Opinión

El poeta que surgió del frío / Café Fausto

 

Apenas con 17 años de edad, el poeta chileno Aristóteles España fue detenido por los militares unos días después del golpe militar de su país en 1973, era entonces presidente de la Federación de Estudiantes Secundarios de Magallanes y dirigente regional de la Juventud Socialista. Lo llevaron a una base aérea y de ahí a la isla Dawson en la Patagonia. Durante poco más de un año estuvo preso en ese lugar junto con otros 50 líderes políticos, entre ellos Orlando Letelier, España describió la prisión como un pequeño campo de concentración nazi, en medio de la nieve y el frío, donde fue varias veces torturado.

En ese cautiverio escribió su poemario Dawson, en el que a través de textos con un lenguaje directo y profundo sentido poético describió su pesadilla de la que salió para vivir el exilio y publicar ese libro esa que sería uno de las muchos de su autoría.

Era una mañana fresca de octubre en 2006 cuando lo conocí afuera de la Biblioteca Nacional en Santiago de Chile, yo todavía no rentaba departamento y vivía con la que era mi esposa y mi pequeño hijo en un modesto hotel cerca del cerro Santa Lucía. Aristóteles al que lo contacté gracias a mi amigo, el poeta Eduardo Llanos me recibió con un afectuoso abrazo y un saludo con evidente acento chileno, me invitó a desayunar en un pequeño restaurante muy cerca de la biblioteca donde se burlaba de lo que describía como mi “loca pasión proletaria” y decía en tono de chiste que me la pasaba regalando a todo mundo mis libros de poemas sin fijarme a quién e incluso como propina a las meseras, tenía un agradable sentido del humor.

En esa reunión me contó de su cautiverio en Dawson y de la elaboración de su posterior antología “Poesía Chilena / La Generación NN (1973- 1991)” editado apenas tres años después de la salida de los militares. En esa muestra reunió a los más representativos poetas de su generación nacidos entre 1950 a 1960 y que siendo jóvenes crearon y difundieron su obra desde la disidencia, la cárcel y el exilio durante la dictadura pinochetista. Entre sus antologados estaba su amigo, Roberto Bolaño que entonces vivía en México. Ese libro del que me dio una fotocopia fue fundamental para mi proceso de creación de mi antología “El árbol de los libres. Poetas de la Generación NN de Chile”, publicado en 2008 por Ediciones Arlequín de Jalisco.

Nos volvimos a ver unas tres veces más, siempre amable me invitó a un encuentro de poetas, me presentó a varios escritores expresos políticos y me orientó para visitar varios lugares que fueron centros de detención.

En 2008, entrevistando en Guadalajara para La Jornada Semanal al director de cine Miguel Littin, me comentó que había terminado de filmar “Dawson. Isla 10” un largometraje en el que narra las atrocidades de esa prisión patagónica. Con sorpresa coincidimos en la amistad con Tote España, como cariñosamente le llamábamos, Tote es uno de los personajes en su cinta. Al recordarlo, reconocimos su valentía, su compromiso con la poesía y la lucha política.

Apenas unos años después, el 28 de julio de 2011 murió Aristóteles España en el puerto de Valparaíso, víctima de una larga afección hepática, conversé con varios amigos comunes sobre cómo se habían dado los acontecimientos. Me dolió y me duele su muerte.

El poema que les comparto se llama “Apuntes” y está incluido dentro de su libro Dawson, describe su ingreso a esa cárcel como preso político y muestra la intolerancia de un gobierno antidemocrático de derecha en su trato con un joven disidente. Al leer ese poema, que analicé junto con otros como parte de mi tesis de Maestría, no puedo sino imaginar al joven que fue mi amigo, luchando por seguir siendo él mismo a pesar de la brutal represión.

Me fotografían en un galpón / como a un objeto, / una, dos, tres veces, / de perfil, de frente, / confeccionan mi ficha con esmero: / “soltero, estudiante, 17 años, / peligroso para la Seguridad del Estado”.

Miran de reojo: / Quieren mis huellas dactilares. / Un sudor helado / inunda mis mejillas. / No he comido. / Creo que hay una tormenta. / Me engrillan nuevamente.

Tengo náuseas. / Empiezo a ver que todo gira / a mil kilómetros por hora. / Se estrellan sus puños / en mis oídos. / Caigo.

Grito de dolor. / Voy a chocar con una montaña. / Pero no es una montaña. / Sino barro y puntapiés, / y un ruido intermitente / que se mete en mi cerebro / hasta la inconciencia.

 


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Fabián Muñoz

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