Opinión

Puente peatonal con elevador: una ocurrencia / Agenda urbana

 

Hace algunos días el Gobierno del Estado anunció la instalación del primer puente peatonal con elevadores -o antipeatonal como adecuadamente se les llama- en Avenida Aguascalientes esquina con la calle París al poniente de la ciudad. A pesar de que la Secretaría de Obras Públicas parece considerar esta infraestructura una solución vanguardista e innovadora a los problemas de tránsito, la realidad es que no es más que una ocurrencia de cuatro millones de pesos que desde hace tiempo demostró no haber resuelto ningún problema ni mejorado la seguridad vial en lugares como la Ciudad de México, en donde estas estructuras hoy han sido abandonadas. Más aún, anunciar que esta obra beneficiará al total de la población de los once municipios del estado de Aguascalientes, es decir, un millón 312 mil 544 personas, como sugiere el Gobierno del Estado, es simplemente absurdo.

Los puentes peatonales, con y sin elevador, se intentan justificar con el argumento de que ayudan a garantizar la seguridad de los peatones. Sin embargo, estas estructuras en realidad están pensadas para satisfacer las necesidades de los automóviles, no de los peatones; es decir, es infraestructura vehicular disfrazada de infraestructura peatonal. Además, se suele creer que los peatones no utilizan estos puentes porque carecen de sentido común, lógica y educación vial o simplemente por pereza. La realidad es que los puentes peatonales no se utilizan simple y sencillamente porque no son prácticos ni funcionales para quienes caminan: ¿por qué hacer que un peatón recorra rampas interminables, suba y baje escaleras o espere un elevador sólo para atravesar una avenida de 20 o 30 metros? La respuesta es simple: evitar a toda costa la necesidad de los automovilistas de reducir su velocidad para ceder el paso a los peatones.

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Por lo anterior, gastar cuatro millones de pesos en un puente con elevadores que reducirá la movilidad de los peatones es profundamente ineficiente e inequitativo, no sólo porque quienes caminan son los usuarios más vulnerables de la vía, sino también porque son precisamente quienes menos contaminan, no contribuyen al tráfico y requieren mayor energía propia para desplazarse. Entonces ¿por qué mandar a los peatones a una segunda, tercera o cuarta prioridad en lugar de reducir la velocidad vehicular para cruzar de manera segura? ¿Por qué no invertir en diseño urbano e infraestructura verdaderamente peatonal como cruces seguros a nivel de calle? Sería más eficiente, económico y equitativo.  

Más aún, esta infraestructura es incongruente con la recién aprobada Ley de Movilidad del Estado de Aguascalientes, la cual, en su Artículo 6, mandata a las autoridades estatales y municipales a desarrollar y ejecutar políticas de movilidad mediante las cuales “se dará prioridad y preferencia en la utilización del espacio vial y se valorará la distribución de recursos presupuestales de acuerdo a la siguiente jerarquía de movilidad: 1) peatones, principalmente las personas con movilidad limitada; 2) ciclistas; 3) usuarios del transporte público de personas; 4) usuarios de medios de transporte ecológicamente sustentables; 5) transporte de bienes; y 6) personas que usen transporte particular automotor”. Asumo que la Secretaría de Obras Públicas diría que precisamente porque los peatones son la más alta prioridad, el puente peatonal se construirá incluso con elevadores para garantizar su movilidad y su seguridad. Honestamente, no es así, pues un puente peatonal tiene la única finalidad de remover a los peatones de la vía para facilitar el tránsito vehicular.

Vamos a las propuestas. Una mejor solución sería invertir en hacer más seguros los cruces a través de adecuaciones geométricas, marcas en el pavimento y pintura en los cruceros, colocación de señalamiento horizontal y vertical, reconfiguración de carriles, ampliación de áreas de resguardo, instalación de semáforos peatonales, y, cuando se requiera, solicitar la asistencia de agentes de tránsito para coordinar la circulación de vehículos, bicicletas y peatones. La gran mayoría de los cruces se pueden resolver a nivel de calle, incluso, sin aumentar significativamente el tiempo de traslado de los automóviles. Sin embargo, se requiere de voluntad política para explorar estrategias creativas que permitan reducir la velocidad vehicular, no sólo a través de sanciones sino de un mejor diseño vial. Por supuesto, las normas viales deben respetarse, pero la actitud que hay que cambiar no es exclusiva o necesariamente la de los peatones sino la de los automovilistas que circulan aceleradamente; y, desde luego, la de quienes a través de su poder de decisión promueven una ciudad cada vez más orientada al automóvil por encima de cualquier otro modo de transporte, lo cual contribuirá poco a mejorar la calidad de vida en el estado.

El cambio de paradigma hacia la movilidad urbana sostenible es un proceso gradual, pero debemos comenzar por acciones tangibles y concretas, pequeñas o grandes, que demuestren que las cosas pueden hacerse de manera diferente para lograr resultados más positivos, efectivos y equitativos. ¿Por qué no impulsar un programa piloto de cruces seguros a nivel de calle mediante mejor diseño urbano e infraestructura realmente peatonal? Por lo menos, sería una excelente manera aprender y conocer qué funciona y qué no, evaluar resultados, y retroalimentar el proceso de planeación, diseño y ejecución para posteriormente escalar una política o estrategia de esa naturaleza. Más aún, una práctica así permitiría cambiar gradualmente la inercia burocrática y la cultura institucional que parece impedir a algunos funcionarios reconocer que existen maneras más innovadoras, eficientes, económicas y lógicas de mejorar la movilidad y la seguridad vial (ver imagen).

 

[email protected]  / @fgranadosfranco

 

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Fernando Granados

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