Opinión

La revolución llegó para quedarse / Mareas lejanas

 

Domingo 20 de mayo de 2018. En el palacio de gobierno de Caracas, Venezuela, se daban los resultados de las elecciones en las cuales el político Nicolás Maduro, buscaba su segundo mandato frente a un país que gobierna desde el año 2013.

Año en el cual su predecesor Hugo Chávez muere mucho tiempo después de haber triunfado en la llamada Revolución Bolivariana en el año de 1998.

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Imaginen un escenario catastrófico, con fallas en el sistema económico; la inflación más alta en todo el mundo; un desabasto de productos (incluso los de la canasta básica) y a la población escapando de un país en el cual con el salario mínimo, sólo puedes comprar dos miserables latas de atún

Ahora dejen de imaginarlo, porque esta es la realidad de Venezuela.

Aquel día antes mencionado, sucede lo más temido para la mayoría de los ciudadanos venezolanos, Nicolás Maduro ganaba las elecciones presidenciales con el 67.7% del total de los votos y con un total del 46.1% de la participación ciudadana, una gran diferencia con los resultados de las elecciones del año 2013, cuando ganó las elecciones para su primer mandato. En esas primeras elecciones hubo un 80% de la participación ciudadana. Esto solo demuestra una cosa: el pueblo está harto y sediento de una verdadera democracia que los aleje de la crisis humanitaria.

En estas elecciones se le acusa a Maduro de comprar votos; haciendo de Venezuela una dictadura.

Esto ha generado en el pueblo un gran pesar y sobre todo una enorme lástima dentro de la comunidad internacional.

Después de conocerse el resultado de las elecciones de este año, Maduro menciona que desde ahora, solo trabajará para mejorar el sistema económico fallido que hay en el país. Sistema que en los últimos años, lo único que ha logrado es el aumento de las solicitudes de refugio de ciudadanos venezolanos alrededor del mundo.

El escenario que hay hoy en día, no parece ser favorable para su gobierno así como el plan que tenga para mejorar la situación de Venezuela, ya que la mayoría de la comunidad internacional al darse a conocer el resultado final de las elecciones, mencionaban no reconocer dicho resultado. Como de costumbre, sus principales enemigos imperialistas (como los llama Maduro), mencionaban que se impondrían más sanciones económicas y que bloquearían en los mercados internacionales lo que más podría presumir el país venezolano: El petróleo.

Frente a la actual situación por la que pasa el pueblo de Venezuela y en la búsqueda de una democracia real; el mundo ha buscado la manera de expresarse y ayudar al pueblo venezolano.

No creamos que la manera más inteligente de colaborar y ayudar a Venezuela recae en tomar decisiones unilaterales y radicales; no, estas decisiones puede que sólo perjudiquen al pueblo. De lo que se trata más bien, es tratar de que exista una planeación interna de la oposición en conjunto con instancias internacionales de justicia, imponer sanciones inteligentes, pero que de alguna manera, ayuden a que el sistema económico de Venezuela mejore en beneficio de la población. Lamentablemente en este punto, también se busca que la sociedad civil no pretenda y quiera realizar una revolución, porque ya ha quedado más que claro que esto sólo traerá muertes.

La peor parte es que los que realmente sufren ante esta situación, como siempre, no son los políticos, la clase burguesa o los empresarios, es en efecto: el pueblo.

Es el pueblo el que llora lágrimas de impotencia y desesperación, ya no solo por la búsqueda de un empleo que tal vez no encuentren, sino también por la necesidad que el hambre trae consigo, ya que los ciudadanos venezolanos buscan la forma de al menos llevar el pan a la mesa de sus hogares.

Nicolás Maduro celebra desde el palacio de gobierno de Caracas una elección con manchas de sangre, pobreza y gritos de ayuda humanitaria que sólo una persona con problemas psicóticos podría ignorar.

Desde mi punto de vista, no se trata de hacerle frente a las grandes potencias imperialistas del mundo, sino más bien de regresar el agua que da vida a un pueblo, que con paciencia, está muriendo mientras espera su regreso, aunque el Dios que la crea, ya parezca estar muerto.

 

@Alvarozua

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Álvaro Zúñiga Ayala

Álvaro Zúñiga Ayala

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