Política

Demonios azules

¿Cómo está Aguascalientes! Comenzó efusivo Ricardo Anaya su mitin de campaña en el estado sobre un ring. “Mi primerito evento que hicimos en la campaña, el primer evento masivo, con 20 mil personas, no me lo vayan a tomar a mal pero lo hicimos única y exclusivamente con mujeres, ¿quieren que les diga por qué lo hicimos únicamente con mujeres?” –¡Sí! Respondió largo el repleto y caluroso Centro de Convenciones. -Fíjense bien, escuchen bien, ¿cómo están los hombres! –La comitiva masculina comprobó con un grito apagado lo que Anaya quería demostrar. –Ahora escuchen la diferencia ¿Y las mujeres!  Ensordecedor, el grito femenino no defraudó al candidato por la coalición Por México al Frente. Intuían que ahí sí importaba su grito, ahí sí ganarían algo: “por eso aquí en Aguascalientes y en Todo México quienes mandan son las mujeres, ¡arriba las mujeres de Aguascalientes!”.

Para las 5:00 de la tarde, el Centro de Convenciones estaba rodeado por más de 20 camiones que otrora fueron urbanos y ahora, descontinuados y contaminantes, transportaban a los participantes de la “Lucha Sonora de Ricardo Anaya”, como denominaron al mitin, uniformados con gorras, banderitas y playeras, provenientes de colonias de la ciudad, para una vez dentro del recinto ser ubicados en los espacios determinados para ellos. En su mayoría mujeres y niños, las personas se apropiaron del espacio a la espera de recibir el tan conocido bono por su participación: tortas y botellas de agua. ¡Bájate o te la quito! Le gritó una mamá a su crío, que subió hasta lo más alto de las gradas para agitar emocionado la bandera con el logo del PAN que momentos antes alguien del staff le entregó. ¡Que te bajes, te digo! Lo cierto es que el niño no bajó, y se le unieron otros más de los que se encontraban perdiendo el tiempo y sin nada en las manos que apaciguara su aburrición. ¿No trae una que sea como mi playera? Es que yo no quiero una anaranjada, solicitó una niña cuando vio la bandera que le ofrecían. De ese color, perteneciente a Movimientos Ciudadano, se movían al viento otras pocas, poquísimas en comparación de las azules. A lo lejos, junto a la breve mancha amarilla del PRD, otra bandera muy prontamente ondeó, pero esta arcoíris, y lo hizo con más fuerza cuando el candidato ofrecía sus compromisos de campaña para con el estado. No les valió el esfuerzo. Ninguna mención a sus colores. Pero también brillaron varias pancartas: Mujeres con Anaya; Mujeres de San José de Gracia con Anaya. Arriba las mujeres de Aguascalientes. Jóvenes, abuelas, madres algunas o cuidadoras de niñas, niños y bebés que devoraban el comestible ofrecido por ese Staff, engrandecidas todas al sentirse las protagonistas en el convite, líderes de colonias que esperan recompensa por semejante poder de convocatoria y participación, esperaban atentas al inicio de la lucha libre en pantalla.

Pero muchas tuvieron que moverse de lugar: “Es que van a poner a esos que porque sí son del PAN”, dijo una señora cuando les pidieron que se fueran a las gradas, niños, bolsas y banderitas juntas, porque los jóvenes del PAN hicieron arribo al Centro y necesitaban colocarlos cerca de su candidato. “Ahí vamos para arriba a ver dónde hallamos lugar, no se vale, si nosotras llegamos primero y aquí está más cerca”.

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Las escenificaciones cargadas de dramatismo entre las fuerzas del bien y del mal, máscara contra cabellera, el mito de la lucha libre, de su valor, técnica y arrojo, no participó del espectáculo, del bullicio que rompe con las aburridas tardes de domingo. Atrás quedaron los golpes y los lances desde la tercera cuerda. Ahora los luchadores prefirieron los bailes “eróticos” hacia el público. Uno de ellos, El Elegido, subió al cuadrilátero a unas panistas para danzarles un poco, “ya suéltalo, te lo vas a acabar”, gritaba la gente, mientras Rey Escorpión le daba con los puños en el pecho, a lo que el otro contestaba con un contoneo para bajarse el calzoncillo, mientras el hijo de L.A. Park utilizaba las esquinas del ring como tubo teibolero, con movimientos que pretendían desbordar sensualidad y guasa, ante el griterío del foro. En cada caída, subía “el atractivo visual” diría el del micrófono, edecanes vestidas con un entallado vestido negro y altos tacones.

A ese ring subió Ricardo Anaya con un foro pintado de azul: “En ese primer evento –retomó después del griterío femenino- lanzamos la campaña #Noesnormal, porque hoy están pasando cosas que nos obligan a levantar la voz, no es normal que siete de cada 10 mujeres hayan sufrido algún tipo de violencia, no es normal que hoy en nuestro país, por hacer el mismo trabajo y con la misma capacitación, a las mujeres se les está pagando 30% menos que a los hombres. Yo vengo a Aguascalientes a hacer un compromiso con las mujeres. Cuando yo sea presidente de México eso se va a acabar, vamos a hacer valer lo que dice la Ley Federal del Trabajo, a trabajo igual, salario igual y ¡arriba las mujeres de Aguascalientes!”.

Rodeado por militantes, se dijo orgulloso de los gobiernos de la entidad, del trabajo de la alcaldesa María Teresa Jiménez, del gobernador Martín Orozco, de la fuerza del PAN -Y la cosa suena ¡PAN! Votemos por el PAN, PAN, PAN, sonaba de fondo en el Centro de Convenciones- en Aguascalientes. Anaya enumeró a cada uno de los candidatos a senadores, diputados federales y locales. Entre ellos, y junto a los invitados de honor, departían pocas mujeres, las candidatas Martha González y Martha Márquez, para meros fines prácticos, las esposas del gobernador y del candidato presidencial, así como Teresa Jiménez y Angélica de la Peña. Promesas de igualdad, habría dicho el candidato.

Una vez terminado el discurso de Ricardo Anaya, la función de los jóvenes del PAN continuó sin descanso con la batucada, el confeti, el agitar las banderas, no muy distinto de lo que hacían las mujeres que fueron removidas del lugar, aunque éstas con menos presupuesto. También continuó la lucha libre. Pero antes de iniciar, Blue Demon pidió corear el nombre del presidenciable: ¡Anaya, Anaya, Anaya! Muchas gracias por la invitación, candidato, y Anaya se acercó al cuadrilátero a estrecharle la mano. Muchas gracias, de veras, y entregó el micrófono a Cibernético, que lo llamó barbero, arrastrado, le hizo mofa, reivindicó su nombre de rudo al llamarlo vendido, y la gente lo abucheó, apoyaba a ese técnico agradecido, un demonio azul que se encontraba contento por participar de esa gala, por acuerpar al candidato, participar en la escenificación, en el mito, en las tortas y el agua, en el agitar de banderas, ahí sí importaban sus gritos, por fin alguien los escuchaba, agradecidos todos, por romper el aburrimiento de cualquier colonia de la ciudad, al menos una tarde de domingo, entre demonios azules.

@taniamagallanes

 

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Tania Magallanes

Tania Magallanes

Tania Magallanes Díaz. Jefa de Redacción de LJA. Arma su columna Tres guineas. Fervorosa de lo mundano. Feminista.

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