Opinión

El fraude imposible / Debate electoral

Comencemos por las definiciones de fraude, una etimológica, una legal y una literal. La palabra fraude proviene del latín fraus que significa engaño. El Diccionario Jurídico nos dice en su primera acepción, que fraude es engaño, y continúa: “acto de burlar, eludir o dejar sin efecto la disposición de la ley; acto cumplido intencionalmente con la finalidad de perjudicar intereses ajenos en beneficio propio”; para esto, el código penal vigente en la entidad define al fraude genéricamente como obtener ilícitamente una cosa o alcanzar un lucro indebido engañando a la víctima o aprovechándose del error o la ignorancia en que se encuentre. Larousse señala que un fraude es un acto realizado para eludir una disposición legal en perjuicio del estado o de terceros o para burlar los derechos de una persona o una colectividad.

Cualquiera de las acepciones, en su contexto, nos precisa que, más allá del delito, fraude es una mentira. En el léxico electoral, las palabras fraude y electoral, han concurrido en infinidad de ocasiones, aunque en la mayoría, se ha quedado en el plano de las ideas sin materializarse en la realidad.

En dos días más, quienes somos ciudadanos residentes en Aguascalientes y estamos registrados para votar, podremos acudir a las urnas a decidir sobre las personas que habrán de representarnos en la difícil tarea de normar la convivencia social a través de disposiciones legales compiladas en leyes. Los motivos que nos impulsan para salir a votar son tan disímiles como individuales: por obligación, por convicción, por confianza, por fe, por castigo, por premio, por futuro, por interés; sin embargo, el común denominador es la expresión libre de la voluntad.

Votar, en sí mismo, es un acto mínimo y que no requiere de mayor esfuerzo, pero a la vez es monumental y de grandes implicaciones, pues es la suma de las voluntades individuales que da como resultado la voluntad popular, el principio de la mayoría, la base fundamental de nuestro sistema democrático.

El sistema, con sus defectos y virtudes, es el que hemos construido a lo largo de ya casi tres décadas de vida institucional electoral, y es el que, por ahora, nos funciona. Seguramente vendrán ajustes, al final todo es perfectible; no obstante, en su arquitectura, se encuentra diseñado para que no pueda suceder el fraude, el engaño, la burla de los derechos. Me explico.

El sistema se fundamenta en las autoridades, que actúan en cada una de las divisiones geográficas electorales. Hay una autoridad que regula al país, a cada estado en lo federal y en lo local, en cada demarcación distrital, en nuestro caso además en cada municipio y, por si fuera poco, cada sección tiene su propia autoridad efímera. Todas ellas se integran de manera colegiada y poco más o menos de la misma manera según sus atribuciones: presidentes, consejeros, secretarios y en las casillas escrutadores. Cada uno con su función específica, pero además en todos existen representantes de los contendientes en la elección, ya partidos políticos, ya candidatos independientes.

Ese actuar, de cara no solo a la ciudadanía, sino de frente a quienes participan de la elección, permite que no exista sorpresa en las determinaciones tomadas. Siempre, en todo momento y en todo lugar, es la ciudadanía interesada y los partidos políticos y candidatos independientes quienes se enterarán, de primera mano, de cuántas boletas van a cada casilla, dónde se instalarán y quiénes las conformarán. Son testigos privilegiados de los sorteos, de las capacitaciones, de la impresión de papelería y todas y cada una de las actividades que se realizan dentro del proceso.

Además el sistema prevé un cuerpo especializado de trabajadores electorales para la realización de todas las actividades operativas, cuya labor también está sujeta a la revisión constante. Y por si fuera poco, existe la idea de que el trabajo no está bien realizado, se puede acudir ante la justicia para que, en su caso, repare el daño causado.

Por eso es imposible el fraude. No hay boletas de más, no hay marcadores de boletas que se borren, no hay muertos que voten, ni embarazo de urnas. No se puede engañar a todos, todo el tiempo.

Salgamos este domingo a ejercer nuestro derecho ciudadano, por quien nosotros creamos que es la mejor opción para la conducción de nuestro gobierno. Seamos responsables para acudir a la casilla, informándonos de su ubicación e integración, veamos que quienes están de funcionarios son personas que tienen sus propias convicciones pero que, en un acto de verdadero patriotismo, regalarán un domingo al país para, sin malicia, contar los votos que queden depositados. Percibamos también que habrá ojos vigilantes de todos los partidos políticos dentro de los centros de votación, y ellos darán fe de que tu voto y el mío se cuenten, y se cuenten bien.

En la página de internet del Instituto Estatal Electoral (www.ieeags.org.mx) se cuenta la historia del proceso, desde que inició en octubre, y terminará con la emisión de resultados provisionales entre domingo y lunes, y los definitivos a partir del miércoles. Por lo pronto, para este domingo requerimos de tres herramientas que vienen contenidas en el portal: dónde debo votar (ubica tu casilla), quiénes recibirán y contarán mi voto (a través del encarte), y quienes son mis candidatos y cómo debo votar para que mi voto sea válido (por medio del simulador electoral). Estas herramientas, gratuitas y disponibles, nos permitirán realizar de mejor manera nuestro deber ciudadano.

No me resta sino desear un buen domingo a quienes participaremos, de una u otra forma, en la elección. Nuestro Estado será un lugar cada vez mejor para vivir cuando realicemos lo que nos corresponde con conocimiento, valor y convicción. El domingo tenemos una cita, ojalá todos podamos participar de ella.

 

/LanderosIEE | @LanderosIEE


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Luis Fernando Landeros

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