Opinión

Confianza en la ciudadanía / Debate electoral

A vísperas de la elección más grande que haya vivido el país en su historia, tanto por el número de cargos a elegir, como por los ciudadanos que podemos participar en ella ya sea como autoridades electorales, funcionarios de casilla, candidatos, candidatos independientes o potenciales votantes, viene a mi mente la idea que he sostenido dentro del tiempo que he trabajado en cuestiones electorales: para nosotros, durante los procesos electorales cualquier situación se magnifica.

Y no estoy hablando de los horarios de trabajo. Es cierto que, dado que la ley contempla que para la materia electoral la actuación de la autoridad debe ser lo más expedita posible y por lo tanto todos los días y todas las horas son hábiles. Ello nos obliga de inicio a ampliar el horario de atención al público en oficinas centrales y habilitar personal en órganos desconcentrados. A sesionar muy de mañana o bastante tarde, y por consiguiente, a estar menos tiempo con la familia o, incluso, no solo a perdernos fiestas de cumpleaños, bodas o cualquier celebración, sino hasta a veces posponer citas médicas o asuntos personales con la consabida frase de “luego que pasen las elecciones”.

Pero como apuntaba, quizá eso de las horas invertidas sea lo de menos. Verdaderamente todo se magnifica. Imagine usted que la autoridad electoral olvidase incluir una urna en cada casilla, cuestión que de antemano le aseguro que nunca va a suceder, porque tenemos los mecanismos impuestos y probados para hacer frente a esa contingencia. Pero para los efectos de la presente reflexión, imaginemos por un momento un error así. Pues ese error se multiplicaría a la milésima quingentésima octogésimo novena potencia, es decir, ese número inimaginable que corresponde a haber fallado en cada una de las casillas que se instalarán en el territorio del estado.

Es por eso, como lo comentaba, que la autoridad ha diseñado una serie de mecanismos que sirven para solventar las posibles contingencias que pudieran suscitarse. El alma de la elección, que son los cientos de trabajadores denominados Capacitadores Asistentes Electorales, mejor conocidos como CAES, desde hace meses han estado insistente e incansablemente trabajando en todas las secciones en que se divide electoralmente el Estado para revisar que las casillas se instalen donde deben, con las condiciones necesarias para garantizar la participación, integradas con las personas que deben estar, con los conocimientos que mínimamente deben adquirir, de tal suerte que el voto se cuente y se cuente bien. Mi reconocimiento para ese ejército de mujeres y hombres que serán los ángeles de la guarda, como asistentes de los funcionarios de casilla, durante el tiempo que dure la Jornada.

Y así, con el clima que genera una contienda, una declaración, un gesto, una palabra mal entendida, se multiplica exponencialmente. Pero, como las dos caras de una misma moneda, también las alegrías se multiplican con la misma intensidad. Al finalizar la jornada electoral, con la satisfacción del deber cumplido, el ver y reconocer a la gente que le regaló un día a su país, que ayudó a contar votos, que a pesar de distancias o de inclemencias del tiempo acudió a votar, que se entregaron los paquetes en tiempo y forma, y que hasta merecemos por ahí una felicitación por el trabajo realizado, el buen sabor de boca también se multiplica, no por mil, sino por un millón de veces.

Contra lo que algunas personas creen, la autoridad administrativa electoral ese día no cuenta los votos. Son los ciudadanos, nuestros vecinos quienes lo hacen. Confiemos en ellos. Han recorrido un proceso que comenzó desde su insaculación a principios de año, y a lo largo de los días se han capacitado para tan importante labor. Quienes tendrán la mayor responsabilidad son quienes fueron designados presidentes de la casilla. Ellos serán citados a partir del próximo lunes para que reciban en propia mano el material y la documentación electoral.

Nuestra gente se ha caracterizado por su responsabilidad. No es de ahora, sino tradicionalmente los presidentes han recogido el paquete (sí, con boletas y actas incluidas) con anticipación a la Jornada, y en ese lapso de tiempo lo han custodiado en sus hogares correspondiendo a lo valioso que resulta. Esta vez no será la excepción. El 1 de julio, en presencia de los demás funcionarios y representantes de partidos y candidatos independientes, abrirán el paquete, extraerán el sobre-bolsa donde se encuentran las boletas, romperán el sello en frente de todos y comenzará el día en el que, responsablemente, transformaremos la boleta en voto.

 

/LanderosIEE | @LanderosIEE


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Luis Fernando Landeros

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