Opinión

Independencia y Soberanía en la Isla de Irlanda / Mareas Lejanas

La Segunda Guerra mundial dejó a Alemania divida en el eje este-oeste por más de 45 años. La Guerra de Corea vio nacer a Corea del Norte y a Corea del Sur, que no han firmado la paz desde entonces. La revolución yemení de 1962 trajo a los nacionalistas árabes a gobernar Yemen del Norte y a los comunistas a gobernar Yemen del Sur. Sin embargo, pocas historias de disección nacional son tan largas y sinuosas como la del pueblo que habita la isla de Irlanda.

Colindando al este con el Mar Irlandés y al oeste con el océano atlántico, esta enorme isla alberga a la República de Irlanda y al territorio de Irlanda del Norte (Reino Unido). Ambos territorios han permanecido bajo gobiernos diferentes desde la independencia de la República frente al Reino Unido en 1921. Acumulan casi 100 años de división política, mucho más que cualquiera de los países mencionados anteriormente. Además, su historia ha sido marcada por un ir y venir en el control del territorio. En los tiempos del Brexit, la incertidumbre cae sobre las dos décadas de coexistencia pacífica entre irlandeses y británicos en la isla.

La historia de Irlanda fue marcada por un hecho central en la historia de Europa: La Reforma. El rey Enrique VIII de Inglaterra se sumaría al movimiento iniciado por Martín Lutero en contra del poder papal, separándose de la iglesia católica. A partir de ese momento se gestaría una separación en líneas religiosas, sumándose frontera étnica que ya existía entre irlandeses e ingleses.

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En los años subsecuentes se darían constantes rebeliones por parte de los irlandeses, que veían como ilegítimo el gobierno de un monarca que rechazaba a la iglesia católica. La estrategia inglesa consistió en hacer campañas de colonización en la isla; la más exitosa de las cuales fue la de la región de Ulster (la actual Irlanda del Norte). En esta campaña, conocida como la Plantación de Ulster (The Plantation of Ulster), Inglaterra envió miles de colonos a una de las regiones más rebeldes de Irlanda. La táctica fue tan fructífera que en muchas zonas de Ulster los protestantes llegaron a ser mayoría.

La reacción irlandesa llevó el nombre de la Confederación Católica Irlandesa. Este grupo llegó a tener la isla en su poder desde 1641 hasta 1649. Sin embargo, fueron detenidos en seco por Oliver Cromwell, implacable revolucionario inglés. En su épica trayectoria, este personaje no solo conquistó Irlanda, también derrocó a la monarquía inglesa, ejecutó al rey Carlos I y se declaró Lord Protector de la Mancomunidad de Inglaterra. Para los irlandeses estas serían malas noticias, pues en el reinado de Cromwell trajo grandes despojos de tierras en contra de ellos.

Las tensiones entre ingleses e irlandeses se trasladarían a América, donde habría constantes confrontaciones entre católicos y protestantes. La historia del Batallón de San Patricio es producto de estas tensiones. Este grupo de migrantes, en su mayoría irlandeses, desertaron del ejército de Estados Unidos durante la guerra México Americana, para unirse a sus hermanos católicos, los soldados mexicanos en la lucha contra los anglos, sus enemigos jurados.

Luego de siglos de discriminación, hambrunas y brutalidad del gobierno británico se gestó, a inicios del Siglo XIX, un movimiento independentista organizado en la isla. El movimiento de Sinn Féin (que significa “Nosotros Mismos” en irlandés) se rebeló contra la monarquía. Este ejército de insurgentes logró derrotar a uno de los imperios más poderosos de su tiempo, la Gran Bretaña. Sin embargo, la tan ansiada emancipación de los irlandeses vino a un precio alto: la partición de su territorio.

Luego proclamarse la independencia del Estado Libre Irlandés (ELI) e iniciar la Guerra de Independencia de Irlanda, el parlamento de Irlanda del Norte (IN) declaró su intención de permanecer en el Reino Unido. Al concluir la guerra de independencia, se firmó el tratado Anglo Irlandés de 1922 que dio fin a la guerra y dividió la isla en IN, que comprende dos tercios de la antigua provincia de Ulster y el resto de Irlanda agrupada en el ELI. Irlanda fue en un inicio un “dominio autónomo” del Reino Unido, declarándose completamente independiente en 1937 al proclamar una nueva constitución. Con la independencia completa, el país cambió su nombre a la República de Irlanda.  

En los años sesenta, una guerrilla llamada el Ejército Revolucionario Irlandés (IRA por sus siglas en inglés), cuyo objetivo era sacar a IN del Reino Unido para integrarla a la República de Irlanda comenzó a operar. Fueron animados por una serie de factores derivados del dominio inglés: la brutal represión de las protestas en IN, la discriminación laboral, la segregación en la vivienda, las leyes de electorales injustas y la brutalidad policiaca en contra de los irlandeses. Las actividades del IRA seguirían hasta 1998 cuando se firmaron los acuerdos del Buen Viernes (Good Friday Agreements). Estos consistieron en una serie de lineamientos sobre el estatus de IN en el RU, la relación entre IN y la República de Irlanda y la relación entre el RU y la República de Irlanda. Entre estas disposiciones se incluyó el libre movimiento entre ambos y que los ciudadanos de IN tienen doble nacionalidad: inglesa e irlandesa. Además, la República Irlanda eliminó de su constitución la intención de unificar ambos territorios.

De forma paralela, ambos países entraron a la Unión Europea en 1973, asegurando un mercado común y una frontera más fluida. Todo esto para llegar al presente en el que el RU se dispone a salir de la Unión, alzando el riesgo de que exista una frontera dura. Cabe mencionar que Irlanda del Norte fue el territorio del RU que más votó a favor de quedarse en la Unión Europea. Esto no sorprende si se considera que el 37% de sus exportaciones van a Irlanda y el 22% a la Unión Europea.

El contexto político inglés no ayuda, pues el primer ministro, Theresa May, formó un gobierno el año pasado con el Partido Democrático Unionista (DUP por sus siglas en inglés) que representa los intereses de los protestantes en IN. Por si fuera poco, May enfrenta fuertes presiones en su propio partido para sacar la Reino Unido tanto de la Unión Europea como de todas las instituciones con las que se le relaciones, haciendo difícil lograr un status intermedio para IN.

Las soluciones para la frontera entre IN e Irlanda son limitadas: usar tecnología nunca vista para que tener una frontera semi-fluida (propuesta inglesa), poner la frontera en el Mar de Irlanda (propuesta europea) o llegar a un punto medio. Lo primero podría reavivar el movimiento de reunificación, a lo segundo se opone DUP y lo tercero se antoja difícil.

El Brexit a los 101 años del inicio de la Guerra de Independencia de Irlanda representa el estado actual de una frontera que ha variado constantemente durante siglos. Se trata de un claro ejemplo de cómo las divisiones más sólidas no están entre los países, sino entre las personas. Las tensiones étnicas y religiosas entre irlandeses e ingleses han estado en paz por buena parte de las últimas dos décadas. Está en manos de los negociadores, el francés Michel Barnier de la Unión Europea y el inglés David Davis del Reino Unido, mantener los acuerdos del Buen Viernes y con ellos, la paz en la Isla de Irlanda.

 

@joseemuzquiz

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José Eduardo Múzquiz

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