Opinión

Inundaciones: repensar la ciudad / Agenda urbana

Las recientes inundaciones en Aguascalientes no necesitan descripción. Hasta hace algunos días se reportaban dos personas fallecidas y cientos de personas afectadas. Al mismo tiempo, las autoridades se dedicaron más a repartir culpas que asumir responsabilidades. Es cierto que tal volumen de agua no suele presentarse con frecuencia; sin embargo, este suceso debe recordarnos que negar las consecuencias del cambio climático en la planeación y el desarrollo urbano puede ser devastador. Independientemente de la atipicidad de las lluvias, la ciudad debería estar preparada para resistir estos fenómenos. Veamos.

El cambio climático está estrechamente relacionado con la intensificación de las lluvias, a través de lo que los físicos y meteorólogos denominan la ley Clausius-Clapeyron, que determina que la capacidad de retención de agua de la atmósfera se incrementa siete por ciento por cada grado centígrado de aumento en la temperatura del aire. Es decir, a medida en que la temperatura aumenta se retiene más agua en la atmósfera y, con ello, se producen lluvias de mayor intensidad. Es probable que la ciudad no hubiera podido resistir la intensidad de las lluvias sin ningún daño; aunque también es cierto que la vulnerabilidad de la ciudad ha aumentado no sólo por la insuficiencia de la infraestructura hidráulica, sino también por la planeación y la regulación deficiente del desarrollo urbano.

Las recientes inundaciones exhibieron la capacidad limitada de la infraestructura hidráulica en Aguascalientes; esto sugiere que ese tipo de infraestructura no se ha desarrollado a la misma velocidad del crecimiento urbano y poblacional. La explicación más común suele ser la escasez de recursos para desarrollar proyectos de infraestructura. Sin embargo, al mismo tiempo los tomadores de decisión suelen gastar en costosas campañas propagandísticas para generar la percepción de alcanzar logros o resultados. Tal es el caso del gobierno municipal de Aguascalientes, quien, de manera reactiva y tardía, anunció hasta hace algunos días la construcción de un nuevo colector pluvial en la ciudad. Igualmente, en no pocas ocasiones las autoridades destinan una gran cantidad de recursos públicos en obras de mayor visibilidad, por encima de infraestructura menos visible pero frecuentemente de mayor necesidad, como la infraestructura hidráulica. Por ejemplo, el gobierno estatal actualmente gasta cientos de millones de pesos en pasos a desnivel para hacer creer que el estado avanza decididamente hacia el “progreso” y la “modernidad”, mientras otras carencias o necesidades continúan sin atender. Por tanto, valdría la pena que las autoridades redefinieran sus prioridades de inversión, de manera que se atiendan oportunamente necesidades fundamentales de la población, como su seguridad frente a distintas amenazas naturales.

Pero más allá de la limitada capacidad de la infraestructura hidráulica, existe una razón adicional que ha contribuido a incrementar la vulnerabilidad de la ciudad, y que suele negarse o ignorarse por ser de mayor plazo y menor visibilidad: la planeación y el desarrollo urbano. En las últimas décadas, la ciudad de Aguascalientes ha crecido aceleradamente mediante un modelo expansivo que promueve el desarrollo urbano en zonas de mayor susceptibilidad de inundación, y que altera el paisaje natural al sustituir árboles y vegetación por edificios, vialidades y estacionamientos, lo cual reduce las tasas naturales de infiltración del suelo. Es decir, al cubrir la ciudad con superficies impermeables como el asfalto o el concreto, se reduce la capacidad de absorción y la ciudad se convierte en una auténtica piscina. Asimismo, se suele pensar que la mejor solución para manejar las lluvias es canalizar el agua fuera de la ciudad tan pronto sea posible a través de infraestructura impermeable, en lugar de permitir que el agua se absorba localmente. Esa visión ignora que la absorción del agua no sólo podría evitar o mitigar las inundaciones, sino también recargar los acuíferos y almacenar agua de lluvia para ser reutilizada. En otras palabras, en lugar de seguir cubriendo la ciudad de concreto o materiales similares, ésta debería diseñarse como una esponja natural, respetando e introduciendo suficientes áreas verdes y suelo natural para aumentar la capacidad de absorción y, con ello, reducir el impacto de las lluvias. Por tanto, un mecanismo esencial para mitigar el riesgo de inundación es precisamente preservar y aumentar las áreas verdes, no eliminarlas, como actualmente sucede en la entidad.

Las recientes inundaciones marcan un momento adecuado para repensar la ciudad, es decir, para reflexionar, estudiar, discutir y debatir acerca de qué ciudad queremos: una ciudad que en lugar de hacer frente al cambio climático y los fenómenos naturales acentúa su vulnerabilidad, o una ciudad que se adapta inteligentemente para coexistir con el medio ambiente. Claro está que las ciudades más avanzadas del mundo hace tiempo dejaron atrás aquella visión del concreto como último símbolo de la modernidad, y actualmente se esfuerzan decididamente en crear ciudades resilientes a través de un modelo de planeación y diseño urbano que respeta e integra el medio ambiente con el desarrollo urbano. En este sentido, Aguascalientes es un lugar ideal en México para demostrar cómo sí se puede fomentar el desarrollo urbano sostenible, equitativo y competitivo, que no sólo promueva el equilibrio ecológico, sino que además garantice la seguridad de la población y amplíe las oportunidades para todos. Para ello, se requiere transitar de una visión de ciudad estrecha y cortoplacista, a una de mayor plazo e integralidad que maximice los beneficios de la urbanización, y realmente trascienda.

 

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Fernando Granados

Fernando Granados

1 Comment

  1. Thercy Arvizu
    28/06/2018 at 13:53 — Responder

    Y que además tome en cuenta y respete a la fauna que es fundamental para el equilibrio del ecosistema…

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