Opinión

Visiones feministas sobre las ciudades / Un cuarto propio

 

 

“La frase ‘el lugar de la mujer es el hogar’ ha sido uno de los principios

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más importantes del diseño arquitectónico y del planeamiento urbano.

Un principio más bien implícito que explícito para las profesiones

relacionadas con el diseño, conservadoras y dominantemente masculinas,

que no es posible encontrar escrito en mayúsculas

en los libros de texto dedicados a la utilización del suelo”

¿Cómo sería una ciudad no sexista? Especulaciones sobre vivienda, diseño urbano y empleo.

Dolores Hayden, feminista y arquitecta

 

El debate y las propuestas que se han venido generando sobre la planeación y la movilidad de ciudades con una perspectiva de género ha levantado sin duda hace varios años la discusión sobre los pensamientos concretos más allá de los simbólico del dominio masculino en los espacios físicos comunes y privados.

Las ciudades, municipios o comunidades sin importar la cercanía o distancia de las grandes metrópolis mantienen una idea sexista sobre la construcción y específicamente sobre las imágenes, espacios y objetos pensados para la construcción de las más avanzadas o precarias zonas comerciales, culturales, políticas, económicas o de vivienda en el mundo.

La idea de modernidad, turismo, cultura, vida nocturna, transporte urbano, taxis, anuncios espectaculares en las ciudades, comunidades o carreteras y en si la publicidad que responde a esta idea es profundamente cosificadora de las mujeres. La idea fijamente de lo femenino, heterosexual y servicial.

Basta salir en este momento y recorrer caminando alrededor de su vivienda, observe los anuncios espectaculares, los promocionales de negocios, las campañas políticas, las imágenes de gobiernos locales y nacionales. La ausencia de las mujeres como sujetas políticas es evidente, dolorosamente inexistente. Si acaso la ve mencionada será bajo estas ideas sexistas.

Como señala Raquel Pelta, historiadora del diseño, quien reseña a otras feministas en tanto que la arquitectura y el ambiente construido influye en la identidad de género y cómo los arquitectos han entendido el cuerpo femenino y la sexualidad en relación con el espacio y el lugar. Susana Torre ha trabajado sobre arquetipos simbólicos en el diseño arquitectónico contrastándolos y observando cómo se corresponden con las ideas definidas culturalmente de masculinidad y feminidad y cómo se relacionan con las ideas de orden y desorden, interior y exterior, público y privado, percibidas como polaridades irreconciliables. (Feminismo: una contribución crítica al diseño, por Raquel Pelta)

Mientras las ciudades, las municipalidades o comunidades mantengan esta idea patriarcal de mundo, los miles de toneladas de concreto y alumbrados y transportes no reflejaran nada en términos de acceso y derechos de las mujeres a sociedades democráticas y libres de violencia, mucho menos a un mundo libre.

Esos “avances” serán la simulación y la idea masculinista que mantiene maquillado el progreso y el desarrollo porque al centro de esas ciudades pero también en la periferia, en los lugares más accesibles y en los más inhóspitos se reciclan las historias de mujeres explotadas por el trabajo sexual, de mujeres víctimas de la trata de personas, de prostitución de niñas y niños, de la exclusión y el racismo hacías las mujeres migrantes, indígenas y campesinas.

Porque es desde esta idea afirmada una y otra vez sobre el ser mujer y ser hombre lo que han estado omitiendo los gobiernos y la sociedad local o nacional. Los gobiernos porque tienen la oportunidad y el poder de prohibir y sancionar el sexismo en los espacios públicos sin embargo olvidan esta responsabilidad. Y la sociedad, la familia que perpetúa el sexismo, la división sexual del trabajo doméstico, la violencia dentro de la misma familia quien también cómodamente permite y solapa la condena que se hace a millones de niñas y mujeres a vivir en la exclusión. Así es como hoy en día están compuestas las ciudades, las municipalidades, las zonas rurales, la prueba es que en cualquiera de estos mencionados lugares tienen vergonzosamente casos de feminicidio. ¿Qué otro reflejo certero puede haber para mostrarnos dónde estamos las mujeres en la idea de mundo que han construido los gobiernos y las sociedades?

No importa si las mujeres vivimos en tal o cual continente, en los países que simuladamente se creen de primera y los que crudamente nos sabemos en tercera clase, para las mujeres el feminicidio, la explotación, la violencia, la persecución, el destierro, es lo mismo. Como dijo Monique Wittig las mujeres extremadamente visibles como seres sexuales, permanecen invisibles como seres sociales.

Si verdaderamente queremos repensar las ciudades desde los derechos de las mujeres el compromiso de los gobiernos debe ser ineludible y concreto necesita prohibir el sexismo en todo aquel espacio urbano o rural en el que tenga jurisdicción, romper esta falsa idea de que lo público es distinto a lo privado, porque ambos ámbitos son políticos, no puede abanderar la idea de la noviolencia para las mujeres sin reconocer la que ejerce sobre las mismas.

La discusión sobre los espacios públicos, la planeación y movilidad únicamente sirve si se replantea y contiene la visión de las mujeres como sujetas políticas, si logra la armonía y congruencia entre lo público y lo privado y finalmente si los gobiernos están dispuestos a reconocer que en buena medida han formado parte silenciosa de la violencia de género que se esconde bajo su discurso sexista de obra pública y presupuesto que hoy tiene a las ciudades como crujías inhabitables para las mujeres.

 

@Chuytinoco

 

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Chuy Tinoco

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