Opinión

Brahms y Dvorak, en el quinto concierto de temporada / Orquesta Sinfónica de Aguascalientes

Desde que vi el programa de conciertos de la segunda temporada del año de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, me quedó claro que este quinto concierto realizado el viernes 22 de junio se trataba, sin duda, del mejor, esto lo digo sin ánimos de menospreciar o quitarle méritos a cualquiera de los otros conciertos que dan vida a esta segunda temporada del año 2018.

Un programón sin la menor duda, Johannes Brahms, el gran custodio de la tradición musical vienesa pero siendo lo suficientemente atrevido para proponer un lenguaje novedoso en el romanticismo alemán, y Antonin Dvorak, uno de los compositores nacionalistas más comprometidos con el folclore de su natal Bohemia, hoy República Checa, pero no sólo se trata de dos grandes compositores del siglo XIX, sino de las obras de estos dos gigantes del romanticismo musical. De Brahms su Obertura Trágica, la semana pasada escuchamos la hermana mayor, la del Festival Académico, esa que a decir del propio compositor, ríe de alegría, la otra que el maestro compuso paralelamente es la que llora, la Trágica, ambas terminadas en 1880. Después de esta demoledora e hipersensible ejecución del maestro Areán, titular de la OSA, de la Obertura Trágica de Brahms, escuchamos el Concierto para violoncello y orquesta en Si menor, OP. 104 de Antonin Dvorak, con la participación del maestro Roberto Trainini en el instrumento solista.

Después del intermedio escuchamos la sublime Sinfonía No.4 en mi menor, Op.98 de Brahms. Como ya lo he comentado líneas arriba, la dirección estuvo a cargo del maestro José Areán.

No hay duda de que el Concierto para cello de Dvorak es uno de los más conocidos del repertorio concertante para este instrumento, seguramente porque es uno de los más ejecutados, pero la belleza de sus motivos musicales y el tratamiento que el compositor hace de esta partitura, justifican ese favoritismo que por esta obra sienten cellistas, directores, orquestas y el público melómano desde el siglo XIX hasta la fecha.

El maestro Trainini hizo un trabajo extraordinario, una interpretación, no nada más lectura, una verdadera interpretación de tan genial partitura con una sensibilidad que terminó por desbordarse específicamente en el intenso y elocuente Adagio ma non troppo, el maestro Trainini alcanzó momentos de excelencia, logrados, sin duda, por sentirse perfectamente, más que acompañado, yo diría, arropado por la inteligente batuta del maestro Aréan y con la siempre puntual y convincente respuesta de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes. Si buscáramos un término para definir el trabajo del maestro Roberto Trainini yo diría que quitando lo evidente, es decir, un dominio técnico del instrumento y un dominio absoluto de la partitura que le fue encomendada, me atrevo a afirmar que la palabra que mejor lo define es sensibilidad. De hecho fue un derroche de sensibilidad, acompañada por una deslumbrante elocuencia, no sé si la elocuencia sea consecuencia de la sensibilidad o viceversa, pero sí me queda claro que fue un círculo virtuoso muy bien logrado.

Fue un concierto largo, dos obras, la sinfonía de Brahms y el concierto de Dvorak que rondan los 40 minutos, además de los casi 15 minutos de la obertura Trágica, no obstante el flujo del tiempo no se sintió, seguramente porque la música nos atrapó y nos mostró su mejor cara.

Después del intermedio, para esto eran ya casi las 10:30 de la noche, inició una muy convincente Sinfonía Cuarta de Brahms, la última de las que él compuso. El maestro Areán la trabajó con una naturalidad asombrosa y una convicción que se obtiene del trabajo arduo en los ensayos. Curiosamente, y esto lo menciono solo como una simple curiosidad, el tercer movimiento de cada una de las cuatro sinfonías brahmanas es de muy corta duración, éste, un allegro giocoso no fue la excepción, poco más de los 6 minutos.

Me gustó y convenció la propuesta que nos dejó el maestro José Areán de esta sinfonía. Fíjate que con Brahms, uno de mis compositores favoritos, junto con Bach, Beethoven, Bruckner y Mahler, me sucede algo muy curioso, si estoy escuchando la primera  de sus sinfonías, cometo el atrevimiento de decir que esa es mi favorita, pero si estoy escuchando cualquiera de las otras tres digo exactamente lo mismo. Ayer en la tarde, escuchando esta sinfonía cuarta previo a asistir al concierto, por cierto que ya entrados en calor, escuche las cuatro seguidos y respetando la numeración, concluí que son la segunda y la cuarta mis favoritas, pero seguramente, si la OSA programa próximamente, no sé, la tercera o la primera, seguramente me meteré en aprietos, pero bueno, ya estoy acostumbrado a estos impulsos que me provoca lo que estoy escuchando en el momento.

La próxima semana, en el sexto concierto de temporada veremos dirigir al maestro Román Revueltas dirigir una obra de su autoría, se trata de Dona nobis pacem. Después vendrá la Sinfonía No, 94 La sorpresa en sol mayor de Haydn para terminar con la Sinfonía No.1 en fa menor de Dmitri Shostakovich. Es la primera ocasión que el maestro Revueltas dirige la Sinfónica después de dejar el puesto el año pasado, no olvidemos que le ha sido del director con más tiempo al frente de nuestra máxima entidad musical, 12 años y esto no es cualquier cosa.

La cita con su majestad la música es el viernes 29 de junio a las 21:00 horas en el Teatro Aguascalientes, todavía la casa de nuestra Orquesta Sinfónica. Por ahí nos veremos si Dios no dispone lo contrario. Hasta entonces.


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Rodolfo Popoca Perches

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