Opinión

De la sinvergüenza al orgullo (Parte 1)* / Un cuarto propio

Fue aquel 24 de agosto mientras cenaba en casa de mi mamá en el Estado de México que mirábamos la TV, para entonces yo ya era bastante sinvergüenza, no llegaba a casa por días, comenzaba a tener más de una novia, mi círculo principal eran principalmente lesbianas feministas, casi no tenía contacto con homosexuales, bisexuales y personas trans, mi bella isla estaba habitada por lesbianas organizadas en círculos de arte, grupos de estudio político, de acción política, formación lesbofeminista, autodefensa, poliamorosos y hasta comunas para lesbianas de la tercera edad, desde luego que entonces yo no tenía tan organizado todo este panorama, eso ha venido con el tiempo y el trabajo hecho para reconstruir la memoria histórica personal y colectiva de mi activismo social y mi feminismo.

En aquel entonces una amiga muy querida, fundadora del primer grupo de lesbianas en México, me invitó a una reunión con un grupo donde habría hombres gay de ideología socialista y fue ahí que conocí a César Velázquez, quien había crecido en Irapuato lugar de donde saldría huyendo debido a los frecuentes eventos de homofobia que lo acosaban tirándole piedras mientras lo correteaban para echarlo del pueblo por ser homosexual, pero sobre todo por ser afeminado, desde entonces, según el mismo César me contaba, había logrado entender las distintas opresiones que vivía la gente de los lugares más excluidos era por eso que él había militado por muchos años en el movimiento campesino, luego se incorporó a la causa magisterial a la liberación de los presos políticos e incluso realizaba huelgas de hambre como acción directa contra la injusticia y por solidaridad, un gran activista social, consecuente consigo mismo, pues viniendo de una comunidad de Irapuato siempre tenía presente pese a los muchos años que llevaba viviendo en la ahora Ciudad de México, que fuera de la selva de concreto la realidad era muy pero muy distinta, así fue que en la última etapa de su vida se sumó a la causa zapatista, a la par llevaba su proyecto político que por años había desarrollado, lograr consensuar el Plan Nacional de Orgullo LGBTTTI Mexicano, para lo que recorrió casi todos los estados de la República Mexicana organizando comités e impulsando colectividades nuevas que llevaran a cabo la agenda de orgullo y dignidad.

Bueno, el encuentro con César Velázquez entonces integrante del PRT (Partido Revolucionario de las Trabajadoras y Trabajadores) entonces era una organización de izquierda muy cercana al feminismo me adentró en otras luchas feministas y fue ahí que César me presentó nada más y nada menos que a Nellys Palomo, feminista colombiana integrante de la organización de mujeres artesanas de Chiapas  K´inal Antsetik y directora de la revista Cuadernos Feministas y de varias iniciativas muy importantes para el feminismo de aquellos años, desde luego autora junto con Sara Lovera del libro Las Alzadas, la historia de la participación de las mujeres en el levantamiento zapatista. Nellys falleció en la Ciudad de México en junio de 2009 y mi relación con César fue más cercana que nunca.

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Para él ya había pasado el tiempo de organizar concursos de Miss gay, César había nacido en 1960, así que le había tocado un tiempo de mucha organización y participación social, su propio contexto lo había llevado a tener una conciencia que debo admitir, hasta la fecha muy pero muy pocos homosexuales tienen, la conciencia de clase, pero César la respiraba a cada paso, así que con ese personaje que algunos años antes, en su juventud, había sido bailarín en patines de artistas famosas como Yuri, salí por meses a recorrer el país para formar los famosos comités de orgullo LGBTTTI

A César lo conocían en el ambiente gay por su caracterización de Raquel Olmedo y su magnífica interpretación de la canción “es mi vida”: Tengo tanto amor que dar y te quiero regalar mi vida, no tendré que recordar el infierno cruel que fue mi vida, un juguete del amor eso siempre he sido yo en la vida, pero eso se acabó ahora sí sé quién soy yo en la vida. Es mi vida, si bien o mal la he vivido esta es mi forma de ser de sentir soy así, es mi vida no me arrepiento de nada aún tengo mucho por vivir, por vivir, por vivir. 

Se prendían las luces ya se había ido toda la gente, menos él que permanecía recargado en la barra con su trago ya sin hielos, sudado por completo debatiendo, convenciendo o sencillamente contando la historia de aquella noche de 1901 y la historia de los 41, el inicio de Los Contemporáneos, revista que inició en 1928 donde Salvador Novo, Javier Villaurrutia, Jaime Torres Bodet, Javier Pellicer, Jaime Sabines y varios más que aunque sólo duró tres años, contó con aquellas plumas de escritores abiertamente homosexuales y otros que no, pero de todas maneras el escándalo los había alcanzado, desde entonces comenzaba a desenrollar la historia de la liberación de lesbianas y homosexuales y su inevitable relación con la lucha de clases.

Después de aquellos días de viajes frecuentes por los distintos estados Veracruz, Tabasco, Chiapas, Oaxaca, Puebla, Morelos, San Luis Potosí, Guadalajara, León, Querétaro, Tijuana, Baja California, al fin llegamos a nuestras respectivas casas y fue aquella noche en la que inicié contándoles, cuando miraba la TV y el canal 2 apareció la cara de Eleazar Bañuelos, corresponsal de Televisa en Aguascalientes, dando a conocer la nota aquel 24 de agosto donde en un balneario llamado Ojocaliente se mostraba un letrero que textualmente prohibía la entrada a perros y homosexuales, acompañado de aquellas declaraciones vergonzosas del funcionario Jorge Álvarez Medina que señalaba “lamentablemente esas personas tienen derechos” refiriéndose a homosexuales y rematando con: mientras yo me encuentre a cargo no permitiré el acceso a homosexuales.

Después de aquel golpe a la dignidad, apenas unos minutos habían pasado de la nota cuando sonó el teléfono de mi casa, era César que me decía, oye necesitamos irnos mañana mismo a Aguascalientes y así ocurrió, viajamos al siguiente día, sin conocer a nadie, sin contactarnos con nadie, con algunos nombres de activistas locales, pero con quienes no habíamos logrado comunicarnos.

Y así bajamos del autobús que llegó a la central, con nuestras maletas y una bandera arcoíris que no cabía en el equipaje y recuerdo muy bien las primeras palabras que escuché de un señor que a nuestro paso por la puerta de salida de los andenes dijo: esos maricones son unos sinvergüenza.

 


*Fragmentos del texto: Historia del movimiento LGBTTTI en Aguascalientes en proceso haciendo referencia y dedicados al mes del Orgullo LGBTTTI en Aguascalientes. Chuy Tinoco 2017

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