Opinión

El caos que viene / Memoria de espejos rotos

 

Breakfast where the news is read,

television children fed,

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unborn living, living, dead,

bullet strikes the helmet’s head.

And it’s all over for the unknown soldier…

Unknown soldier. The Doors

 

El pasado lunes ocurrió una balacera en Guadalajara. Presumiblemente, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) pretendía asesinar al ex fiscal estatal, y actual secretario del trabajo, Luis Carlos Nájera. No lo consiguieron, pero dejaron a su paso muertos, heridos, caos y ruptura de la paz social.

El CJNG ha crecido en territorio de influencia, en poder de fuego, en diversificación de su actividad ilícita, y en su capacidad de compra o coacción de las autoridades, durante el tiempo que lleva el sexenio de Enrique Peña Nieto. Este crecimiento ha sido proporcional al debilitamiento de otras organizaciones criminales, como el Cártel del Golfo, los grupos de Michoacán y Guerrero, o la Unión Tepito, por poner ejemplos, pero también ha colaborado a su crecimiento el fenómeno del huachicol; pero -sobre todo- el CJNG ha crecido gracias a las fallas del Estado, reflejadas en la corrupción, la impunidad, la fragilidad del estado de derecho, y la incapacidad de la autoridad para cerrar la pinza de la inteligencia policiaca, el ataque financiero al cártel, la operación táctica, y la política de prevención.

El cambio de autoridades federales supone un riesgo, un reacomodo en las estructuras de poder y su relación con los cárteles. Ante este cambio riesgoso caben dos escenarios: o el crimen se impondrá al Estado, o el Estado se impondrá al crimen. Sin embargo, las menguadas propuestas sobre seguridad que tienen las fuerzas políticas con más posibilidades de llegar a la presidencia, y el extravío de las propuestas legislativas de las mismas fuerzas políticas, nos deja en una situación que avizora la indefensión no sólo de la ciudadanía, sino de las propias fuerzas del Estado. La Ley de Seguridad Interior está desdentada y ambigua, los recursos humanos de las policías están desgastados y desmotivados, su equipamiento suele ser menor al de los criminales, y los tentáculos de los cárteles parecen abrazarlo todo.

Ante un panorama así, deberíamos urgir, como electores, a que los candidatos asuman posiciones más claras y definidas, con marcos de acción más detallados y mesurables, con enfoques que ataquen el problema, pero que también lo prevean y lo erradiquen. Sin embargo, estamos en el marasmo de los memes, de las fake news, de los dimes y diretes y las ocurrencias. Pasó la balacera en Guadalajara y no hubo pronunciamientos contundentes por parte ni de los candidatos ni de los partidos, y nosotros archivamos la información en el cajón atiborrado de recortes de nota roja.

Lo de Guadalajara es sólo un anticipo sobre lo que puede ocurrir una vez que se renueve el poder federal y los criminales quieran cifrar su poderío para afianzar sus posiciones, y no parece que a nadie le asuste ese panorama. Visto así, importa poco quién llegue a la presidencia, si de cualquier forma a los corporativos del narco se les va a dejar operar más o menos como hasta ahora, porque lo que nos han prometido los candidatos, o es irrealizable, o es contraproducente, o es muy poco distinto a la política de seguridad que hemos llevado desde el sexenio de Felipe Calderón.

Como fuese, las víctimas seguiremos siendo nosotros.

 

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Alan Santacruz Farfán

Alan Santacruz Farfán

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