Opinión

El tigre y el México del 2 de julio / Matices

 

Parece que México no existe más allá del primero de julio, que el fin de nuestra sociedad democrática y de nuestro país será el primero de julio, que todo tiene que ver con el primero de julio, hay grandes ejércitos luchando por el primero de julio, a todos se nos olvida, que si todo sale como se espera, señores, sí habrá 2 de julio, el día después de la elección y ese es el día que más nos debe preocupar.

En un mesa de discusión política, hace unos días, un consultor nos decía, que nos puede pasar lo mismo que a Estados Unidos, que Donald Trump desató demonios que estaban encerrados en una cajita y que esos demonios nos tomarán 30 años en volverlos a guardar en su cajita; se refería al racismo, a la xenofobia, a la división. Esos demonios que una democracia plural y tolerante había logrado encerrar, por el bien de todos.

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Lo decía mayoritariamente por el que va a soltar al tigre o por lo que ha hecho declaraciones preocupantes en algunos eventos masivos. Sin embargo, creo que el humor, mayoritariamente en redes sociales, se está poniendo, como se decía en esa mesa: desatando demonios que nos costará trabajo volver a guardar. Por ganar el primero de julio no podemos perder lo que ya hemos ganada en nuestra vida democrática. No podemos perder nuestra valiosa pluralidad, esa que el mismo candidato del tigre, en otra versión, reconoció que debe existir en una democracia, ante algunos periodistas de Televisa.

Sí se puede desatar el tigre en nosotros, en nuestras ideas y en nuestras reflexiones políticas. Sí se puede dividir nuestro país, más de lo que ya está dividido, sí podemos crear sentimientos de odio, de intolerancia o de poca pluralidad.

La inclusión de ideas y perfiles que pregonen y hagan política con división, con odio, con superioridad moral o de aquellos que presentan la política como una relación binaria entre buenos y malos, no le hace bien a nuestro país, y más aún, si estos asumen lugares protagonistas.

No estamos para esos tiempos, nuestra democracia no resiste una división tan radical, eso nos haría retroceder décadas de pluralismo, pero es entendible. Es entendible que nuevas generaciones pregonen esa división porque no hay una memoria colectiva que recuerde lo que le costó a nuestro país sobrevivir a una hegemonía partidista y política por un partido político, a gobiernos autoritarios, a elecciones no democráticas, a la violación sistemática de los derechos humanos, a la opacidad como política pública. Yo no recuerdo porque no viví esos tiempos, pero muchos miembros de los equipos de campaña parecen haber olvidado eso y están dispuestos a vender esos pasos hacia una democracia consolidada por ganar una elección el primero de julio.

No importa quién sea el presidente de la República, en una democracia la incertidumbre debe ser garantía y respetar los resultados una actitud democrática, lo que importa es cómo el país, cómo los votantes, cómo los ciudadanos y los medios de comunicación tomarán ese resultado. Vislumbro a los victoriosos humillando a los derrotados y aumentando esa brecha de división, vislumbro a esos seguidores, a esos que piensan que una victoria electoral es una suma cero donde ganas todo, pensando que ganar la presidencia de la República es el mayor logro.

Pero no es así, el país tiene que caminar, consolidarse en muchas áreas y transformarse en otras, rediseñarse en algunas aristas y fortalecerse en otras, el país seguirá caminando el 2 de julio, los trabajadores irán, con buen o con mal ánimo, deprimidos o alegres, algunos con ningún sentimiento bajo su espalda. Los que votaron por el candidato ganador, aumentados en su superioridad moral, los que votaron por el perdedor, probablemente humillados por sus compañeros de trabajo, ese país es el que nos puede dejar una campaña de división.

Este ambiente de tolerar lo intolerable nos puede dañar demasiado, nos puede herir de muerte, nos puede retroceder como los luchadores sociales de décadas atrás nunca imaginaron, hay cosas que son intolerables y no negociables: las libertades, los derechos humanos, la participación de los ciudadanos, gobiernos abiertos y transparentes, la pluralidad, la inclusión, la igualdad, la fraternidad, los medios libres y muchas otras garantías que en más de una ocasión se están poniendo en juego en esta contienda: eso es intolerable.

Por eso afirmo, que el país más importante es el del 2 de julio, por eso invito, desde este espacio, a que pausemos y reflexionemos, no vale la pena ganar el primero de julio si perdemos el país del dos de julio. No vale la pena enemistarnos por una elección, si el 2 de julio seguiremos estando juntos. No vale la pena vendernos por el primero de julio si el 2 de julio no habrá quién nos compre. No vale la pena desgarrarnos por el primero de julio si el 2 de julio nos tenemos que coser. No vale la pena destruirnos por el primero de julio si el dos de julio tenemos que reconstruirnos juntos, necesitados los diferentes, los diversos y los plurales de los otros.

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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

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