Opinión

Todos somos políticos / Debate electoral

Hace ya algunos años, en un país sudamericano, a un cantante famoso le fue prohibido presentarse en un concierto por lanzar críticas públicas al presidente en turno. Más o menos por esas fechas, otro cantante famoso (ahora todavía más famoso por su serie televisiva biográfica) presentaba su disco en el sur del continente y la prensa le preguntó sobre la polémica suscitada. Su respuesta, palabras más, palabras menos, fue que todo artista debe ser apolítico.

Esa respuesta, desde entonces, llamó poderosamente la atención, por varios aspectos. Más allá de si cualquier persona pública que aparece en los medios de comunicación, sobre todo en televisión debe ser catalogado como artista, el mensaje de la condición apolítica de cualquier persona es un término que se antoja imposible. Me explico.

Si nos atenemos a la definición de política veremos que se conceptualiza como un arte referente al gobierno de los estados, y en su vertiente de ciencia, es una rama de las ciencias sociales que se ocupa del estudio de la problemática que aqueja a la sociedad en tanto su convivencia cotidiana. Pero su definición primigenia y derivada de la etimológica, se podría traducir como “para los ciudadanos” o “lo relacionado con los ciudadanos”.

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Cuántas veces no habremos escuchado a pie de calle (o a los famosos, como en el ejemplo) renegar de la política como si esa condición no les fuera consubstancial a su naturaleza humana, percepción que no es novedosa pues desde entonces Aristóteles hacía referencia al ser humano como un zoon politikón con la capacidad de relacionarse creando sociedades y organizarse en ciudades.

Para todos aquellos que reniegan de los políticos, les tengo malas noticias: al mandar a sus hijos a la escuela, pagar sus impuestos, reportar una luminaria que no enciende, organizarse con sus vecinos para pedir un tope en alguna calle, están siendo políticos.

No soy ajeno al descontento que manifiesta la ciudadanía con respecto a la política, pero también soy consciente de que no podremos aislarnos y, en todo caso, cualquier problema que nos aqueje en nuestro ámbito social, habrá de ser resuelto de manera pacífica por medio de la política.

Aprovechando la reflexión, me gustaría hacer una invitación a quienes no conocen a plenitud el desarrollo del proceso electoral, plagado de mitos y, como se dice ahora fake news, a descubrir una nueva perspectiva de las elecciones.

Imaginen por un momento que la autoridad electoral puede proporcionarles un dispositivo que les permita acceder a las entrañas de la elección. Mediante este artefacto serán capaces de acceder a la casilla electoral que quieran y ver el proceso que implica darle a cada elector sus boletas, y ver al finalizar la Jornada cómo se clasifican los votos y se contabilizan en las diferentes opciones de partidos políticos, candidatos y candidatos independientes. Con ello cerciorarse de que en todo momento, la actuación de asistencia por parte de la autoridad electoral y la desinteresada participación de los funcionarios de casilla se apega a los principios de certeza, legalidad, imparcialidad y objetividad.

Hay que aclarar que ese dispositivo sería en todo caso gratuito, pero que requeriría la voluntad de quien lo quiera utilizar para presentarse ante la autoridad y solicitarlo, y además ejercerlo, es decir, no mandar a alguien más a que corrobore el procedimiento, sino hacerlo a título personal.

Esa posibilidad existe, y es la de ser acreditado como observador electoral. Cumpliendo requisitos muy básicos, cualquier persona puede acudir a las oficinas de la autoridad electoral y solicitar ser considerado como observador. A cambio, la autoridad le proporcionará una identificación que lo acreditará como observador. Ello le abrirá las puertas para que pueda estar en la o las casillas que desee, viendo detenidamente el procedimiento.

Lo anterior no quiere decir que el observador pueda darse cuenta de por quién votamos. La secrecía del voto está garantizada. Lo que observará será el procedimiento de atención del votante en la mesa de recepción de la votación, y la posibilidad de estar presente en el conteo de los votos dentro de la casilla, cerciorándose de que los votos serán bien contados. Más aún, la llave también abre la puerta del consejo distrital que será el que recopile las actas de cada casilla de su jurisdicción para hacer los cómputos totales, de lo cual también puede ser testigo presencial.

La convocatoria se cierra el último día del mes de mayo, por lo que, si hay voluntad, aún hay tiempo. Oportunidad inmejorable para complementar el activismo de sofá y hacer la política de manera vivencial. Al final, cotidianamente hacemos política, es decir, de alguna u otra manera todos somos políticos.

 

/LanderosIEE | @LanderosIEE

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Luis Fernando Landeros

Luis Fernando Landeros

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