Opinión

¿Para qué sirven las multas y las sanciones? / Análisis de lo cotidiano

 

Fue el emperador Julio César quien estableció en la Lex Lulia Municipalis, las primeras normas para la circulación de vehículos que ya eran demasiados en la sobrepoblada ciudad de Roma. Desde entonces se fijó que los carros de caballos y carretas se movieran por su lado derecho. Si el conductor ebrio destruía alguna propiedad o lesionaba una persona, debería pagar una cantidad en denarios. El dinero debería usarse primero para reparar el daño ocasionado y si no había víctimas, entonces el pago se usaría para el mantenimiento de las calles y las carreteras llamadas vías. Esas fueron las primeras multas. Ahora tenemos multas, sanciones y castigos por todos lados y para todo. Algunas francamente inexplicables. Uno de los ejemplos más recientes es la que se dio a conocer la semana pasada. Una iniciativa de ley para castigar a los padres de menores infractores, sigue detenida. Los diputados no se ponen de acuerdo. Y yo les doy la razón. Debe ser muy difícil legislar sobre la manera y el monto de la multa, castigo o sanción que merece un padre cuyo hijo menor de edad ha cometido un delito. Cualquier padre de familia que tiene hijos adolescentes seguramente sabrá lo sorprendente que pueden ser los menores. Es indudable que teniendo un jovencito capaz de robar, vender drogas, asaltar, atacar a golpes a un transeúnte, o violar a una chica, debe tener una familia que de alguna manera tiene responsabilidad en su conducta. Y conste que dije responsabilidad, no culpa. Vamos a poner un ejemplo concreto : Un chico de 15 años roba a mano armada una tienda y se lleva miles de pesos. Es detenido y llevado al centro de readaptación para menores infractores. ¿Usted qué haría? Lo detendría en prisión ¿Cuánto tiempo? Pero sobre todo ¿Qué esperaría que sucediera con el aislamiento? O si decide que el chico no amerita encarcelamiento, pero sí una buena multa o un castigo a los padres ¿Cuánto les cobraría? ¿En qué usaría ese dinero? O si decide que lo mejor es una sanción ¿Qué les haría a los padres? ¿Los metería en prisión? ¿Les regañaría enérgicamente? ¿Qué costaría más caro, un robo a mano armada o la violación de una muchachita? El tiempo ha transcurrido y tal parece que las enseñanzas antiguas no terminan de arraigar. En la Grecia Clásica los padres del menor delincuente debían acudir a la academia a recibir información sobre el manejo de los niños. Los aztecas castigaba muy severamente a los niños y también a los padres, porque durante los años de escuela en el Telpochcalli, los padres habían participado activamente y no podían dejar de reconocer su responsabilidad. En pleno Siglo XXI, el conflicto radica en que se sigue pensando en cómo castigar a los chamacos y también a los padres. Nadie menciona que la solución sea reeducar a ambos. Tal vez sea más costoso, o más tardado, o más complicado, pero esa sería la solución. Las penas económicas nunca han resuelto el problema. Y además ese dinero no se usa en la rehabilitación emocional y psicológica de los involucrados. Todo queda en daño patrimonial. Esta es la gran oportunidad, que ahora que se está pensando en la ley, la dirijan a la obligación de los padres, para que tomen talleres psicoterapéuticos de inteligencia emocional familiar. No multas ni castigos. Entonces sí, los Centros merecerían el nombre de Readaptación, Rehabilitación, o como se llamaron anteriormente Reformatorios.

 

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Héctor Grijalva

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