Opinión

Irán: en la Mira Trump y Netanyahu / Taktika

 

Colegio de Estudios Estratégicos y Geopolíticos de Aguascalientes, A.C.

 

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Tel-Aviv, Israel. 30 de abril de 2018. Como si fuera un histrión, el primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu -Bibi, para sus amigos- domina con su fuerte presencia el escenario. Bibi habla un inglés fluido para describir la actuación de la inteligencia israelí: la extracción de Irán de unos 100 mil documentos, divididos en 55 mil páginas de documentos y 55 mil archivos almacenados en 183 CDs, los cuales prueban que Irán ha venido desarrollando un programa nuclear a pesar de haber signado el Plan de Acción Conjunto y Completo.

Para dar mayor énfasis al logro de los servicios secretos y exhibir la duplicidad iraní, Bibi agrega: “Irán a mentido en grande”. De esta manera, la actuación de Netanyahu proporciona munición a Donald Trump, un escéptico del acuerdo nuclear con Irán.

Al día siguiente llegó la réplica de Teherán: el ministro de Defensa, Amir Jatami criticó el discurso de Netanyahu y respondió así: “Esta es nuestra advertencia al régimen ocupante de Jerusalén y a sus partidarios: detengan su comportamiento peligroso. La respuesta iraní será sorprendente y ustedes la lamentarán”.

Las escenas arriba mencionadas sirven como introducción al presente artículo, el cual tiene por objetivo explicar por qué la obsesión de Donald Trump y de Benjamín Netanyahu por terminar con el pacto atómico con Irán se ha imbricado con Siria.

En 1953, los servicios secretos de los Estados Unidos y el Reino Unido llevaron a cabo un golpe de Estado en Irán para deponer al gobierno del Dr. Mohammed Mossadeq, quien había nacionalizado la industria petrolera. La expropiación de los bienes petroleros era una anatema para Londres y Washington, pues afectaba la hegemonía angloamericana en el Medio Oriente.

Mohammed Reza Pahleví, mejor conocido como el Shah -“Rey”, en persa-, fue confirmado por los angloamericanos en su puesto. El Shah compartía muchos de los objetivos estadounidenses en la zona: oposición al nacionalismo árabe de Gamal Abdel Nasser; apoyo al Estado de Israel; y obstrucción de la Rusia soviética.

Irán, “isla de estabilidad en una esquina turbulenta del mundo” (Jimmy Carter dixit), fue sacudido en febrero de 1979 por la Revolución Islámica, movimiento liderado por el clérigo chiita ayatolá Ruhollah Jomeini. Este acontecimiento derribó uno de los dos pilares en que se sostenía el andamiaje imperial estadounidense en la zona. El otro, Arabia Saudita, se sostuvo como aliado.

Desde 1979, Irán considera que “El Gran Satán” (Los Estados Unidos) y “El Pequeño Satán” (Israel) son sus feroces rivales, tal y como lo atestiguan una serie de conflictos: la guerra Irán-Irak (1980-1988), en la cual la Unión American, apoyó, aunque usted no lo crea, a Saddam Hussein; el conflicto civil en El Líbano (1975-1990); y, más recientemente, la guerra civil en Siria (2011-actualidad).

Es precisamente este último conflicto el cual se traslapa con el Plan de Acción Conjunto y Completo, un acuerdo signado el 14 de julio de 2015 entre: Alemania, China, los Estados Unidos, Francia y Rusia con la República Islámica de Irán. El pacto pretende evitar que Irán adquiera armas nucleares. A cambio, los europeos levantarían las sanciones económicas contra Irán. Mientras tanto, la Unión Americana no impondría más penas a Irán.

Desde sus tiempos de candidato, Donald Trump, en un guiño a la línea dura del Partido Republicano, a la influyente comunidad judía, “y, en particular, al poderoso lobby pro-Israel en la Colina del Capitolio”1 que prohibiría el acuerdo nuclear con Irán pues era “el peor trato de todos los tiempos”.

En los últimos días, una serie de acciones y mensajes se han cruzado en torno al Plan de Acción Conjunto y Completo y la guerra en Siria: el 23 de abril, el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, afirmó que “hay intentos por interferir con el orden internacional sobre el cual dependen las Naciones Unidas”. Para Lavrov, China y Rusia “detendrán los intentos por sabotear esos acuerdos aprobados por una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”.

El 24 de abril probó ser un día clave: el secretario de Seguridad, Nikolái Pátrushev, se reunió en Sochi, Rusia, en un intento por distender la tensión, con representantes de Irán e Israel; horas más tarde, el jefe del Comando de las Fuerzas Especiales de los Estados Unidos, Tony Thomas, reveló que sus elementos en Siria estaban siendo sometidos a medidas de guerra electrónica; En la Casa Blanca, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, intentó infructuosamente convencer a Trump de seguir con el pacto con Irán; Finalmente, la base aérea rusa de Jmeimim, ubicada en Siria, fue blanco de un asalto de drones. Aunque los rusos repelieron la agresión, varias cejas se arquearon en Moscú, pues un ataque similar había ocurrido el 6 de enero próximo pasado.

Para dejar en claro su inminente retiro del Plan de Acción Conjunto y Completo, Trump envió a su nuevo secretario de Estado, Mike Pompeo, a visitar a tres aliados clave en el Medio Oriente: Arabia Saudita, Jordania e Israel. Asimismo, el jefe del Comando Central de los Estados Unidos, Joseph Votel, realizó un viaje a Israel. El tema central a tratar: el probable envío de sistemas anti-balísticos rusos S-300 a Siria, los cuales ponen en duda la supremacía aérea de Israel.

La posible posesión de Siria del sistema S-300, capaz de rastrear 100 objetivos al mismo tiempo y de atacar a 12 blancos al mismo tiempo, preocupa a Israel: el 29 de abril el ministro de Defensa, Avigdor Lieberman, anunció desde Nueva York que: “No tenemos la intención de atacar a los rusos, o incluso interferir en los asuntos domésticos de Siria”.

Ese día por la noche, una andanada de misiles golpeó objetivos militares iraníes en Siria. Al mismo tiempo, Emmanuel Macron conversó durante una hora con el presidente de Irán, Hasán Rouhaní, quien dijo al líder francés que el Plan de Acción Conjunto y Completo “no es negociable”.

Todos los movimientos diplomáticos militares en torno a Irán y Siria llevan a reflexionar al escribano lo siguiente: Mientras Donald Trump permanezca en la Casa Blanca, cualquier acuerdo -TLCAN, Plan de Acción Conjunto y Completo, etc- rubricado por los Estados Unidos es papel mojado, pues Trump es un gánster-; la resolución que tome Trump respecto a Irán será seguida muy de cerca por Corea del Norte; finalmente todavía hay líderes como Macron, Merkel, Putin y Xi Jinping que pueden evitar una mayor conflagración en el siempre conflicto Medio Oriente.

Aide-Mémoire. Donald Trump tiene demasiados frentes abiertos en el aspecto lucrativo: la renegociación del TLCAN, una posible guerra comercial con China, su principal acreedor; y el marcado escepticismo europeo respecto a su política comercial.

 

  1. Hinnebusch, Raymond, and Ehteshami, Anoushiravan. The Foreign Policies of Middle East States. London, Rienner, 2002, p. 117

 

 

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Soren de Velasco Galván

Soren de Velasco Galván

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