Opinión

45 / El Foro

En la historia de las sociedades existen acontecimientos históricos que marcan de manera permanente el curso de su porvenir. No son muchos los sucesos que, por su trascendencia o importancia, se traducen en un parteaguas para la historia de una comunidad. El caso de Aguascalientes es un ejemplo de lo anterior, puesto que, si bien es un estado lleno de riquezas y cultura, no menos cierto es que los acontecimientos que resultaron determinantes para el decurso de su historia son contados.

Hoy, precisamente hoy, se cumplen 45 años de uno de esos acontecimientos que hicieron de Aguascalientes lo que es el día de hoy: la fundación de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, suceso que es (como lo he escrito antes, para mí) el acontecimiento más importante del siglo XX en este estado.

Esta entidad, tal y como la conocemos hoy en día, no se entiende sin la existencia de su universidad. La transformación del Instituto Autónomo de Ciencias y Tecnología, mediante acuerdo tomado en sesión del ahora Consejo Universitario de 19 de junio de 1973, en Universidad Autónoma de Aguascalientes, trajo consigo un barrilete cósmico de sueños y oportunidades para las nuevas generaciones de nuestra ciudad. Es posible que hayamos normalizado el abanico de oportunidades que supone la existencia de una universidad en nuestro estado, llegando incluso a infravalorar su importancia. Para evitarlo, es preciso un poco de historia.

Hoy, en al año 2018, cualquier joven con edad suficiente para ingresar a la universidad puede tener acceso a las múltiples opciones, públicas o privadas, de educación superior en nuestro estado. Convertirse en un profesionista en nuestro estado, hoy, es algo sencillo y posible, teniendo la suficiente voluntad y el suficiente ánimo.

Antes de 1973 no era así. Antes de que el contador Humberto Martínez de León, rector fundador la UAA tuviera la visión y arrojo de fundar la primera Universidad en nuestro estado, tener acceso a educación superior era algo exclusivo de las clases privilegiadas que podían, con un mayor o menor esfuerzo, enviar a sus hijos a estudiar la universidad a San Luis Potosí, Jalisco, Guanajuato o la Ciudad de México. El resto, tendría que conformarse con el bachillerato, al margen de su capacidad y ganas. Para don Humberto, esto era que en su querido Aguascalientes no debería seguir pasando. Hablemos un poco de esta visión.

Escuche alguna vez una frase que ahora reproduzco: “alguien a quien todo le ha sido dado, no entiende la mayoría de las cosas de la vida: no conoce el miedo, que no es más que la oportunidad para ser valiente; no conoce la insatisfacción, que es el combustible de la trascendencia; no conoce la frustración, insumo necesario para la empatía”. La frase viene a propósito de la visión del hombre del que vamos a hablar, Humberto Martínez de León.

Cuenta el rector fundador de la UAA que, en su juventud, vivió en carne propia la frustración que significa querer estudiar una carrera universitaria y no tener la oportunidad de hacerlo en su estado. Gracias a su voluntad, logró convertirse en contador y el resultado de su frustración fue la empatía, entender que otros vivieron y seguían viviendo lo que él, viéndose obligados a abandonar el sueño de tener una carrera profesional.

Pudo haber tomado el camino fácil: tomar su título de contador y construirse un futuro profesional a partir de él. Hubiera sido más sencillo asumir una postura egoísta y dedicarse a vivir su vida transitando de un cargo público a otro, a pasar de una empresa a otra o de un cliente a otro, persiguiendo únicamente lo necesario para satisfacer sus propias necesidades. Quizá no tenía necesidad alguna de afrontar todos los desafíos que la creación de una universidad representaba. Hubiera sido más cómodo, más sencillo, hubiera sido facilísimo, pero no sería el espíritu universitario.

Llegó a ser profesor del IACT, para después ser designado su director y así, en 1973, convertirse en el primer rector de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, dotando al estado de su primera universidad y junto con ella, de una nueva visión para su futuro. La materialización de esa visión, es hoy una realidad.

La historia de la creación de la Universidad ha sido contada más de una vez y puede ser consultada en no pocos libros. Es una historia sin duda emocionante. Pero quizá lo relevante en la conmemoración de su 45 aniversario es sin duda, lo que la universidad debe significar para quienes estudian o llegamos a estudiar en ella. Una propuesta personal para responder a esa pregunta la sintetizo en una sola palabra: responsabilidad.

Alumnos y egresados de la Universidad, por el simple hecho de pertenecer a esta comunidad, tenemos una gran responsabilidad para con la sociedad, puesto que hemos sido beneficiados, gracias a los impuestos de la gente, con el privilegio de la educación superior, a la que solo el 17% de la población de nuestro país, según datos de la OCDE, tiene acceso.

Que el lector no se confunda, el pertenecer a ese privilegiado espectro de la sociedad de ninguna manera nos vuelve superiores. De hecho, todo lo contrario. El tener el tratamiento de Licenciado, Ingeniero, Arquitecta, Contadora, Doctor o Maestro que obtenemos al recibir un título de una Universidad Pública nos obliga, quizá más que a cualquier otro, a ser ciudadanos ejemplares y dar más aún de nosotros a la sociedad, en retribución al privilegio que nos fue dado.

A 45 años de su fundación, la Universidad Autónoma de Aguascalientes se ha consolidado como la mejor institución de educación superior de nuestro estado. Lo vuelvo a escribir: la Universidad Autónoma de Aguascalientes se ha consolidado como la mejor institución de educación superior de nuestro estado. No se escribe con aire de superioridad, se escribe para dejar constancia del tamaño de la responsabilidad social que aceptamos gustosos quienes nos reconocemos orgullosamente Gallos.

Hoy, en el aniversario de la Máxima Casa de Estudios de Aguascalientes, sus egresados y alumnos debemos decir Gracias. Gracias a la Universidad y gracias a los millones de mexicanos que con su trabajo permitieron que viviéramos la gran experiencia de ser universitarios.

Hoy es un buen día para decir gracias donando al Fondo de Crédito y Becas de la UAA, o aportando nuestro conocimiento técnico a alguna clase de voluntariado o sencillamente siendo un buen ciudadano, una buena persona. Esa es la obligación de un universitario. Es así como aspiramos a honrarte en día (y todos los días).

 

Feliz cumpleaños, Universidad. Se lumen proferre.

 

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José Luis Álvarez Sánchez

José Luis Álvarez Sánchez

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