una persona imaginativa.

La máquina de experiencias de Nozick nos pide que imaginemos lo siguiente: “Supongamos que existiera una máquina de experiencias que proporcionara cualquier experiencia que usted deseara. Neuropsicólogos fabulosos podrían estimular nuestro cerebro de tal modo que pensáramos y sintiéramos que estábamos escribiendo una gran novela, haciendo amigos o leyendo un libro interesante. Estaríamos todo el tiempo flotando dentro del tanque, con electrodos conectados al cerebro. ¿Debemos permanecer encadenados a esta máquina para toda la vida, preprogramando las experiencias vitales? Si a usted le preocupa el no haber tenido experiencias deseables, podemos suponer que empresas de negocios han investigado por completo las vidas de muchos otros. Usted puede encontrar y escoger de su amplia biblioteca o popurrí de tales experiencias y seleccionar sus experiencias vitales para, digamos, los próximos dos años. Una vez transcurridos estos dos años, usted tendría diez minutos o diez horas fuera del tanque para seleccionar las experiencias de sus próximos dos años. Por supuesto, una vez en el tanque, usted no sabría que se encontraba allí; usted pensaría que todo eso era lo que estaba efectivamente ocurriendo. Otros también pueden encadenarse y tener las experiencias que quieran, de modo que no hay necesidad de mantenerse fuera para servirlos. (Olvídese de problemas tales como ¿quién daría mantenimiento a las máquinas si todo mundo estuviera encadenado a ellas?)”. Dado este escenario imaginado, Nozick te pregunta: “¿Se encadenaría usted? ¿Qué más puede importarnos a nosotros además de cómo se sienten nuestras vidas desde adentro?”.

Nozick encuentra por demás intuitivo su experimento mental. Piensa, como muchos filósofos cuando diseñan este tipo de escenarios, que todas las personas responderán negativamente a pesar de haber diseñado su experimento de tal manera que trata de hacer atractivo el hecho de estar conectado a una máquina de experiencias (y lo cierto es que, así planteado el escenario, la mayoría de las personas de hecho responderíamos negativamente). La negativa de las personas a estar conectadas a una máquina de este tipo, piensa Nozick, se debe al menos a tres razones. En primer lugar, Nozick sugiere que las personas desean hacer cosas, no sólo tener la experiencia de hacerlas. En segundo lugar, las personas quieren ser de cierta forma, ser un cierto tipo de personas. No obstante, “alguien que flota en un tanque es una burbuja indeterminada”. Por último, y quizá de manera más relevante, “encadenarse a una máquina de experiencias nos limita a una realidad hecha por el hombre, a un mundo no más profundo ni más importante que aquel que la gente puede construir. No hay ningún contacto efectivo con ninguna realidad más profunda; aunque su experiencia se pueda simular”.

Este experimento mental lleva a Nozick a una conclusión importante: parece que lo que nos interesa es algo más que nuestras experiencias. Quizá, como piensa Nozick, lo que nos interesa es “vivir (verbo activo) nosotros, en contacto con la realidad (y esto, las máquinas no pueden hacerlo por nosotros)”. La autenticidad de le experiencia es algo que la máquina no puede proporcionarnos y que aparentemente nos interesa tanto que no nos conectaríamos. ¿Es esto cierto?

Confieso que la primera vez que vi The Matrix (1999) respondí de manera extraña a una escena de la película: cuando el agente Smith le ofrece a Cypher ser reconectado en la Matrix, en las condiciones que él desee, si le entrega a Morfeo, quizá yo hubiera hecho lo mismo. ¿Acaso ustedes preferirían vivir una vida real fuera de la Matrix comiendo proteínas rehidratadas, en condiciones de amenaza constante, que vivir una vida deliciosa en una playa encantadora al lado de lo que se nos presenta como una bella mujer y una hermosa casa? El experimento mental que nos presenta la película es similar al que nos presenta Nozick. Y quienes no reingresarían a la Matrix, pienso, no lo harían por razones similares a las que presenta Nozick: en particular, la autenticidad de nuestras experiencias.

¿Acaso la autenticidad de la experiencia nos importa más que la experiencia misma? ¿Tiene razón Nozick? Yo pienso que no habría que correr hacia una conclusión, como no lo hizo Felipe DeBrigard, un filósofo experimental que buscó dar un giro al escenario de Nozick. En primer lugar, DeBrigard abandonó el cómodo sillón filosófico y realizó una encuesta (siguiendo los parámetros estadísticos de la psicología social). Su diseño experimental incluía el reverso a la máquina de experiencias de Nozick. Ya no se trata de si las personas se conectarían o no a una máquina de experiencias, sino de si nos desconectaríamos de una a la que no sabíamos que estábamos conectados. Imagina el siguiente escenario: has tenido la vida que has tenido, considera que ha sido una vida exitosa laboralmente, en la cual estás casado con la persona que amas y con la cual tienes hijos a los cuales amas y te importan, y si te preguntaran por tu vida dirías que es una feliz y plena. Un buen día llega el señor Pérez y te informa que lo que crees que ha sido tu vida sólo es fruto de tu conexión a una máquina de experiencias a la cual te conectaste hace algunos años. El señor Pérez quiere saber si deseas seguir conectado, en cuyo caso se removerá de tus recuerdos su visita, o si deseas salir de la máquina de experiencias. ¿Te desconectarías?

El punto de DeBrigard es que no sólo la autenticidad de la experiencia nos importa, pues cuando presentó su máquina de experiencias invertida descubrió que las personas en su mayoría no desearían ser desconectadas. Así como con el experimento mental de Nozick aprendemos que al parecer nuestros juicios sobre nuestra propia vida son sensibles a una diferencia entre realidad e ilusión, en el experimento de DeBrigard aprendemos que también tenemos una fuerte intuición de otra cosa que nos importa al menos tanto como la autenticidad: adherirnos a la vida que de hecho ya tenemos. Así como somos animales que no pueden desinteresarse de la realidad, somos animales conservadores: buscamos perpetuar la vida que llevamos o creemos que llevamos. Dado este reverso en el experimento mental de Nozick, y dado lo que hemos aprendido del experimento de DeBrigard, ¿aún responderías negativamente a alguien que te proponga conectarte a una máquina de experiencias?

 

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Mario Gensollen

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