Opinión

El eco de una elección histórica / De imágenes y textos

En más de dos ocasiones, estimado lector, he manifestado mi humilde percepción sobre la dicotomía en nuestra sociedad, la cual, dicho sea de paso, a veces parece tener una doble y hasta triple identidad. Muy cerca de arribar al llamado día D, una de las fechas más esperadas en la agenda nacional, identifico una serie de acontecimientos cotidianos que nos dividen y me hacen pensar en los riegos de nuestra idiosincrasia. Precisamente al momento de estar preparando estas líneas que amablemente me hacen favor de leer, la ventana del estudio da hacia la calle, angosta, por cierto, escuchaba al vecino y sus secuaces preparar una estrategia para derrocar a la actual mesa directiva del fraccionamiento, vehículo que pasaba lo aleccionaba y convocaba para el miércoles en la noche; gran golpe de estado anunciada un secuaz, la efervescencia por el cambio a como dé lugar. Usted me dirá y eso qué tiene de extraño, en una democracia se vale y las transformaciones son sanas; sí claro, cuando las condiciones lo permiten, déjeme contextualizar. El citado vecino y sus seguidores tuvieron por mucho tiempo la administración del fraccionamiento, en su gestión el manejo de los recursos vía pago de cuota de mantenimiento y renta de casa club fueron opacos, turbios, en pocas palabras no pudieron comprobar ingresos y egresos, nosotros, los habitantes de la primera vivienda nos declaramos en rebeldía y dejamos de pagar la cuota de mantenimiento, no íbamos a seguir dando dinero para la causa personal de otros. Finalmente, las cosas cambiaron, se convocó a una asamblea y se relevó mesa directiva; la nueva se dio a la tarea de resarcir algunos pendientes para sacar adelante la administración del fraccionamiento, sin embargo, esa dicotomía que comentó se magnificó pues los seguidores de los “destituidos” hacen presión para derrocar a esta nueva alineación. Mañana es el día, les dice el vecino, mañana a las ocho y se frotan los bigotes como si se tratara del pleito por rescatar lo perdido, tal vez sí para ellos, pero no para todos los demás. De plano puse música mientras escribía estas líneas, me fastidió escuchar esa sarta de tonterías y el tono en que eran pronunciadas. La reflexión es, en un microcosmos como un fraccionamiento de no más de 95 casas habitadas, en una planta armadora con 3000 empleados tal vez, en una institución de educación pública donde la figura sindical tiene presencia y fuerza, en cualquier organización social siempre encontraremos este fenómeno, los buenos y los malos, los malos y los buenos, los aprovechados y los sumisos, los líderes naturales y los impuestos, las sociedades divididas por los intereses de unos cuantos, y si eso lo escala al día D y al proceso político-electoral que se avecina, las precuelas y los ecos son tremendamente predecibles.

Hay momentos en que parecemos tan civilizados, unidos frente a un objetivo, compartiendo una misma intención, por ejemplo, sin duda el futbol nos une, el mensaje de Javier Hernández y su #imaginemoscosaschingonas escalado a todos los estadios de nuestras emociones definitivamente hacen eco y nos hacen reflexionar. Últimamente nos conectó y llenó de orgullo Guillermo del Toro, qué tal las imágenes solidarias cuando somos una sola sociedad, todos desde nuestra trinchera remando hacia el mismo lado, pero esos momentos son efímeros, duran lo que nuestras ganas de apoyar y ser uno solo, poco.

Ese México es el esperado por todos, por los comprometidos y optimistas, los que ya identificaron que no hay de otra, o estamos unidos o nos carga el payaso. Fue desgastante escuchar a los cuatro candidatos presidenciales ofenderse hasta que se cansaron y además después replicar y magnificar toda esa basura a través de sus presidentes de partido y coordinadores de campaña; no satisfechos, los medios hicieron lo suyo, el papel de los mal llamados líderes de opinión fue igual o peor y lo más delicado es que nosotros los mexicanos pensamos que eso es democracias, libertad de expresión.

Esto de nuestro comportamiento es un efecto en cascada, sí en mi fraccionamiento se pelean por la supremacía, por ver quien roba más, por hacerse tontos a los habitantes de las 95 casas, esto se magnifica y se replica en los trabajos de estos, en los otros núcleos sociales donde se mueven, el fastidiar al de a lado, en pocas palabras, fregarse a todos los que pueda parece estar en nuestro ADN.

Varios Méxicos, más de dos, la confusión de identidad, el resentimiento hacia nosotros mismos, los momentos de solidaridad, la unión gracias a un deporte, la suspensión de labores académicas, empresariales para ver ganar a la selección y soñar con un campeonato que en todo caso, hipotéticamente al lograrlo qué beneficios obtendríamos, nos va a convertir en un solo México, nos unirá, limará todas nuestras asperezas y absurdas diferencias, de ser así entonces que vengan todas las gestas deportivas, culturales y hasta de espectáculos; nada más le digo y no por ser aguafiestas, ya olvidamos que debemos estar orgullosos de Guillermo del Toro.

Tenemos una tarea muy complicada, los egos nos nublan la vista y hacen que el suelo se vea lejos, lejos, como diría mi mujer en tierra de ciegos el tuerto es el rey.

Reflexionamos el próximo jueves ya con un panorama más claro (espero) en todos los ámbitos, con los ecos de una serie de acontecimientos que pueden cambiar definitivamente el eje de este país, dele para adelante que el trabajo nunca se acaba para fortuna de algunos y la oportunidad de sacar del hoyo a esta nación está en cada uno de nosotros, no más egoísmo ni agua para los molinos propios.

 

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Eric Azócar

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