Opinión

El otro lado de la Feria Nacional de San Marcos 2018 / Alegorías Cotidianas

 

Soy de ese pequeño porcentaje de la población aquicalitense a quien no le gusta la Feria Nacional de San Marcos en ninguna de sus ediciones. Este año, políticamente, me parece que aplica el dicho “al pueblo pan y circo” de hecho me pregunto cuánto fue lo que lo gastado en el Foro de las Estrellas y del Lago, entre otros, pues la cartelera de verdad sorprendió, quizá por eso hubo recorte en algunas dependencias gubernamentales, no lo sé.

En fin, debido a la cartelera caímos en la tentación y fuimos a dos conciertos, uno en el Foro del Lago y el otro afuera del Foro de las Estrellas.

Antes de asistir, leí un comentario en Facebook de un compañero con capacidades diferentes quien hacía referencia que en los conciertos no había espacio destinado para ellos y, sin embargo, sí había una zona VIP, léase en español para gente pudiente y con palanca. Como él es un hombre sensato y gustoso de los conciertos masivos está acostumbrado a que en foros de la Ciudad de México y Guadalajara haya un lugar destinado a ellos, así le pareció una burla que en la feria haya este tipo de trabas para ellos, pues usted y yo podemos apreciar el concierto en las gradas, de pie y movernos si alguien más alto que nosotros nos tapa, pero cuando se usan muletas o bastón es posible permanecer mucho tiempo de pie y en silla de ruedas es imposible ver si no se está cerca del escenario.

En el concierto al que asistí, en el Foro del Lago, pude observar como al menos 5 personas en sillas de ruedas no tenían un espacio predeterminado para ellos y como era lleno total decidieron retirarse, pues entre la multitud es peligroso el que estén estacionados sin una baranda de protección.

Es un descuido del Patronato de la Feria que raya en la inequidad y debido a ello podría recibir quejas en la oficina de Derechos Humanos, pues existe una zona preferencial mas no una para personas con capacidades diferentes quienes tienen derecho de ser incluidos en los espectáculos sin correr riesgo alguno en una Feria incluyente.

Durante la espera del segundo concierto tuve el infortunio de tener que escuchar el espectáculo misógino, soez y vulgar del stand de una Cervecería donde las jovencitas que participan de él son violentadas de una manera terrible.

Bien dicen que lo cotidiano se hace invisible, y eso podemos decir de la violencia de género. Las chicas que suben al escenario para ganarse unas cervezas son manoseadas y denigradas públicamente mientras que los espectadores ríen, al tiempo que el conductor promueve la misoginia al por mayor.

No, no es que uno se quiera poner puritano, sino que no puedo concebir como la violencia es aplaudida y, sobre todo, que las jovencitas desprovistas de amor permitan ser violentadas y exhibidas públicamente de esa manera.

No cabe duda de que, con tantos avances en materia de derechos humanos, el Patronato de la Feria no ponga un alto a estos espectáculos denigrantes y misóginos donde incitan a la violencia de género.

Como mujer, me siento muy decepcionada de que el Patronato de la Feria regule únicamente cuestiones de mayoría de edad y expositores sin que marque una línea a quienes ofrecen espectáculo a público en general. Lo presenciado en ese grandísimo stand, en horario familiar, debe ser regulado como lo son las películas por el contenido subido de tono o violento.

El morbo vende, no cabe duda, y eso es lo que pretende este tipo de espectáculos enajenar y vender, vender, vender, así el público se mantiene cautivo y consume. Así de nociva es en ocasiones la mercadotecnia.

Se trata de que erradiquemos la violencia de género, que el machismo deje de ser un estilo de vida y se convierta en un apartado de un libro de historia donde se comente que México dio un paso en materia de equidad y no que permanezcamos en el mismo sitio por años.

Volviendo a los conciertos de la Feria, que es lo que nos confiere el día de hoy, debo de reconocer que, la gente buena, no es muy limpia que digamos sino todo lo contrario.

Le voy a contar, ya en medio concierto, al querer mover los pies, nos dimos cuenta de que estábamos rodeados de latas y vasos de cerveza de los cuales, ninguno era nuestro. Pude apreciar cómo al chico que estaba delante de nosotros le remordió la conciencia el tirar la lata ya prensada por sus mantas al piso. Debo de reconocer su gesto, intentó que su esposa la guardara en su bolso, mas al darse cuenta de que aún escurría desistió y como todos, lo tiró al piso.

Al término del concierto, donde un poco antes de llegar a su fin hubo una trifulca, nos replegamos cerca de unos pequeños stands a esperar que el gentío bajara para poder escapar del Feria sin apretones, pudimos observar el gran cúmulo de basura que fue arrojada al piso, impresionante, sin olvidar que aún le faltaban muchas horas a la fiesta ese día y probablemente iba a quedar peor.

El problema de tirar las latas prensadas al piso es que en algunas de ellas quedan picos y eso puede provocar una lesión si el calzado no es grueso en su parte inferior, lo mismo al tropezar con un vaso o todo lo que es arrojado por la inconciencia o ecológica o etílica.

Educar a la gente en ese sentido es una verdadera tarea que quizá ni Don Quijote podría con ella pues lo mexicanos, debemos de reconocerlo, somos cabeza dura y en los últimos tiempos nos falta mucha sensibilidad hacia las cuestiones que benefician nuestro entorno.

Por otro lado, un punto a favor es que se ha duplicado el número de condones que ha sido repartido entre los feriantes con el fin de olvidar aquellos rumores sobre el incremento de embarazos después de la Feria, pues si fuera cierto habría muchos Marcos entre las familias aguascalentenses.

Lamentablemente aún quedan días de Feria, tome sus precauciones si va a visitarla y no olvide que lo que no es rumor y si es comprobable es el aumento de los robos y los accidentes viales, por aquello de que el objetivo de muchos es ir a la fiesta sanmarqueña sólo para perder la conciencia y los amantes de lo ajeno tienen a sentirse inatrapables entre el gentío.

 

Laus Deo

@paulanajber

 

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Paula Nájera

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