Opinión

Víctimas / Bajo presión

A ella la violaron. Madre, hermana, esposa, sobrina, pareja, amiga, hija, abuela, tía… A ellas las agreden, las violentan, hombres como yo, hombres que son mi padre, mi hermano, mi compadre, mi sobrino, mi confidente, mi mejor amigo, mi hijo, mi abuelo, mi tío, alguien que pudo haber sido yo, que soy yo. Las atacaron, le bajaron los calzones, la arrinconaron, se impusieron… A ellas las violamos nosotros.

Lo sabemos, nosotros lo sabemos, y nuestro silencio es cómplice. Nosotros permitimos que siga sucediendo. Yo, hombre, soy un agresor, incluso cuando no lo sé actúo de esa forma, así fui educado, no sé conducirme de otra manera, el mínimo reconocimiento que en lo individual pueda hacer no exime de culpa alguna al nosotros del que formo parte.

Tomo de la mano a mi pareja, sincero, con la mirada que sólo los amantes pueden intercambiar, después del amor, le pregunto si la he lastimado, si he abusado de ella. Ella me dice que no, me abraza, busca mi abrigo, desnudos, se refugia en mi cuerpo que es más grande que el de ella, amorosa me responde que no, que no la he violentado. Nos abrazamos como amantes. La he penetrado, he estado adentro de ella, la he extendido, expandido, apretado, mordido… y ella responde que me ama, igual o más de lo que yo la amo. Hemos tenido sexo, rudo, salvaje, desesperado, anhelante, una sesión en la que se puede asegurar que somos uno porque cada quien ha procurado la complacencia del otro, porque si el sexo trata de algo es sobre eso: el deseo cumplido de las mutuas satisfacciones. A pesar de eso, la respuesta no me satisface, todo el tiempo pienso, ¿y si la lastimé?

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Mañana, cuando me exhiba, mañana cuando confiese sin decir mi nombre que abusaba de ella, no habrá declaración amorosa que me exima de culpa alguna, no importa cuántas veces haya preguntado, las ocasiones en que quise ser diferente, separarme de ese nosotros que somos los hombres. El sexo puede ser violento, rudo, sucio, y el día siguiente, cuando ella exponga que la violenté, no quiero, puedo, ni debo, intentar justificar mi accionar físico, no importa, no debe contar como defensa todas las veces que pregunté si le había hecho daño, el que interpretara su satisfacción como un permiso para hacer lo que creí los cuerpos pedían.

Cuando mañana ella me acuse de haberla violentado, sólo podré argumentar en contra que todo el tiempo fue consensuado, que cada vez que lo hicimos pregunté si la había ofendido, y cuando ella confiese que sí, pero que no me lo dijo, asumiré las consecuencias; cuando ella confiese que no se había dado cuenta pero que asumía que lo que otorgaba era por que yo era poderoso, su hombre, el jefe, el macho, el Master of the Universe, El Hombre, asumiré mi responsabilidad, sin importar cuántas veces haya preguntado si le hacía daño. Mañana cuando mi pareja diga que la dañé, lo único que podré decir es que no entiendo por qué todas las veces que le pregunté me dijo que no era así, y ahora que me acusa, sólo quiero entender qué hice mal.

Cuando me acuse, cuando ella me señale, pensaré que tiene sus razones y que son igual de válidas a las miles que han escrito en Twitter por qué no denunciaron “en su momento”, recordaré que A no se atrevió a denunciar porque su agresor sabe dónde vive, conoce sus horarios; su familia, la ha acosado e incluso la ha esperado fuera de su casa; tendré en cuenta que B no denunció porque sus padres le ordenaron que no quejara; que C no fue al ministerio público porque si denunciaba podría perder amigos y oportunidades de trabajo, por lo que conocidos y desconocidos pudieran opinar de ella; porque a D le preocupaba que los otros dijeran que era su culpa por permitir que la agredieran; porque D, cuando pensaba en la agresión sufrida, iba al silencio para protegerse de los ataques de ansiedad ; porque el violador de E era su amigo, se aprovechó de su estado y ella no podría seguir con una denuncia y todas sus consecuencias… Puedo seguir con todo el abecedario, ejemplificar, pero creo que ha quedado claro que cuando ella, mi amante, me acuse, el único camino a seguir es el del esclarecimiento, asumir la responsabilidad de mis actos sobre ella, sí: sobre ella, y buscar justicia, lo mínimo: la reparación del daño.

Pero, pero, pero… dirá la horda, los hombres que quieran sostener su hegemonía a través del apoyo incondicional a lo que hacemos hombres de verdad, no pueden aceptar tu culpa por adelantado; contestaré que sí, porque creo en la verdad que establecen los amantes por encima de cualquier otra cosa, porque el diálogo fortalece a las instituciones que hemos creado para ese propósito y que en esos términos el que nada debe, nada teme, y que entiendo el amor como un proceso que puede ser examinado públicamente sin que nada de la opinión de un tercero pueda modificar su naturaleza, uno que no puede ser sometido a las “grandes palabras” con que se llenan la boca los buscapleitos de las redes, cuando a falta de argumentos e ideas, emplean un supuesto lenguaje incluyente, pero siguen sin entender los conceptos que utilizan.

En eso creo, lo remarco porque mi declaración siguiente borrará todo eso: la tropicalización del #MeToo por parte del equipo de Carmen Aristegui ha sido deplorable y ha causado más daño a las víctimas de violencia que beneficios; el intento por armar el “movimiento” #MeTooMx ha sido una falta de ética periodística que se ha servido de las víctimas para atraer likes y no se ha preocupado por verificar nada, sólo le interesa despertar el morbo y cosechar los Me Gusta de la legión de imbéciles buen pedistas, que demuestran estar del lado correcto de la historia exhibiendo que están de acuerdo (cualquier cosa que eso signifique) con el levantamiento de un tribunal mediático cuyo único propósito fue establecer la hoguera en que se castigaría a los malos hombres.

A diferencia de otros países, el tropicalizado #MeTooMx no incluyó un andamiaje de apoyo y asesoría a las víctimas que permitiera a las agredidas superar la fase de exhibición, la muestra más evidente es que la acusación de Karla Souza fue rebatida de inmediato por uno de los presuntos implicados, el desmentido no sirvió para demostrar que cuando una mujer acusa no cuenta con respaldo, tampoco poner a prueba la presunción de inocencia, quien terminó beneficiándose fue la empresa Televisa cortando relaciones con el director Gustavo Loza y estableciéndose un referente moral ante la violencia contra las mujeres, pues la decisión de cortar lazos fue inmediata, sin importar lo que el director dijera o lo que la actriz no contestara. Nadie sabe para quién trabaja, pues los seguidores de la televisora cuentan sólo con la versión de Televisa. Más grave aún, fue evidente que Karla Souza fue utilizada pues no contó con el respaldo de nadie para afrontar su decisión de guardar silencio, de no aclarar, de no dar más explicaciones acerca de por qué no había denunciado; pero, como en general la prensa mexicana se cobija en el perro no come perro nada se dice del desaseo con que Carmen Aristegui montó lo que resultó un show.

Sofía Niño de Rivera me parece patética, así, y otra ganadora del espectáculo montado por Carmen Aristegui, la comediante utilizó la plataforma de Aristegui para inventarse como víctima, en un acto deplorable banalizó el dolor, la angustia, de las verdaderas víctimas, con tal de convertirse en portavoza (así lo dijo ella) del movimiento; ya anteriormente Niño de Rivera había empleado tácticas semejantes, sacando jugo a sus berrinches con otros entrevistadores para sumar seguidores, su “testimonio” para #MeTooMx coincide con la salida de se segundo especial en Netflix, así, ¿coincidencia?, no; resultado de la penosa actuación de la comediante se dio un desencuentro entre Ricardo Rocha y Carmen Aristegui, pero, como no se puede hablar en contra de la periodista, se dejó pasar cómo la conductora trivializó las preguntas y el reclamo que le hiciera Ricardo Rocha.

¿Hace cuánto tiempo ocurrió este penoso episodio en que el llamado periodismo serio se transformó en el peor periodismo de espectáculo? No importa, tarde o temprano se repetirá, porque más allá de que no se discutiera el rigor periodístico con que Aristegui presentó la información, lo más grave es que nada de lo que estuvo en los medios, en las defensas airadas o los trolleos ridículos, beneficia a las víctimas.

Sé que suena a discurso de político en campaña, pero en México, siete de cada diez mujeres son víctimas de violencia, ¿en qué ha beneficiado a estas víctimas la estúpida discusión sobre el show de Aristegui?, ¿se ha abierto la discusión sobre el derecho de las víctimas a no denunciar y la necesaria construcción de un aparato de apoyo a ellas que por miles de razones prefieren guardar silencio?, ¿hay más ministerios públicos especializados?, ¿se hace cumplir la ley que establece que el Estado es responsable de brindar una vida libre de violencia a las mujeres?

No, no y no. En cambio, gracias a la irresponsabilidad de la comentocracia, de los influencers, ahora el mundo (al menos en redes) se divide en aliados, falsos feministas, bad onvres y todos los villanos que no mostraron de inmediato su apoyo y fe ciega a las “víctimas”, a esas víctimas que merecen las comillas.

Coda. En un afán de mostrar la irresponsabilidad de los medios, la displicencia con que se abonan “argumentos” basura para el linchamiento mediático, podría haber titulado este texto de una manera más vistosa, como hacen los editores de las entrevistas a Javier Marías, Camille Paglia o tantos otros, cabezas que descontextualizan una declaración y convierten la lectura en un reto, un escupitajo: “Sin el hombre, la mujer nunca hubiera salido de la cueva” o distribuir en redes un artículo indicando: “Dar crédito a las víctimas por el hecho de presentarse como tales es abrir la puerta a las venganzas, las calumnias y los ajustes de cuentas”… Lo hubiera titulado La basura feminista o La hoguera de la ideología de género, pero no tengo ganas, sé que quien quiera establecer un diálogo llegará a esta línea, tengo esa certeza, la misma que me lleva a pensar que por el simple hecho de ser hombre, editor y heterosexual, de antemano estoy descalificado por el tribunal de imbéciles que en las redes gozan de la descalificación al otro. Y ya.

 

@aldan

 

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Edilberto Aldán

Edilberto Aldán

Director editorial de La Jornada Aguascalientes
@aldan

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