Opinión

Infame / Bajo Presión

La anécdota

No hay una definición clara, precisa, contundente de corrupción. Desde antes de las elecciones, pero sobre todo a partir de los posicionamientos y propuestas de los candidatos a la Presidencia se reconoce que junto con la inseguridad e impunidad se tiene que erradicar del sistema político mexicano. Los seis años de la administración de Enrique Peña Nieto pasarán a la historia con más actos de corrupción comprobados, atrás ha dejado en el imaginario si otros presidentes robaban, lo que se ha revelado estos años es que para esos actos de corrupción se han desarrollado mecanismos y procedimientos que emplean los huecos legales para sistematizar el robo. Se ha evidenciado de tal manera el uso de estas herramientas que al presidente no le ha quedado más remedio que intentar justificar esa sistematización como un acto cultural; hace unos días, un reportaje de Fátima Monterrosa evidenció la corrupción y vileza de Layda Sansores, senadora con licencia del Partido del Trabajo, quien en tan sólo dos años ha logrado que el Senado le reembolse alrededor de 700 mil pesos.

Así, Layda Sansores es vil y corrupta, calificativos que se merece no sólo por su aprovechamiento de recursos públicos, sino por la forma en que ha tratado de justificar y defender su robo. La investigación periodística difundida en el noticiero que conduce Denise Maerker exhibió que la actual candidata de Morena a la alcaldía de Álvaro Obregón en la Ciudad de México endosó al Senado una cantidad irracional de cosas que no están relacionadas con la partida a las que las endosó, dinero que está etiquetado en apoyo a labores legislativas.

La primera respuesta de Layda Sansores fue solicitar un día para reunir la información que demostraría la falsedad de lo que se imputaba, es decir, una de dos: que los tintes para pelo, electrodomésticos, joyería, ropa, juguetes y despensas, entre otras muchas cosas, no se le habían reembolsado, o que sí forman parte de las compras que se justifican en apoyo de sus labores legislativas. Unas horas después de pedir un día para las aclaraciones, tras un mitin en el que la senadora con licencia acompañó a Claudia Sheinbaum, la candidata de Morena al gobierno de la Ciudad de México, difunde un tuit en el que califica de “infamia” el reportaje presentado en el noticiero de Televisa.

A Sansores le basta una línea para descalificar el reportaje: “bajo ningún concepto reconozco los señalamientos que se me hicieron”, en el texto que difundió por Twitter, se plantea a sí misma como adalid de la transparencia, y pasa a presumir que durante años ha organizado la fiesta de fin de año a 700 trabajadores contratados por outsourcing que se encargan de la limpieza en el Senado; durante el resto del día la candidata de Morena subirá varios videos con testimonios de esos trabajadores agradeciendo la licuadora, la estufa, la pantalla, el electrodoméstico, los 200 pesos que les regala… No es difícil imaginar al equipo de la senadora recopilando esos testimonios que sirvan para exonerar a la señora, buscando cómo transformar una sencilla investigación periodística en un engrane del complot que los medios tienen contra Morena.

Los seguidores de Andrés Manuel López Obrador, ese extraño fenómeno de adoración que se manifiesta en redes sociales, de inmediato ponen en marcha una ofensiva en contra de Denise Maerker, en contra de la mafia del poder que domina los medios de comunicación y que, según esta horda, con la excepción de un puñado, son periodistas vendidos, chayoteros, cómplices del régimen que todos repudian. En su programa radiofónico, la periodista tiene que contextualizar y explicar las razones por las que presentó la nota sobre los reembolsos en el Senado, incluso indicar que no es personal, que no es contra Layda Sansores, se ve obligada a comparar y minimizar la investigación de Fátima Monterrosa con las de La Estafa Maestra o la Casa Blanca. Durante el programa Denise Maerker entrevista a un par de senadores, porque uno de los asuntos más importantes que reveló la nota es la falta de criterio de la Cámara de Senadores para aceptar las facturas que los legisladores piden se les reembolsen.

En un periodo muy breve de tiempo, la candidata de Morena ya ha logrado revertir la afectación a su reputación, en redes sociales se comienza a discutir que Televisa está obligada a darle derecho de réplica, el mismo tiempo de la nota, y Layda Sansores demanda que sea en vivo. Denise Maerker anuncia que no invitará a la senadora con licencia al noticiero y le pide que reciba a Fátima Monterrosa para aclarar lo que sea necesario. En el aire queda la evidente molestia de la conductora por el manejo que la senadora con licencia está haciendo del asunto, por la agresividad con que en redes se le agrede. Si en un principio se indicaba que el reembolso a Layda Sansores se había realizado sobre tintes para el cabello, electrodomésticos caros, juguetes para niños, ahora la periodista enfatiza en lo absurdo que es pedir que te paguen “cuatro conchas sin azúcar”.

A partir de ese momento, Layda Sansores asume que es una mártir de la guerra sucia, sin prueba alguna suelta los nombres de sus adversarios, se dice víctima de los medios, enfatiza que se le niega el derecho de réplica y establece que se le ataca porque es la única que ha enfrentado a Enrique Peña Nieto. Las redes recogen dos “brillantes” momentos de la senadora, uno cuando desde tribuna les dice a los legisladores que “vayan y privaticen a la puta madre que los parió”, otro cuando tras la entrega de la medalla Belisario Domínguez, interrumpe el paso de Peña Nieto y lo obliga a escucharla, sinceramente, no importa lo que le dice, lo que se destaca es el efecto, los comentarios son que la candidata “tiene unos huevotes” como para enfrentar al presidente. En ese segundo video, Layda Sansores viste las prendas que mandó a confeccionar con la diseñadora de modas, Carmen Rión, un vestido y una mascada de seda con la cara de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa; también, un saco y un rebozo, por las que pagó 22 mil 185 pesos, cantidad que pidió le reembolsara el Senado.

 

Las sospechas

El domingo por la mañana, la Selección Nacional de Futbol venció por un gol a su similar de Alemania, si como dicen los especialistas el mundial distraerá nuestra atención, Layda Sansores se salió con la suya, el fin de semana realizó un par de declaraciones más, en una de ellas aseguraba que nunca pidió el reembolso al Senado, en otro que el dinero que se le dio por las facturas forman parte del sueldo de un senador: “Lo que sí que quede muy claro es que no hay ningún reembolso, nunca pedimos reembolso. Esto ha sido un agravio y una mentira. Nosotros lo dedicamos fundamentalmente a la casa de gestión de Campeche, a las caravanas de migrantes, a las fiestas decembrinas de nuestros trabajadores”, dijo la candidata de Morena.

Layda Sansores no explicará nada, es seguro que no recibirá a la reportera Fátima Monterrosa, mejor quedar como víctima, es más simple propagar que en México no se le da derecho de réplica a los políticos que el sistema persigue, es más sencillo para la candidata de Morena esconderse en ese rumor que dar la cara y aprovechar la polarización existente para “evidenciar” que hay medios buenos y malos y que se les reconoce cuando los periodistas exhiben a los ya purificados por Andrés Manuel López Obrador.

A la senadora con licencia no le importa demeritar la labor periodística, poner en entredicho el trabajo de una reportera con tal de salvarse de rendir cuentas, con su actitud, no sólo pone bajo sospecha al periodismo en sí, impide que se solicite que rindan cuentas sobre los gastos absurdos que reembolsa el Senado. No importa si fueron 700 mil o cuatro pesos, importa que no se aplica de forma clara un criterio para decidir cuáles son las compras que pueden ser incluidas en “apoyo a la labor legislativa”; tampoco importa si hay más senadores que hacen lo mismo, importa que sean castigados si violaron la ley o que la ley sea corregida si permite abusos, pero eso no se va a hacer porque la candidata de Morena ya estableció que es una infamia, así que por qué darle validez a este ataque de la mafia del poder.

La vileza de Layda Sansores alcanza para poner bajo sospecha la utilidad de los mecanismos de rendición de cuentas, de qué sirve tener acceso a la información si basta fingir indignación para que sean relegadas las facturas como pruebas. La candidata de Morena aprovecha la polarización para desestimar que sea corrupta, no importa que haya pruebas de esos reembolsos, basta subir a Twitter los videos de sus clientes agradecidos porque se ganaron un electrodoméstico, incluso porque les regala 200 pesos en efectivo, como para olvidar que no es dinero de la senadora con licencia, que es dinero público; ante el señalamiento, se acusa de clasista a quien lo señale, ¿no merecen los trabajadores de limpieza del Senado, contratados por outsourcing, que se les organice una fiesta de fin de año?, ¿no merece una afanadora ganarse una cafetera de 32 mil pesos?, ¿los campechanos no merecen una casa de gestión?, ¿por qué negarles 200 pesos a un trabajador que gana el salario mínimo? A todas esas preguntas la respuesta es negativa, no, ninguna empresa está obligada a organizar una fiesta de fin de año a sus trabajadores; no, no está mal rifar un electrodoméstico carísimo, pero es indigno emplear a esos trabajadores como clientela electoral; no, no está mal dar una limosna de 200 pesos, lo que es vil es regalar a nombre propio dinero que es público… Sin embargo, esa es una discusión que no se va a tener, las sospechas con que ha opacado esta investigación periodística la senadora con licencia, impiden que se pueda hablar del tema sin polarizar.

No habrá solución a este caso evidente de corrupción. Se cruzó el juego entre México y Alemania, se cruzó el fin de semana, se cruzó la embestida contra el periodismo por parte de las huestes morenitas, la falsa indignación porque se lesionan sus derechos, se cruzaron las acusaciones cortina de humo con tal de poder seguir presumiendo una honestidad valiente. Layda Sansores puede respirar tranquila, junto con los demás senadores que también han hecho gastos inútiles la candidata de Morena ha logrado que se les deje de perseguir. Felicidades.

Coda. El comportamiento infame de la corrupta Layda Sansores revela algo mucho más grande que la mezquindad de quien no puede pagar cuatro conchas sin azúcar, mucho más importante que la vileza del uso político de la tragedia de los 43 normalistas de Ayotzinapa, revela que la corrupción no se combate como ha señalado Andrés Manuel López Obrador, que no basta predicar con el ejemplo. Al PRI, PAN o cualquier otro partido, la ruindad de Layda Sansores pondría en duda la viabilidad de su candidato presidencial, no pasará así con López Obrador, no hay peor ciego que quien no quiere ver y muchos de los que estamos necesitados de un cambio ya decidimos cerrar los ojos y arrojarnos al abismo.

 

@aldan


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Edilberto Aldán

Edilberto Aldán

Director editorial de La Jornada Aguascalientes
@aldan

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