Opinión

El mal menor / Memoria de espejos rotos

 

I should have seen it coming

It was right behind your eyes

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You were young and it was summer

I just had to take a dive

Winning you was easy

But darkness was the prize…

Darkness. Leonard Cohen

 

La campaña por el cargo de presidente de la República ha desarrollado una clara tendencia: todos los candidatos van a peor. Luego del primer debate en el que se encararon los competidores, el saldo es negativo para todos, incluyendo -desde luego- a los electores. Así, se forma un panorama, en el mejor de los casos, desolador; en éste, se cifra la necesidad de que en la elección salga ungida aquella candidatura que represente el mal menor. En ese sentido, dicho panorama puede establecerse como sigue:

  • De Margarita Zavala poco hay qué decir, si ya venía debilitada antes del debate, su poca articulación discursiva y su extravío narrativo en el encuentro del Palacio de Minería le ponen un claro tope del que difícilmente podrá recomponerse. No coleccionará voto útil, al contrario, el probable éxodo de apoyos que sufra se irán -presumiblemente- a Anaya o al Bronco.
  • De Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, se puede rescatar lo siguiente: sus dislates fueron aplaudidos por un sector de la población que ha sido damnificado de la formación cívica y el fracaso educativo. Proponer en televisión nacional la mutilación a los ladrones y la militarización de la educación media es una desfachatez supina; pero que estas propuestas encuentren eco en sectores de la población debe prender alertas sobre cómo el hartazgo social puede cundir a la mala. Señales como estas sólo hablan de lo mucho que un segmento del electorado vería con buenos ojos el establecimiento de una dictadura, si a cambio de eso se les provee de paz social. Por fortuna, esa candidatura no tiene probabilidades de llegar a la silla presidencial, por desgracia, minará el voto útil en la contienda entre el primer y segundo lugares.
  • De José Antonio Meade, su catástrofe es palpable. Se prevén cambios en su equipo y en su partido. Tanto la candidatura presidencial como las de gubernaturas no se ven nada halagüeñas. Estancado en el tercer lugar, tiene la posibilidad de pactar con alguna de las dos fuerzas punteras a cambio de prebendas extraoficiales para colocar escaños legislativos o cargos locales. Aquí el voto útil se decantará hacia Anaya o hacia AMLO, en dependencia de las negociaciones pequeñas y locales, no las de voto corporativo, y la suma de este voto útil podría cerrar la contienda entre el segundo y el primer lugar.
  • De Ricardo Anaya, a pesar de su buena locución en el debate, no ha podido sacudirse la sombra de la corrupción y el lavado de dinero. Mantiene un segundo lugar con tendencia a subir, pero aún insuficiente para el empate técnico. Sin embargo, su campaña se ha estancado y no ha sabido aprovechar la buena inercia que logró luego del Palacio de Minería. Esta candidatura se prevé como la gran beneficiaria del voto útil y el indeciso; no obstante, las crecientes señales de un pacto abierto con el PRI desilusionarán a un buen segmento del electorado al que ya había podido convencer, y -sobre todo- del votante volátil anti PRI.
  • De AMLO, igual que Anaya, su campaña no ha crecido. El desempeño en el debate fue pobre y desaprovechó grandes oportunidades para contestar con claridad, pero eso parece no haberle hecho mella en sus intenciones de voto. Sin embargo, tampoco ha crecido. El exceso de confianza puede serle costoso, sobre todo cuando cunda el llamado al voto útil en su contra, ahí los números pueden revertirse en su contra. Sus grandes enemigos, más que Anaya o Meade, son sus propios fanáticos, que antes de llegar al poder ya están descompuestos de soberbia, ebrios en un paroxismo triunfalista y autoritario que deja ver la catadura de burocracia probable, de ganar el 1 de julio. Así también, las fake news, como el bulo de la teleserie sobre populismo en Latinoamérica sólo obtendrán tres resultados probables: quitarle un pelo de votantes volátiles poco avispados, sumar votantes volátiles solidarios ante la porquería de campaña sucia, y -a la vez- volver más fieros a sus feligreses.

De este modo, el panorama no es alentador. En esta columna se han ensayado ya algunos escenarios electorales, y hacia el final de la campaña irá el escenario de cierre; sin embargo, no se prevén grandes cambios, a menos que en las semanas que faltan para la elección sucedan hechos drásticos, como fuese, el gran perdedor de la contienda electoral es, penosamente, la ciudadanía, que está expuesta a ser gobernada por un mal, así sea éste el menor de los males.

 

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Alan Santacruz Farfán

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