Opinión

Decálogo para mañana y el día después de mañana / El Foro

El día de mañana domingo 1 de julio, sucederá un acontecimiento histórico para el país. Se llevarán a cabo las elecciones más grandes de la historia, en términos del volumen del padrón electoral. 88 millones de personas estarán en posibilidad de votar esta elección. Se renovarán en el ámbito federal, cámara de diputados, de senadores y el presidente de la República; en el ámbito local, elegimos diputados locales. Las campañas que iniciaron en un ánimo de bastante insipidez terminaron en un ambiente de división nacional. Mexicanos atacando mexicanos por pensar diferente. Esta división nos exige reflexión. Esa es la razón por la cual en este espacio comparto una serie de ideas que desde nuestro punto de vista pueden funcionar para vivir una jornada electoral en paz, saludable y democrática. Esto no es un listado de imperativos escritos desde una posición de superioridad moral, es una simple colección de principios escritos en primera persona que parten del sentido común, de un mexicano común a otro.

  1. Voto libre. Esta es, sin duda, la premisa más importante a la hora de ir a votar. Durante las últimas semanas, ha existido un terrible fenómeno en la discusión pública, en el que el debate se reduce en por qué votar por tal o cual candidato es una tontería: eres un vendido si votas por Meade, eres un hipócrita si votas por Anaya, eres un chairo si votas por Andrés Manuel, eres un estúpido si votas por el Bronco. No hay debate público, no hay confrontación de ideas, no hay sana discusión crítica, solo hay bullying electoral, denostación, ofensas cada vez más hirientes.

Esta situación pudo haber provocado en muchos, que ya ni siquiera sientan la confianza de decir públicamente por quién van a votar, ante el temor del linchamiento público. Sin embargo, a esta lamentable situación, debe sobreponerse la libertad. Uno es libre de votar por quien se le antoje, por aquel que crea la mejor opción o cuando menos la más decente. Uno debe salir a votar con libertad, por algo el voto es libre y, ante situaciones como la que estamos viviendo esta elección, secreto.

  1. Voto con la cabeza, no con el corazón ni con el estómago. Si me hicieran la pregunta ¿cuál de los 4 candidatos presidenciales es un demagogo?, diría tranquilamente que los cuatro. En lugar de propuestas, los candidatos se dedicaron a infundir odio, miedo, división, nostalgia y resentimiento. Aún así, nuestra función como votantes es escudriñar entre el polvo y la paja y encontrar las propuestas de los candidatos, evaluarlas y decidir razonadamente lo que creemos mejor para el país. Sin miedo, sin odio, sin resentimientos.
  2. No trato de imponer mis ideas a los otros. Debemos entender que no somos poseedores de la verdad absoluta. Lo vuelvo a escribir, no somos poseedores de la verdad absoluta. No porque yo crea que el candidato por el que yo voy a votar es el salvador, obligaré a mi familia a votar por él. No porque yo crea que el candidato por el que no voy a votar va a convertir a nuestro país en un desastre voy a tratar, con ofensas y ataques, de convencer a mis conocidos de no votar por él. Discutamos las ideas, sin ofensas personales, pero sobre todo sin imposiciones.
  3. No grito, no empujo, no ofendo a otro por pensar diferente. Recibí una cadena de WhatsApp en días recientes que decía algo así como “Programación Neurolingüística para el día de la Elección: Repita después de mi: no voy a hacer una tontería este domingo, no voy a votar por fulanto de tal…”  Y lo único que pensé es ¿quién se cree con la autoridad moral suficiente para decirme que mi decisión de votar por uno u otro candidato es inteligente o no? ¿Soy tonto solo porque no pienso como él o ella? Aguántese las ganas de ofender a otro mexicano, tuvo 90 días para discutir con madurez las ideas de cada candidato. Tuvo tiempo, si lo único que hizo fue compartir memes a favor o en contra de un candidato, pues ya lo desperdició. Deje a la gente votar, no ofenda a un mexicano como usted por el simple hecho de pensar diferente.
  4. No cometo delitos. No hay mucho que decir aquí. Si el lector vende su voto o participa en la compra de estos, no merece quizá la democracia a que aspiramos.
  5. Acepto los resultados: ganó quien tuvo más votos. Si gana el candidato por el que yo voté, no significa que mi país “se salvó del desastre”, solo significa que la mayoría pensó como yo. Si pierde mi candidato no significa que “los mexicanos seamos estúpidos”, solo significa que la mayoría no pensó como yo. Y así pasa en la democracia, se gana y se pierde y quien gana es quien tiene más votos, hasta ahí.
  6. Si gana el candidato por el que yo voté, celebro en silencio. Que horror imaginar los comentarios… “perdió otra vez su mesías malditos chairos, en su cara bola de estúpidos”, “perdió la mafia del poder, no les alcanzaron los frutsis ni las tortas, no les alcanzo el dinero, ahora si ya se quedaron sin hueso, hambreados”. El día después de la elección, todos vamos a seguir aquí. Todos los mexicanos vamos a seguir en el mismo país y con los mismos desafíos. Lo correcto es tener la satisfacción personal de que ganó quien yo quería que ganara, sin darle un cheque en blanco.
  7. Si pierde el candidato por el que yo voté, acepto que la mayoría no piensa como yo. “Mexicanos estúpidos, ahora vamos a estar como Venezuela”, “Mexicanos estúpidos, votando por sus verdugos de siempre, vamos a seguir igual de jodidios”, “Mexicanos estúpidos, díganle adiós a los derechos humanos y a la civilización con este ranchero misógino”, “Mexicanos estúpidos, por primera vez en la historia elegimos a alguien que formalmente está acusado de lavado de dinero y corrupción, luego no se anden quejando”. Ya se imaginaron las opiniones de los que votaron por el bando perdedor, ¿verdad? No lo haga, por favor. Desde cualquier perspectiva, gane quien gane, todos los mexicanos vamos a ser estúpidos (que para mi es otra forma de decir que nadie lo es).
  8. Uso el internet con responsabilidad. Las redes estarán a todo lo que dan el domingo. Usémosla con responsabilidad, no compartamos notas falsas, no ataquemos a la nación. Si pierde mi candidato y publico “Hoy no hay nada que celebrar”, pues que equivocado. Hay que celebrar que hay democracia. Que hay competencia, que estuvo parejo y que siempre habrá una próxima elección para castigar o premiar a los servidores públicos. Hay democracia, gane quien gane, hay que celebrar. Y claro, cuidar que la democracia siga existiendo.
  9.  No hago juicios sumarios del nuevo gobierno. No podemos juzgar a un gobierno que ni siquiera ha comenzado. No podemos decir que Andrés Manuel nos va a convertir en Venezuela o que Anaya va a saquear las arcas de la nación. No tenemos la certeza, no podemos echar las campanas al vuelo ni prever futuros apocalípticos. ¿De verdad cree el lector que más de ciento diez millones de mexicanos dependen única y exclusivamente de un solo hombre? ¿tanto nos achicamos, tan pequeñitos somos como nación? Yo no lo creo. Gane quien gane, no procede un juicio sumario, lo que procede es que como ciudadanos no otorguemos un cheque en blanco a ninguno, vigilarlo, criticarlo y aplaudirlo, premiarlo y castigarlo. Eso pasa en las democracias.

¿Ya hiciste tu parte en la democracia compartiendo mil memes en contra del candidato que odias y yendo a votar?  Claro que no, no hiciste nada. El trabajo de ciudadano a penas comienza y el país, que nos ha dado tanto, quizá merezca más de nuestra parte.

La verdadera responsabilidad no termina con el voto, empieza ahí. Por bien del país, empecemos a asumirla.

 

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José Luis Álvarez Sánchez

José Luis Álvarez Sánchez

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