Opinión

Billions es dinero viejo contra dinero nuevo / Bocadillo

Ya están dando Billions de nuevo. La tercera temporada de lo que inició como una serie regular en un HBO de segunda (Showtime) ha madurado en el mejor programa del género hombres-complicados de lo que va del 2018. En México, Netflix lo está publicando cada viernes, con cinco días de retraso a su emisión en estados. El fondo del show es dinero viejo contra dinero nuevo en una trama que se puede resumir como Paul Giamatti contra el de la trompita de Homeland.

Algo delicioso de Billions es que realmente no hay un villano. O todos lo son. Giamatti interpreta al fiscal del Distrito Sur de Nueva York. Chuck Rhodes es un tipo que nació para el poder, en medio del poder y es más, el mero esperma del que surgió ya era poder. Hijo de un millonario de antaño y asquerosamente bien conectado gracias a su educación de lujo, representa lo peor del privilegio en la [en teoría] honorable figura de un servidor público que dejó la lucrativa práctica privada para perseguir un bien mayor.

Damian Lewis la hace de Bobby Axelrod, un billonario que administra un fondo de inversiones. Es vulgarmente bueno en su trabajo, en el cual básicamente no deja algún legado ni construye algo, sólo utiliza a la gente para su beneficio y el de su firma. La diferencia con Chuck, y con lo que podría ser una especie de proxy de la audiencia, es que Bobby vino de abajo. Es de clase obrera, pues. Logró una posición en Wall Street y fue ascendiendo, no de maner disímil a Charlie Sheen en esa película o al mismo Lobo de Wall Street. El 11 de septiembre iba ser despedido del fondo en el que laboraba pero todos sus socios murieron en los ataques al WTC.

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Wendy, la esposa de Chuck es algo así como la mejor amiga de Axelrod y la performance coach de la firma de inversiones. El guión nos pide un enorme salto de fe para pensar que la mujer a una década de casada no ha decidido entre su carrera o la incomodidad que eso le provoca a su matrimonio. ¿Por qué? Chuck ha decidido llevar a Axelrod a prisión debido a prácticas de insider trading en su firma. Atrapar a un billonario, razona Chuck, le ayudará en su carrera política. Quiere ser gobernador de Nueva York.

Más que una trama telenovelesca, porque Wendy tiene un código moral estoico y no traiciona a alguno (cosa que me parece poco creíble), la serie se torna en un ensayo sobre lo asqueroso que es el exceso de poder y dinero. Chuck, quien debería ser el héroe ya que es el fiscal de Estados Unidos, es un hombre de moral dudosa y que abusa de su cargo para venganzas personales. A pesar de eso, por ser de apellido y dinero viejo, nunca es peor visto que Axelrod.

El billonario Axelrod conoce a golpes que el dinero no lo es todo, ya que ciertas cosas (su nombre en una biblioteca, un equipo de la NFL) sólo es posible con el dinero viejo que otorga el apellido, a pesar de que él tiene una cuenta más abultada. Por supuesto, muchas de sus escenas son una especie de pornografía de no saber qué hacer con tanto dinero, al estilo de Wolf of Wall Street.

Dos temporadas completas y los siete capítulos de la tercer ya están disponibles en Netflix.

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Francisco Trejo Corona

Francisco Trejo Corona

Todas-las-cosas-digital en La Jornada Aguascalientes. Editor de /AUTONOMÍA. || @masterq en Twitter

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