Opinión

El debate para fortalecer la democracia / Matices

Raúl Trejo Delarbre escribió hace unos meses que: “El debate es una expresión elemental de la deliberación y supone la exposición de opiniones diferentes acerca de un tema. Si queremos tener una democracia de contenidos (es decir, sustentada en principios, resultado de la diversidad y promotora de derechos) no hay más vía que el intercambio de opiniones para la construcción de acuerdos.”

En un libro que no he leído ni la mitad, pero que he encontrado reflexiones muy pertinentes, Juan Carlos Monedero escribió que “no hay democracia sin diálogo permanente” y que “la política se trata de un asunto colectivo que reclama diálogo y requiere compromiso”.

Una característica principal de la democracia es ese, el de dialogar y deliberar; la manera más oficial de hacerlo es mediante el debate, en nuestra democracia pensamos en debate cada tres o seis años y no de manera permanente. Pensamos en debates entre candidatos y no a debates formales entre nosotros; nuestra cultura de debate está en pañales, sí, pero ya estamos aprendiendo a dejarlos.

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Hace 6 años todas las voces reclamaban por más y mejores debates, todas las voces menos esos a los que Monedero llama “canallas”, que quieren que la ciudadanía se aleje de la política, para ellos los debates acartonados y aburridos son los ideales para desincentivar la participación y que el gatopardismo se vea presente en cada elección.

Esa es una de las causas del #YoSoy132, además de muchas otras: la de más y mejores debates, tan es así, que ellos mismos organizaron y convocaron a un diálogo con los candidatos. Hoy, 6 años después, hay algunos despertares sobre nuestra cultura del debate pero sobre todo sobre nuestra democracia.

Los analistas políticos, la comentocracia y los expertos en comunicación política no se cansan de repetir que los debates no mueven preferencias electorales, si acaso algunos afirman que sólo 3 puntos porcentuales, como si eso fuera una ley, como si la sociedad política se comportara como las matemáticas; además cediendo a sus argumentos, eso significa que con los tres debates la preferencia puede moverse 9 puntos electorales, lo que me parece una tendencia considerable.

Sin embargo, desde mi punto de vista, los debates sí pueden mover las preferencias electorales; mediante el ecosistema mediático y el tono de las con versaciones; para muestra el post debate del primer ejercicio y seguramente del segundo también será así; el debate marcó la agenda estas últimas semanas: amnistía, mocha manos y departamentos; el debate sí cambió el tono mediático y el de las discusiones, complicó el terreno que parecía allanado para un candidato y planteó de manera evidente que la contienda será de dos candidatos.

Los debates, como los plantea el INE, con nuevos formatos, dándole el papel protagonista a los moderadores, cuestionando a los candidatos y pidiendo claridad en propuestas sí pueden modificar preferencias, sí puede evidenciar la capacidad de conducir un gobierno y la capacidad de operar ideas y propuestas. Por eso, el reconocimiento al INE por impulsar más y mejores debates.

Esos modelos se tienen que replicar en el ámbito local, la Ciudad de México y Jalisco han puesto el ejemplo, en congruencia a su caldo de cultivo para una cultura democrática madura han promovido y promoverán ejercicios de debate con formatos innovadores que evidencien la inexperiencia de algunos candidatos y la claridad y capacidad de otros.

Los debates televisados en las cadenas nacionales sí pueden tener un impacto fundamental en nuestra cultura del debate; con los modelos anteriores, ese tipo de ejercicios verticales, acartonados y sin confrontación se repetían en escuelas, universidades y foros académicos; con estos nuevos ejercicios y formatos se espera que los debates en esos espacios culturales también se modifiquen por formatos más atractivos.

Sin duda, el impacto de los debates ha sido subestimado en nuestro país, eso es una muestra más de nuestra deficiente cultura del debate, entre ciudadanos, medios y los propios candidatos; quienes en más de alguna ocasión no han sabido utilizar el formato que propone la autoridad electoral de manera eficiente para que el espacio sea aprovechado como un verdadero ejercicio de diálogo.

Soy un convencido de que estos ejercicios sí pueden cambiar las preferencias pero también de que no todo depende de y un formato atractivo, de moderadores capaces y de la inclusión de la participación de los ciudadanos; hay un evidente actor que hace que estos ejercicios sí modifiquen las preferencias o no lo hagan, y son los candidatos. En estos ejercicios se puede vislumbrar cuáles candidatos son más demócratas que otros, por ejemplo, hay dos actitudes para enfrentar los debates cuando se es puntero: una, la de ignorar todos los cuestionamiento y “nadar de muertito”, sin responder ninguna pregunta clara y otra, la de responder a todos los cuestionamientos, dejar claras las dudas y mostrar apertura al diálogo: una es más demócrata que otra.

Por eso, con el debido matiz, los debates sí pueden cambiar preferencias, las autoridades electorales y moderadores han hecho su parte, pidamos a candidatos y partidos políticos, poner sustancia al debate, abordar estos ejercicios con actitudes demócratas y fomentar la cultura del debate, también es su responsabilidad.

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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

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