Opinión

El Bato / Yerbamala

Javier Arturo Valdez Cárdenas posteó en Twitter el 25 de marzo de 2017 desde su natal Culiacán: “A Miroslava la mataron por lengua larga. Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno. No al silencio.” 53 días después fue asesinado impunemente. Transcurrido un año desde entonces, es el trágico ejemplo emblemático del fracaso del Estado mexicano para garantizar la vida de las y los periodistas en el ejercicio de su labor. En este contexto, la obra de Javier Valdez y su compromiso con la verdad y las víctimas de la violencia es vital para lograr la transformación de México. Algunos de sus libros indispensables: Miss Narco, (después hecha película) Narcoperiodismo (Aguilar), Levantones. Historias reales de desaparecidos y víctimas del narco (Aguilar), Los morros del narco (Aguilar), y claro: Malayerba (Jus).

 

El país más peligroso

El país más peligroso del mundo para hacer periodismo no es Siria o Afganistán, ambos envueltos en cruentas invasiones y guerras civiles que parecen no tener fin. Tampoco la demonizada Venezuela, con su crisis social y de inseguridad pública. Lo cierto es que en un contexto general de impunidad en los delitos y violaciones a derechos humanos cometidos contra las y los periodistas, solo durante el actual sexenio se cuentan casi dos mil agresiones contra informadores, de las cuales al menos 42 son asesinatos (Artículo 19). Así las cosas, En su visita conjunta a México (27 de noviembre-04 de diciembre de 2017), los Relatores Especiales para la Libertad de Expresión de la ONU y la CIDH corroboraron de primera mano el fracaso de la estrategia de protección para los periodistas y de la falta de garantía de verdad, justicia y reparación integral para las víctimas y sus deudos. Aquí sus conclusiones preliminares: (https://bit.ly/2jV9Gw8 ).

 

Bestialidades y trumpadas

Transcurrido ya más de un año desde que el señor del peluquín amarillo o anaranjado, según el mes, asumió la presidencia de su país, no rebaja el tono de la retórica demagógica e incendiaria que suele usar para intimidar a propios y extraños, que ha ido subiendo hasta llegar a decir en días pasados que los migrantes indocumentados son “animales”. Esa insidia xenófoba es justo la que en muchos países del mundo e incluso en los propios Estados Unidos es constitutiva de los llamados “crímenes” o “delitos de odio”, a saber: “cualquier infracción penal, incluyendo infracciones contra las personas o las propiedades, donde la víctima, el local o el objetivo de la infracción se elija por su, real o percibida, conexión, simpatía, filiación, apoyo o pertenencia a un grupo como los definidos en la parte B; (B) Un grupo debe estar basado en una característica común de sus miembros, como su raza real o perceptiva, el origen nacional o étnico, el lenguaje, el color, la religión, el sexo, la edad, la discapacidad intelectual o física, la orientación sexual u otro factor similar.” (OSCE, 2003). De manera que a nuestro gobierno, genuflexo y medroso donde los haya, tocaría dejar de envolverse en la bandera del discurso hueco que le caracteriza, y pasar de las palabras a los hechos contantes y sonantes, porque pese a todas las concesiones hechas, ni hay respeto, ni hay tratado ni hay la obsecuencia y complicidad buscadas desde que en un servil ataque de idiocia, los iluminados jerarcas de Atlacomulco invitaron al señor del peluquín a venir a los Pinos cuando apenas era candidato.

Y aunque el del peluquín de momento se vio forzado a retractarse parcialmente ante la andanada de críticas por sus groseros exabruptos racistas, diciendo que solo se refiere como “animales” a los pandilleros de la MS 13 (Mara Salvatrucha), también lo es que dijo enseguida que seguirá usando ese lenguaje grotesco cuando le venga en gana.

Pero el hecho es que la población llamada “hispana” por la oficina del censo en ese país, alcanzó en 2016 los 57.5 millones, 37 de los cuales son estadounidenses de nacimiento, según un estudio divulgado por el Centro Pew. De esos 57.5 millones de hispanos, 35.7 son de origen mexicano, más otros 3.4 millones de centroamericanos (2015). Y el problema es que ese tipo de declaraciones públicas del citado señor del peluquín instigan a la violencia, el racismo y la discriminación contra los millones de migrantes mexicanos y centroamericanos en ese país.

Luego, no parece buena idea seguir tan prudentes y genuflexos como hasta ahora. Así que por principio de cuentas el gobierno mexicano debería cesar inmediatamente la cooperación con ese gobierno hostil y prepotente en todo tipo de temas sensibles para los gringos, dada una relación tan compleja e interconectada como la existente entre ambos países. Se puede empezar, por ejemplo, por hacer un efectivo control, que no se hace, de la frontera norte a todo lo viene, persona o cosa, de Estados Unidos. Se puede también llamar a un debate en el Consejo de Seguridad de la ONU a propósito del discurso racista y de odio del presidente norteamericano, así como llamar a consultas indefinidas al embajador de México en Washington. Tampoco sería inconveniente, visto lo visto, suspender de inmediato la renegociación del Tratado de Libre Comercio para el año que viene. Más cosas: ¿alguien podría reprochar a México el exigir en justa reciprocidad un visado pagado y una entrevista consular previa a todo gringo que quiera visitar o vivir en México? O qué tal si por un elemental principio de congruencia humanitaria facilitamos la vida, documentamos y protegemos en vez de perseguir, discriminar, robar, masacrar o deportar al enorme éxodo centroamericano que cruza todos los días México en camino a Estados Unidos huyendo de la pobreza y la violencia en sus países, que no solo es un grave tema de Derechos Humanos para México, sino cada vez más un tema de política internacional. Seguramente llegarían muchos más centroamericanos a la frontera con Estados Unidos, lo quieran o no los gringos. Y si no le gusta al señor del peluquín, peor para él. Solo en el año fiscal 2016, el Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos interceptó cerca de 46.900 niños no acompañados y más de 70.400 unidades familiares de El Salvador, Guatemala y Honduras en la frontera entre Estados Unidos y México. Otra medida que puede ser eficaz sería, por ejemplo, suspender toda cooperación en inteligencia e intercambio de información, así como la expulsión de todos los agentes del ICE, la DEA y las otras agencias federales que están en México con la inexplicable anuencia del gobierno mexicano.

Desde luego que hay muchas otras medidas y contramedidas que se pueden usar desde la firmeza contra el chantaje gringo en la defensa del interés nacional mexicano, pero para eso se necesita valores cívicos que nuestra clase política responsable no conoce ni de lejos. Tarea ardua sin duda tendrá “ya sabes quién” si las encuestas aciertan, la de lidiar con el señor del peluquín. Por eso en México necesitamos un gobierno fuerte y legitimado para enfrentar la adversidad.

COLA. Deshojando la margarita: dice doña Margarita Zavala de Calderón que deja la contienda por la presidencia de la república por un principio de “honestidad política”, pero el problema es que hablamos de la misma Margarita que pervirtiendo todos los principios constitucionales que rigen las elecciones, presentó miles de fotocopias y firmas falsas, luego bendecidas por el INE, para obtener su candidatura sin partido, que no independiente. Y es esa misma Margarita la que la Fepade debería investigar y en su caso consignar por la maquinación fraudulenta que la hizo candidata. Eso sí: renunciando, logró la atención mediática que jamás obtuvo como candidata. Sea como sea, dicen las encuestadoras que su intención de voto era tan pobre que nada afectará a los resultados de la contienda electoral. Pero Margarita ya heredó en vida sus muy escasos votos “sin partido” a los partidos. Sus fotocopias y firmas van para Lorenzo, el poco o nada confiable presidente del INE.

@efpasillas

 


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Enrique F. Pasillas

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