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Todos somos variaciones que al otro le pueden parecer grotescas / Entrevista a Vicente Alfonso sobre Huesos de San Lorenzo

  • Desde niño escucho varias veces por semana una pregunta que es: ¿qué se siente tener un gemelo? Yo intento que la novela sea una respuesta a esta pregunta.

 

Huesos de San Lorenzo es la segunda novela de Vicente Alfonso con la que ganó el Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2014, y que parte de reconstruir y revelar la verdad sobre el asesinato de Farid Sabag en un billar de Torreón, Coahuila durante el partido del Santos contra Pachuca en el Estadio Corona. Describe la sinopsis del libro: Sorprendido por la gravedad de las acusaciones en contra de su paciente Remo Ayala, el psicólogo Alberto Albores acepta formar parte del equipo que defenderá la inocencia del joven. Pero a medida que obtiene datos cada vez más perturbadores sobre Remo, el psicólogo debe concluir si éste le contó simples fantasías o confesó hechos atroces. ¿Trabajó como escapista con el mago que se hace llamar El Gran Padilla? ¿Mató al misterioso Farid Sabag, o el asesino fue su hermano gemelo, que trata de inculparlo? ¿Cómo murió la madre de los mellizos, y por qué un poderoso político se esfuerza en borrar sus huellas? ¿Qué papel juega la guerrilla mexicana en esta historia? ¿Quién es esa vidente, desaparecida en circunstancias siniestras, que parece conocer la verdad?

Vicente Alfonso nació en Torreón, Coahuila, 1977. Narrador y periodista. Obtuvo el Premio Nacional de Cuento María Luisa Puga 2009 por Contar las noches. Premio Nacional de Literatura Policiaca-IPAX 2008 por la novela Partitura para mujer muerta; y el primer lugar en el Certamen Internacional de Literatura Sor Juan Inés de la Cruz 2014, con Huesos de San Lorenzo. Su obra se ha traducido al alemán, checo, italiano, griego y turco.

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Edilberto Aldán (EA): Han escrito que tu novela es novela noir, novela de detectives, no puedo evitar en Huesos de San Lorenzo como un modernísimo homenaje y a la misma altura de Los albañiles, de Vicente Leñero. La estructura polifónica, la trama oculta, los pasajes se van juntando como rompecabezas para la “resolución” del crimen, la estructura es muy parecida a esto que consigue en Los albañiles.

Vicente Alfonso (VA): Le aprendí mucho, trato de seguirle aprendiendo mucho a Leñero y a Federico Campbell, que es otro de mis grandes maestros. A Vicente Leñero fui a entrevistarlo cuando me fui a vivir a la Ciudad de México, alrededor del 2003-2004, fui a entrevistarlo porque había llevado con él un taller en Torreón, una semana, me dio su teléfono y me dijo “cuando vayas al DF, búscame”, le causó yo creo mucha empatía que yo trabajaba entonces en un periódico, El siglo de Torreón, y lo busqué para hacerle una entrevista, y entonces cuando terminamos le dije que se me había olvidado mi ejemplar de Los albañiles que yo quería que me lo dedicara, y me regaló un ejemplar y le puso “Para mi tocayo Vicente, en espera de su novela”, me dijo “¿Qué estás haciendo aparte de periodismo?”, pues escribiendo una novela, maestro, “Pues ojalá que me la traigas cuando la termines”. Fue un poco el maestro que le deja la tarea al chalán, pero yo escribí mi primera novela que se llama Partitura para mujer muerta con ese ejemplar de Los albañiles a un lado, y cuando terminé la novela tuve la fortuna de que ganara el Premio Nacional de Literatura Policíaca, que entre paréntesis, el jurado lo presidía Federico Campbell, pero en cuanto supe que había ganado el premio imprimí el manuscrito y se lo llevé a Leñero, me lo recibió alguien en su casa y ahí se quedó, y como tres o cuatro meses después suena mi teléfono celular, contesto y me dice “Qué bárbaro, me gustó mucho tu novela”, perdón, ¿quién habla?, “Soy Vicente Leñero”, no pues casi me caigo, me dijo “Por qué no vienes y mañana nos echamos un cafecito aquí en mi estudio, tengo un montón de cosas que decirte de tu novela”. Llegué un poco nervioso, dije qué me va a decir, “Fíjate que me gustó, vi muchas cosas de Los albañiles, no a nivel anécdota, sino a nivel de recursos”, y le dije, maestro, es que le tengo que decir una cosa, yo escribí esta novela con la suya a un lado, y se ríe y me dice “mira, está bien, de haber sabido entonces te regalaba otra”, que es su última novela que se llama La vida que se va, yo ya la conocía pero me conmovió mucho que de manera espontánea me regaló un ejemplar de La vida que se va, y me puso una nota que no citaré textualmente pero que tiene ese mensaje implícito de que había cumplido la tarea. Tengo esos dos libros, los guardo juntos porque es como el profe que te encarga la tarea y que después te entrega tu acta de graduación. De hecho, junto a ese ejemplar de La vida que se va me dio una cuartilla escrita en su máquina de escribir que era una cuarta de forros que él me proponía espontáneamente para esa primera novela, él la hizo la cuarta de forros. Ya cuando me iba me dice “¿qué se ofrece”, era muy generoso Leñero, “Qué se te ofrece, llévate libros, qué quieres, qué andas leyendo”, no nada, lo único que le pido, maestro, es que me firme la hojita que escribió usted porque si no nadie me va a creer que la escribió usted, yo me sentía como el chavito que se encuentra a su beisbolista favorito y le regala un bat y dice, pero fírmemelo, maestro, entonces en mi estudio tengo esa hoja enmarcada y esos dos libros, creo que el fantasma del maestro anda todavía por ahí, por eso, quizá, se contamina todo lo que escribo.

EA: Y si Partitura la escribiste junto con Los albañiles, a Huesos de San Lorenzo, ¿qué libro la acompañaba?

VA: Varios, fíjate, Huesos de San Lorenzo le hereda mucho, trato de aprenderle mucho a Pretexta, de Federico Campbell, a La clave Morse, de Campbell, al El otoño del patriarca, de García Márquez, a Rayuela, pero también a una tradición anglosajona, yo escribí la mitad de la novela en Estados Unidos, y la otra mitad la escribí en Buenos Aires, por residencias artísticas yo tenía que cambiar de residencia, de pronto la agenda de afuera te va marcando lo que escribes, leí mucho a Mark Twain, leí mucho a Toni Morrison, leí mucho a una poeta norteamericana que murió el día que yo llegué a vivir a Estados Unidos, que se llama Maya Angelou, que aparte de ser poeta hizo unas memorias excelentes… Creo que todo se fue combinando, un libro es literalmente como hacer una tesis, la bibliografía es amplisísima, hay muchos guiños que son una manera de decir gracias. Un libro importantísimo de García Márquez, incluso más que El otoño del patriarca es Crónica de una muerte anunciada, no nada más por la presencia de los gemelos, sino por esta estructura de investigación, de reconstrucción escrita, sí le debe un montón mi libro a García Márquez, a quien yo conocí, por cierto, en una sesión de taller que nos dio en la Fundación para las Letras Mexicanas, iba y con muchísima paciencia don Gabriel se ponía a responder nuestras preguntas.

EA: Todos estos libros que te acompañan tienen que ver con la estructura, pero ¿y el tono de dónde viene?

VA: El tono viene de mi memoria, yo vengo de una familia de mineros, mi abuelo viene de Chihuahua, mis tíos son de Chihuahua, pero mis padres son de Torreón, yo crecí en Torreón, viví entre Torreón, un tiempo vivimos en Mazatlán, pero la mayor parte de mi infancia anduve con mi padre en ejidos de Coahuila escuchando a la gente hablar, mi papá era maestro rural y mi mamá era juez, entonces mucho de lo que escribí es lo que recuerdo de cómo hablaba la gente, y ahí sí te puedo decir que cuando me llega algún ejemplar de traducciones, por ejemplo, hace como tres semanas fui a Parras, Coahuila, y como una especie de amuleto me llevé la traducción al italiano porque cuando escribí la novela no tenía la menor idea de que se iba a traducir, y había algo, igual como de tarea cumplida, yo soy como mucho de rituales, o sea, cómo es que este libro que se origina en estas tierras desde que yo era niño, ahora es una cosa muy concreta que se vende al otro lado del mundo, no acabo de entenderlo, la verdad, pero me gusta que ahí esté.

EA: Y con tus traductores cuáles han sido las cosas que te preguntan, supongo que debe ser del tono, del habla coloquial de los personajes.

VA: Sí, de repente son como giros populares, por ejemplo, esta cosa del pantoqueo, pantoquear es un verbo que usan nada más los marineros, que específicamente yo lo escuché en los marineros de Sinaloa, que es cuando un barco se voltea y queda el casco hacia arriba, dicen se pantoqueó el bote, entonces de repente los traductores decían, “Oye ese verbo no lo encuentro ni en los diccionarios”, no, son formas de hablar específicas que hacen al personaje. Debo decir que soy muy afortunado porque la novela ha tenido muy buenos traductores, de varios de ellos me he hecho amigo a partir de estar rebotando estas ideas que empiezan con la labor de traducción y terminan con cosas como si yo me entero que tiembla en Italia, luego luego le escribo al traductor, o al revés, si tiembla acá en México, porque son personas con las que siente uno un vínculo estrecho porque hay una labor de colaboración, entre todos hicimos algo, entonces, esas son cosas que uno agradece porque se da cuenta de que un libro le puede ganar a uno amigos, esos son beneficios que no había contemplando como parte de la chamba. Hay autores que dicen “Yo no me fijo, no pienso, en el lector a la hora de escribir”, no, yo sí pienso en el lector en términos de crear este diálogo, de generarle expectativas, de que nazcan dudas en él, entonces el lector me está acompañando todo el tiempo, porque trato de ver, trato de leer cada párrafo de la manera en que lo leería un lector ideal, entonces la verdad es que sí, para mí el lector es un elemento importantísimo porque es con él con quien dialogas, no contigo mismo.

EA: En el caso de Huesos de San Lorenzo ese quien dialoga podría ser tu hermano gemelo.

VA: Sí, aunque, mira, realmente te voy a decir por qué nace Huesos de San Lorenzo. Desde niño escucho varias veces por semana una pregunta que es: ¿qué se siente tener un gemelo? Yo intento que la novela sea una respuesta a esta pregunta. Durante años pensé que iba a ser un libro de ensayos, y tengo el libro de ensayos por ahí, en mi cajón de proyectos, tengo el libro terminado, pero en algún momento del trayecto me di cuenta de que la respuesta a la pregunta no podría ser una respuesta fría, racional, tenía que ser algo desde la perspectiva vivencial y trato de que el lector se dé cuenta de que, como dice Octavio Paz al inicio del Laberinto de la soledad, vivimos atrapados en el yo, yo no puedo explicar qué se siente tener un hermano gemelo porque no tengo la experiencia contraria, de niños le preguntamos a la mamá, ¿mamá, qué se siente ser mujer? Y ella no nos puede explicar porque no sabe qué se siente ser hombre, entonces, para bien y para mal vivimos determinados, el mundo que percibimos está determinado por estas características muy puntuales, ser gemelo es una característica puntual como lo es también ser asiático, ser flaquito, ser gordito, ser mujer o ser hombre, entonces estas particularidades nos marcan, filtran el mundo, crean nuestra experiencia, más que escribir el libro para mi hermano, lo escribí para todas esas personas que se preguntan qué siento y cómo veo el mundo. A mí me gusta leer otros libros por la misma razón, ahorita no mencioné que dentro de las influencias siempre estoy acompañado de libros de José Revueltas, era un tipo genial y Los días terrenales, Los errores, sus cuentos, El apando, son libros que todos están orientados a transmitirnos esas experiencias extremas que significan tener un contacto con el otro y no acabar de comprenderlo, en el fondo creo que eso era lo que movía a Revueltas y paradójicamente fue un tipo muy incomprendido, él que trataba de moverse comprendiendo a los demás y cuestionando a los demás en el sentido de queriéndonos entender y oyendo las razones de vida de los nosotros, fue uno de los escritores más incomprendidos que tenemos. Por eso una de las lecturas favoritas de Rosa Nava, uno de los personajes, es José Revueltas, y por eso un seudónimo que utiliza un personaje es el que escribe un artículo que se llama “Topolobampo, el sueño de la pesadilla”, lo firma Gregorio Saldívar, que es el protagonista de Los días terrenales, entonces siempre hay como estos guiños, estos homenajes a los autores que son los mis autores de cabecera, algunos son tan escondidos que nadie los advierte, pero otros luego otros sí. Cuando ganó la novela el premio, usé el seudónimo de Tom Canty, un personaje de Mark Twain, todos conocemos la historia de El príncipe y el mendigo, en donde el príncipe heredero de la corona de Inglaterra es idéntico a un niño pobre que nace en un lugar que se llama Offal Court, resulta que son niños idénticos y todo el mundo sabe quién es el rey, quién es príncipe, que después se convierte en rey, pero muy pocos recuerdan que Tom Canty es el mendigo. Cuando yo era el chiquito tenía una edición ilustrada de El príncipe y el mendigo, y jugaba con mi hermano gemelo a que éramos el príncipe y el mendigo porque nosotros veíamos la historia absolutamente verosímil y realista, pensábamos que era algo muy normal que haya alguien igualito a ti, ahora me he dado cuenta que es una historia fantástica, pero en aquel entonces a los 7-8 años nos peleábamos por ser Tom Canty, ese era el grito de pelea, de ahí el seudónimo.

EA: Huesos de San Lorenzo es una novela sobre la identidad, y además con las referencias que das sobre la identidad de los múltiples personajes, todos están en la búsqueda del otro o de su otro.

VA: Exactamente, es una lectura que agradezco muchísimo porque es tal cual lo que yo esperaba, la gente suele vernos a los gemelos como personas que estamos luchando constantemente por establecer la identidad, porque es muy claro, nosotros me refiero a los que estamos en esta condición de gemelos, pero nosotros tenemos la fortuna de ver que no somos los únicos. Dice Enrique Serna que el mundo está lleno de monstruos felices, esta frase la dice en Fruta verde, una novela que a mí me gusta muchisísimo, es una de las grandes novelas de Serna, y en ese sentido es cierto, todos somos variaciones que al otro le pueden parecer grotescas, a los ojos de los demás podemos ser monstruosos, todos estamos incompletos, todos estamos tratando de buscarse. En Huesos de San Lorenzo todos los personajes están comprometidos en una búsqueda de identidad, porque al final todos lo hacemos.

EA: ¿Cómo pasaste de los ensayos a esta serie de anécdotas que sumas en la novela para “resolver”el asesinato?

VA: Mucho, parece exagerado, pero mucho es autobiográfico, entonces yo me di cuenta que tenía que ser mucho más honesto al hablar del tema, porque el ensayo era como abordarlos siempre desde lo literario, como si fuera algo que no me estaba pasando a mí, como si yo fuera un estudioso del fenómeno estrictamente literario, entonces sentía que no de plano no le pegaba a la piñata. Te cuento una anécdota, cuando estaba escribiendo la novela en uno de los momento iniciales que empezaba a coquetear con la idea de que fuera una novela, me puse a hacer uno de los capítulos que es este del huracán que golpea Topolobampo, y mi ahora esposa, entonces era mi novia, me habló, vivía entonces en mi departamento y ella en el suyo y nos veíamos para comer, y me habló y yo le contesté y era mediodía y yo había estado trabajando en ese capítulo, y ella me cuenta que yo estaba totalmente borracho. Después hicimos el cálculo y no había tomado más de un vasito tequilero de whisky, realmente lo que me hizo fue como un proceso de catarsis, y yo lo explicaba así después, es que estar escribiendo cuando lo empiezas a abordar así desde lo personal es como estos domadores que todos hemos visto, de repente en videos de YouTube, de este viejo domador que ya confía tanto en el oso que se descuida un segundo y el oso le tira un zarpazo, la novela es igual, si le das la espalda al oso te tira el zarpazo, entonces yo ahí me di cuenta, en ese momento yo me descuide. Revueltas aconsejaba, nunca, nunca, nunca, escribas y bebas al mismo tiempo, y yo según yo acá en el lugar común: ah, no pasa nada; Hemingway también, y eso que los dos eran alcohólicos, los dos dicen: no, una cosa es escribir y otra beber, porque realmente cuando estás escribiendo estás abriendo la compuerta de tus demonios interiores, entonces te emborracha más eso que el alcohol, pero el alcohol sí es un catalizador que equivale a esta distracción del domador, entonces, las anécdotas llegaron haciendo un ejercicio de honestidad conmigo mismo, muchos muchísimos de los pasajes son autobiográficos y resultaba doloroso escribirlos, pero yo sabía que si le quería entrar al toro por los cuernos no quedaba de otra, tenía dos años escribiendo el ensayo y de todos modos sentía que estaba remotísimo todavía el tema, entonces dije, vamos a entrarle de manera brutal y despiadada, y fue como salió la novela.

EA: ¿Ese mismo enfrentarte con los sentimientos o con la emoción de lo autobiográfico te permitió decidir sobre el género con que escribías cada uno de los capítulos? Porque esa es otra de las cualidades de la novela, abordas la crónica, hay ensayos sicológicos, largos monólogos de los personajes…

VA: Yo le hacía esa pregunta a Leñero cuando lo visitaba y también a mi maestro Federico Campbell, un maestro más cercano, con Campbell llegamos a tener una relación de familia incluso, de que nos decíamos familia y siempre los andaba yo jodiendo con esas preguntas, curiosamente tenían la respuesta, que habían sido periodista, que habían sido narradores, que habían sido reseñistas, guionistas y decían cada historia pide su género, cada historia pide su forma, y a veces nada más hay que saber escuchar qué es lo que te está pidiendo. Se parece un poco a cuando vas en carretera y sabes que hay una desviación del lugar a donde vas, de pronto ves un letrero y dices ¡chin!, ya me pasé, hay una cosa al menos como de necedad, eso a mí me pasa, primero negar que te pasaste, no, igual por donde voy, voy bien, pero tarde o temprano llega el momento en que dices no, sí me pasé, ya me di cuenta que el mapa dice que era por ahí, y no queda otra más que regresarse, eso pasa cuando escribes una novela y dices, no pues, un poco para tomar distancia voy a hacerlo de otra manera, y sabes que vas mal, y sabes que vas mal, entonces es muy doloroso aceptar que te equivocaste, acabas haciéndolo, si quieres que la novela fragüe.

EA: Y el nuevo libro que estás escribiendo, las condiciones son totalmente distintas, ¿cómo te está yendo además de la vara tan alta que te pusiste con esta?

VA: No puedo hablar mucho de las condiciones específicas en que la estoy escribiendo, pero tienes razón, por varias razones es una circunstancia que no estoy exagerando, es una novela escrita en circunstancias extremas, ya cuando salga el libro, que espero que sea pronto, verás por qué, pero ese es el reto de cada libro, la verdad es que lo he disfrutado como ningún otro y es en esos momentos donde se me olvida la vara alta, te decía hace rato, por sistema antes hacía esto de, cuando llegaban las primeras traducciones las ponía a un lado del escritorio y dije, no, ni madres, yo sigo teniendo mis libros de Leñero, mis libros de Gabo, de Campbell, de Twain, y me olvido lo que hayan dicho mis libros, los escritos por mí, entonces en los momentos en los que logro disfrutar, a veces con mucho dolor, pero que logro disfrutar esta tarea es cuando han salido las cosas, siento.. sin ningún temor te diría que el libro que estoy escribiendo ahorita es mucho, muchísimo mejor que Huesos de San Lorenzo, de hecho, lo quiero más que a Huesos de San Lorenzo. La vida me ha dado dos-tres cachetadas bien dadas desde que publique Huesos de San Lorenzo y he tratado de aprender de esas cachetadas, ya platicaremos de ese libro.

EA: ¿Tú hermano ya leyó la novela?

VA: Sí, la leyó desde que ganó el premio. Fíjate que como yo vivía en Buenos Aires cuando la mandé a concursar, pero mandar el paquete desde Buenos Aires costaba casi lo mismo que el boleto de avión para venir a dejarlo, entonces lo que hice fue pedirle a mi hermano que él armara el paquete y lo mandara a concursar, le mandé el manuscrito por correo electrónico, dije, ahí por fas imprime esto y mándalo, y cuando la novela gana el premio dice: Ah, es eso que yo mandé, ¿verdad? Ah, lo voy a leer, y le dije mejor ven a leerlo acá a la casa y me dice por qué, no pues… ya sabrás. Entonces llegó a mi estudio, se sentó en un sillón y se aventó 4-5 horas de lectura ininterrumpida, y pues yo nada más me asomaba a ver qué estaba pasando. Cuando terminó de leer nomás se puso de pie y dijo ¡chingao! Y se metió al baño, salió unos 6-7 minutos después y dijo: ¿y cuál de los dos soy yo? Él escribe, es un gran versificador, es dramaturgo, tiene el Premio Nacional de Bellas Artes de Dramaturgia, entonces entiende cómo funciona esto de la literatura, claro que entenderlo no te libera del madrazo… En un par de presentaciones ha ido él a presentar la novela diciendo que soy yo, es un juego que seguimos jugando, luego somos Tom Canty y el príncipe. La respuesta, es el clásico que viene en el libro: ¿eres tú o tu hermano? Soy mi hermano.

The Author

Edilberto Aldán

Edilberto Aldán

Director editorial de La Jornada Aguascalientes
@aldan

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