Opinión

A la calle: De la sumisión a la visibilidad organizada / Un cuarto propio

 

Únete, mana, no somos del PRI

Somos las jotas luchando por ti…

 

Así comenzó aquella marcha en Aguascalientes, ya era el 2002 las movilizaciones habían ocurrido en más de una ocasión, regularmente las marchas de orgullo se hacen una vez al año, pero a raíz de aquel letrero del balneario Ojocaliente se habían hecho incluso marchas hasta por tres veces, aunque no eran marchas de orgullo sino de protesta por las condiciones que se vivían en el estado principalmente la homo, lesbo y transfobia social, el abuso policiaco, la violencia institucional y desde luego la exclusión familiar así que algo era seguro, la población LGBTTTI ya no estaba dispuesta a volverse a meter al clóset a soportar las detenciones, los abusos, la humillación de una sociedad, un gobierno y hasta una iglesia que guardaba la basura bajo la alfombra, que escondía la violencia y la discriminación contra un sector de su población fingiendo ser un lugar de paz y de buena convivencia, hasta entonces quedó en entredicho aquella famosa frase de la tierra de la gente buena, pues en México y el mundo el letrero del Ojocaliente dejaba al descubierto la intolerancia que la diversidad sexual padecía.

Esa tarde comenzaron a llegar compañeras y compañeros, alguno con antifaz, otros guardados en las esquinas a distancia de forma discreta, la gente que pasaba se detenía, alguna visiblemente molesta comentaba cosas, otra se reía y comenzamos a caminar con una bandera arco iris grandísima, muy larga aunque no llegamos a ser ni 50 personas marchando aquellas primeras 30 salimos con la cara en alto.

 

Los padres se preguntan sus hijos dónde están

Se fueron a la marcha de orgullo homosexual

 

Al recorrer las calles principales del centro de Aguascalientes entre la gente que miraba, irrumpiendo se abrió paso una señora entre la marcha acompañada por un familiar y sin mediar palabra comenzó a perseguir a uno de los protestantes, él corrió para escabullirse de ella pero ella le gritaba que se detuviera y algunas injurias, resulta que era la mamá de un chico gay, que se había enterado que su hijo estaría en la marcha y eso le había indignado, pese a que las amigas y amigos buscaron cubrirlo no fue suficiente, ella lo alcanzó.

En todos los noticieros de televisión, en periódicos, en la radio, en todos lados se hablaba de la marcha de homosexuales, donde quiera que nos metíamos a comer o tomar un jugo la gente de los negocios nos miraba o nos preguntaba sobre nuestro movimiento: ¿Y qué quieren, y por qué marchan, oigan es cierto que ustedes quieren que toda la gente se vuelva homosexual, y entonces van a desaparecer los niños si todos nos volvemos homosexuales y no les da miedo el infierno, entonces usted quiere ser hombre y él quiere ser mujer?

Así nos inundaban de preguntas pero la organización estaba muy sólida y unida entonces nos deteníamos y hablábamos con la gente, mientras el gobierno decía que no podían hacer nada a favor de nuestros derechos porque la sociedad de Aguascalientes no estaba preparada para “esto” (tal como ahora varios políticos lo siguen afirmando) así evadían su responsabilidad entonces decidimos hacer un ejercicio ciudadano pequeño pero importante. Decidimos hacer un sondeo en la exedra con un cuestionario que preguntaba cosas como ¿Usted cree que las lesbianas y homosexuales no deben tener derechos? ¿Usted cree que por ser homosexual o lesbiana se nos debe prohibir la entrada a lugares públicos? ¿Cree que lesbianas y homosexuales debemos tener los mismos derechos que todas las personas? Y en ese sentido eran las preguntas que habíamos puesto en el sondeo, con cuatro mesas instaladas en distintos puntos de la exedra estuvimos 3 días pidiéndole a la gente que respondiera y así lo hicieron, para nuestra sorpresa y sorpresa de las autoridades tanto del gobierno municipal como del estatal la gran mayoría de personas que habían respondido pensaba que debíamos tener los mismos derechos y el mismo respeto que cualquier otra persona, eso sin duda nos hacía sentir un apoyo grande de la gente. A una mesa se acercó un hombre de sombrero vaquero, botas, barba y bigote, muy cerca de mí al oído, discretamente me dijo, gracias por estar luchando por nuestros derechos.

Por las noches la exedra, las bancas de cantera seguían siendo nuestro centro de reunión ahí estábamos hasta las 2 o 3 de la mañana organizándonos, ahí fue donde se planeó el primer y hasta hoy único plantón a las afuera del palacio del gobierno municipal, se instalaron las casas de acampar, las compañeras y compañeros gay y transgénero principalmente quienes se dedicaban al trabajo sexual fueron quienes alimentaron el plantón: ¿Ya comieron? No, nada más cenamos ayer pero hoy nada de nada. Deja ahorita vengo. Una hora después llegaban con charolas de perros calientes, gorditas, chocos, biónicos, también así se financió los cientos de volantes, las mantas, las copias, y luego se fueron sumando personas que apoyaban anónimamente, principalmente quienes trabajaban en el gobierno pero no podían hacerse visibles aunque apoyaban y se fue haciendo una red importante solidaria con el movimiento, más tarde las organizaciones civiles de mujeres, derechos sexuales y reproductivos, las de derechos humanos nos brindaron todo el apoyo, en todos los sentidos, entonces el movimiento LGBTTTI ya había logrado un lugar político propio.

 

A mí no me gusta el PAN

A mí no me gusta el PAN

Me encanta la tortilla que es producto nacional

 

El campamento se compuso de varias personas que no tenían donde dormir, así como Gaby, una lesbiana que había decidido participar en el movimiento y que su familia aquel día de la marcha no le permitió volver a entrar a su casa, le sacó sus cosas a media calle así como ella hubo varios casos de quienes fueron expulsados del edén familiar que según ahí contábamos por la madrugada cuando se compartían historias entre las jardineras de la exedra, la verdad es que las familias eran un auténtico infierno para la mayoría. Recuerdo bien un joven gay que nos contó que una noche mientras dormía en su casa escuchó susurros que le interrumpieron el sueño y cuando logró despertar se dio cuenta que su cama estaba rodeada de veladoras encendidas mientras su papá rezaba, y su mamá y hermanos permanecían hincados pidiéndole a dios que sacara el demonio de él para que dejara de ser homosexual, el miedo lo invadió y desde entonces ya no podía conciliar el sueño por miedo a que dormido le hicieran algo horrible, así que él también decidió irse de casa.

Lo que vimos hace algunos días en el Ángel de la Independencia en la Ciudad de México aquella foto famosas de la bandera de México y la bandera arco iris unidas ondeando por lo alto, que simbolizaba un reconocimiento pleno a la presencia y visibilidad de la comunidad LGBTTTI, hace años ocurrió en Aguascalientes cuando por aquellos años, ese 15 de septiembre después del plantón y de varias marchas de protesta, decidimos salir al menos unas 70 personas de la diversidad a ondear las dos banderas juntas mientras recorríamos la plaza de las armas entre toda la gente que asistió al grito del 15 de septiembre, porque era la celebración de la Independencia de México, pero también la nuestra, por la visibilidad y el derechos a existir y expresar nuestra diferencia amorosa.

César y yo habíamos estado todos esos días, casi un mes en Aguascalientes. Había sido una de varias visitas pero él se tuvo que regresar a su trabajo al Instituto de la Juventud, yo me había quedado y fue allí, por eso días que decidí que el lugar donde iba a vivir no era ni Chiapas, ni Veracruz que tanto me gustaron, sino Aguascalientes, aquí era posible un movimiento fuerte, organizado, autónomo, congruente, sin lugar a duda en ese tiempo surgieron los liderazgos más visibles e importantes en las calles, con las bases del movimiento y también fue por esos días que conocí a Paco, la Oaxaca, un indígena homosexual recién llegado del istmo de Tehuantepec donde casi se junta el Pacífico con el Golfo de México, un encuentro maravilloso de un gran activista como no hemos vuelto a tener uno, con conciencia de clase con un entendimiento sobre el racismo, alguien que sencillamente dio todo al movimiento en el que creyó. Una vez hablando por teléfono con César riéndose me dijo, ya te vas a quedar por allá, verdad, a poco te vas a quedar a vivir con la Oaxaca. Yo respondí en silencio para mí misma, sí, esta vez sí me voy a quedar.

Faltaba más organización necesitábamos más y desde luego hacían falta las lesbianas.

 

*Fragmentos del texto: Historia del movimiento LGBTTTI en Aguascalientes en proceso haciendo referencia y dedicados al mes del Orgullo LGBTTTI en Aguascalientes. Chuy Tinoco 2017

 

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