Opinión

Yo con AMLO / Esencias viajeras

He estado ahí, siguiéndolo, acompañándolo, aprendiendo, coincidiendo, disintiendo, he estado ahí con él junto a millones, he estado ahí más de la mitad de mi vida con su actuar como referencia política que encabeza y agrupa a millones de mexicanos que creemos que otro país es y debe ser posible.

Comenzó a ser un referente para mi a finales de los noventa con el fuego incendiario de sus ideas, de su discurso político y social en una verdadera oposición al régimen poderoso e intocable que gobernaba el país por décadas, yo era un joven de bachillerato y algo coincidente me reflejaba, su rebeldía y la mía “ser joven y no ser revolucionario, es una contradicción hasta biológica” apuntaría Salvador Allende.

En esos tiempos supe de su humilde origen en Macuspana, Tabasco, entendí sus ideas en base a conocer su trayectoria como político y luchador social viniendo de un Sur olvidado y postergado, conocí de sus impulsos a finales de los setenta por reformular el partido oficial en sistemática descomposición plagada de pragmatismo económico y político, él desde su origen fue un político incómodo hasta para el partido que representaba, ya entrando los ochenta seguía inquietando, sugiriendo, exigiendo formar comités de base para transparentar presupuestos y programas sociales, a finales de esta década y ante la vieja imposición del candidato oficialista para la presidencia de 1988 integró la facción Corriente Democrática que buscaba dar aires renovados al viejo partido, ahí estaba él cuestionando lo heterodoxo e integrando voces disidentes junto a líderes históricos de la izquierda en el Frente Democrático Nacional que enfrentarían al establishment, la legitimidad de las elección presidencial sería altamente cuestionada por la sociedad en un sistema electoral artificial, él había contenido ya fuera del partido oficial para ser gobernador de su natal Tabasco. En 1989 fundaría con otros grandes personajes el Partido de la Revolución Democrática que le daría al país una oposición crítica y aguda, volvería a contender por la gubernatura de su estado en 1994, la engrasada organización presupuestal y logística del oficialismo lo volverían a dejar en segundo lugar. Las lecciones las aprenderá con la vía democrática como único camino posible.

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Y ahí lo vi un 2 de julio del año 2000 obtener la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal una de las urbes más complejas y grandes del mundo, con la naciente estafeta de ser una ciudad gobernada por la izquierda desde ese entonces y hasta nuestros días, lo vi ahí periódicamente en la rueda de prensa que organizaba diariamente a las seis de la mañana en diálogo con la ciudadanía y la prensa explicando cuestionamientos y transparentando la información día con día. Viví la transformación de la capital del país, la inversión en infraestructura, en cultura, en desarrollo de políticas públicas, en salud, en educación, con la vocación social de un gobierno popular, vi la renovación del Centro Histórico de la ciudad por décadas olvidado, el rescate de sus espacios públicos y privados mediante la acción de un político que dialoga y concisa con empresarios, intelectuales, inversores, artistas y organizaciones sociales.

Estuve ahí en su intención por competir por la presidencia del país y estuve ahí en el proceso ruin y perverso del desafuero en 2005, estuve ahí indignado igual que él cuando piso el Congreso de la Unión, cuando no hablo desde la máxima tribuna y dio uno de los más memorables discursos que se han pronunciado en ese recinto, palabras, ideas y verdades que aún resuenan en ese lugar tan desmoronado por la arrogancia, la ineptitud y la corrupción. Estuve ahí como parte de la muchedumbre que veíamos a un líder honesto, capaz y tenaz para encabezar un movimiento político, social y cultural de millones de mexicanos. Estuve ahí en cada golpe bajo, en la guerra sucia, en los spots del miedo, estuve ahí en un largo 2006 en su primera campaña por la presidencia del país, en las acciones de desprestigio y odio de la televisora monopólica, los consejos empresariales, católicos y de todos aquellos que pretenden mantener el status quo de intereses sectoriales en donde la población y las minorías poco importan.

Estuve ahí votando por él ese primero de julio, millones esperamos los resultados aquel domingo por la noche viendo la siniestra maquinaria actuar en contra de los intereses de un pueblo, espere como esperamos todos aquellos millones que creíamos en un modelo alterno de nación, anunciaban que no se podía definir un ganador, pasaron los días y estuve ahí despierto la madrugada que se informo a quien habían impuesto como ganador y así de golpe millones de mexicanos despertábamos de una democracia ficticia y simulada la cual tanto habían cacareado que había madurado, estuve ahí en la incredulidad y la indignación, ahí en la presentación de pruebas que exhibían cada una de las atroces irregularidades de un fraude electoral. Estuve ahí en la exigencia popular y legitima de transparentar una elección por la salud democrática de la República cobijados bajo el lema Voto por Voto, estuve ahí cuando el máximo Tribunal de Justicia se negó a abrir los paquetes electorales, estuve ahí presenciando el cinismo de los oponentes y la alianza de sus partidos para la protección de sus intereses contrarios a lo que había elegido una nación.

Estuvimos ahí con él en pie de lucha defiendo mi voto y el de millones de mexicanos, ahí en el Consejo Ciudadano de la Resistencia cuando ciudadanos de todas partes del país reunidos en el epicentro histórico y político de la nación aprobamos hacer un campamento permanente en el Paseo de la Reforma, ahí día con día en resistencia civil pacífica, dialogando, gestionando, pensando el país con gente de diversos orígenes, ahí juntos abanderando una causa justa y pidiendo disculpas por las molestias que ocasiona construir un país democrático con ideales de justicia social y desarrollo equitativo con la acción política como transformadora de la realidad. Estuve ahí cuando fue Presidente Legítimo en un acto de dignidad y resistencia simbólica que fungió como pararrayo de toda la indignación y el malestar popular, canalizando esa energía en replantearse una nación con cambios profundos en un sistema decadente, estuve ahí con el “loco” y miles de hermosos locos colmando la plaza en la emotiva toma de protesta un 20 de noviembre de 2006. Estuve ahí los próximos años, viéndolo trabajar incansablemente, volver una vez más a recorrer todo el territorio, a dialogar con la gente, a reunir expresiones de descontento, malestar y dolor en un país que devastaban los que espuriamente gobernaban y que se legitimaban en base a violencia y atrocidad.

Estuve ahí en una nueva lucha, en una nueva aventura en 2012, otra vez enfrentando al poder establecido del viejo partido que en nada había cambiado y que regresaría a implantar su decadencia y corrupción a mansalva, pero él tenazmente seguía convenciendo y sumando más mexicanos esperanzados en un cambio profundo de valores políticos y dignidad hartos de gobiernos ineptos. Otra vez coludidos con el poder los monopolios comunicacionales y empresariales encumbraron una figura artificial, frívola y hecha a medida para seguir expoliando al país, sumirlo en una violencia exacerbada y profundizando desigualdad, de nuevo como un guión en calca vi las operaciones políticas ilegales y la enorme maquinaria logística del viejo partido que esta vez venía más aceitada y afinada con enormes recursos públicos y privados de inexplicable procedencia sumado a la ineficacia sistemática de un Instituto Electoral como juez y parte en un actuar faccioso, así volvieron a imponer sus intereses y blindar sus negocios al amparo de la ley, volvieron a ensuciar una elección, no entendieron como aquella primera vez que no se la robaban a él o al partido que representaba, se las robaban a México.

He estado ahí con él casi un par de décadas hasta llegar a este punto, apenas vendrá el comienzo, el recorrido ha sido largo, lleno de luchas, de enseñanzas, de derrotas y victorias, de contradicciones, de disensión y consenso, he estado ahí en la plazas, en las calles, en los mítines, en los encuentros con la militancia, con los campesinos, los universitarios, con la gente, él recorriendo el país una vez más, valiente, honesto, trabajando por el bien común, estando ahí junto a millones de mexicanos que representan otro modelo de patria en un proyecto de nación alterno con el Movimiento de Regeneración Nacional como estandarte y como esperanza, no es un proyecto de un solo hombre somos millones los que estamos ahí apoyando a un patriota entregado a su pueblo. Aquí estoy y ahí estaré el primero de julio y los días venideros.

 

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Néstor Damián Ortega

Néstor Damián Ortega

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