Opinión

¿Por qué marchar?, ¿por qué orgullo?, ¿por qué gay? / Piel curtida

Encadenadas por otras manos,

nuestras frentes se inclinarían bajo el yugo.

Unos déspotas viles serían

los dueños de nuestros destinos.

La Marseillaise

 

Le asesinaron al hacer que sus intestinos explotaran a patadas, ¿o fue una bala expansiva? Entre las palabras y frases a medias ya no logro recordarlo claramente. ¿Fue quien creían que era su pareja, un amante rechazado, un vecino o un transeúnte homofóbico? Todas sus hermanas y hermanos tienen una versión distinta, a cachitos… porque haber hablado con él, de la vida personal de mi tío, podía haber hecho que se nombrara algo, tal vez, incómodo, incomprensible, aberrante e incluso vomitivo para algunos, y eso hubiese significado hacerlo existente. A la fecha, su muerte se mantiene y su vida, la idea sobre su vida, sigue siendo espejismo. Todo sería más claro si hubiese hablado de aquello que se cree que no trasciende más allá de la cama, quizá hubiese advertido del peligro al acecho si le hubieran brindado un espacio donde ser, libre y sin miedos: una familia, cuyo elemento central no son los gametos que engendran, sino el amor para brindar un hogar a otros que les haga sentir seguros.

Junio es el mes del Orgullo y, aunque su historia se sustenta en una violenta redada a manos de policías contra personas de la disidencia sexual en el bar Stonewall Inn, de Nueva York en 1969, el suceso se ha resignificado sin perder su sentido de demanda de derechos igualitarios. Pero ¿por qué marchar?, ¿por qué orgullo?, ¿por qué enorgullecerse de ser gay? Preguntas que gran parte de las personas se hacen y a las que pocos responden, y no es que se deba justificar como si se tratase de una ofensa, pero tampoco será posible hacer cambios importantes si no buscamos puentes. La violencia es sorda, pero otras personas están inmersas en circunstancias de rezago educativo y cultural, son manipuladas por el utilitarismo de la ignorancia, son convencidas al no tener la posibilidad de convivir más allá de sus mundos inmediatos, de por sí agobiantes, y esas personas son las que merecen un esfuerzo por el diálogo pues son el blanco perfecto para preservar la desinformación, el fanatismo y el odio.

Muchos hombres y mujeres pueden llegar a tener experiencias, prácticas recurrentes y hasta vivir relaciones afectivas homosexuales, pero varios lo hacen ocultándose, teniendo miedo de que un ademán demasiado femenino o demasiado masculino les delate y les pueda hacer perder su trabajo, otros ocultan a sus parejas porque podrían perder el apellido, otros por supervivencia llevan doble vida y de noche se escapan en espera de encarnar la fantasía que les atormenta, llegando incluso a hacerla realidad por la fuerza. El closet es un derecho, pero traiciona y violenta quien hace uso de sus deseos cercenados, presentándolos de manera desvirtuada y perversa, para mantener su prisión con lujos.

Durante las marchas del Orgullo salen a las calle personas que asumen públicamente que no son heterosexuales, disidentes de los supuestos roles, reglas y prácticas relacionadas con la reproducción sexual; personas que a pesar del riesgo a la discriminación, al destierro familiar, al desempleo, la violencia y hasta la muerte, deciden ser auténticos y no vivir a costa de negar su propia esencia. Son estas personas, las lesbianas, gays, personas trans, queer, bisexuales e intersexuales, las que al mencionarse y compartir sus anécdotas libremente asumen una identidad política que exige poder hablar con sus padres de sus romances, poder llevar a su pareja a eventos sociales con el mismo respeto que se le brinda a parejas conformadas por un hombre y una mujer, poder proteger a quienes aman mediante un patrimonio o prestación social sin el riesgo de que alguien lo obstaculice, poder salir vestidas a gusto propio sin que la ropa o su apariencia definan sus competencias y calidad humana. Sobrevivir y persistir a pesar del odio es motivo de orgullo y se celebra por aquellas otras tantas personas que, en reconocimiento a la violencia en el entorno, no logran atreverse a ello, y es que se marcha en espera de un mundo donde negarse a sí mismo sea reconocido como uno de los peores crímenes manufacturados por la humanidad.

Por otra parte, se critica a las marchas gay porque se exhibe músculo, piernas y, aunque no ocurre en Aguascalientes, en otras ciudades y países también salen al aire pechos y figuras semidesnudas. Se dice que está bien que marchen pero que no se exhiban. Sin embargo, ¿cuántas de esas personas que se expresan ofendidas se indignan por los concursos de belleza en bikini, por los modelos y edecanes en convenciones, exposiciones, ferias, parques de diversión y centros nocturnos? ¿Qué se insinúa al sexo?, ¿acaso esperar que un menor de edad ya cuente con novia o novio, o pensar aún antes de llegar a su edad reproductiva sobre los nietos que brindará no es insinuar al sexo, al menos en la mente de quienes realizan esas expresiones? Lo que molesta no es la exhibición del cuerpo, sino lo que representa: una corporalidad que a pesar de ser negada se muestra ante los ojos, un cuerpo autónomo que ha sido apropiado y hasta transformado sin permiso del otro. Es por ello que los cuerpos y las consignas sexuales son elementos políticos centrales, son un mensaje vivo que se desarrolla desde aquello que algunas personas quieren negar, ocultar, callar y hasta exterminar.

El cuerpo y la sexualidad son las últimas fronteras a ganar para lograr una democracia plena, libertad e igualdad de oportunidades. El cuerpo negro, el de las mujeres, el mal llamado de piel “morenita”, el anciano, el atrofiado, el incapacitado, el cuerpo pobre manchado, cuarteado o magro por el trabajo también llega a ser menospreciado, criticado, asilado y, en ocasiones, trata de ser enchulado. Es por ello que la lucha por los derechos igualitarios, para que las personas de la comunidad LGBT+ alcancen las mismas oportunidades, libertades y facilidades como, aparentemente las tienen los heterosexuales, debería ser una demanda social generalizada. Todas, todos, todxs si se prefiere, estamos sujetos a diferentes desigualdades e injusticias, a menos de que seamos parte de un muy pequeño grupo que, además de ser dichoso de pertenecer a una clase privilegiada, ha sido agraciado con la corporalidad que de manera histórica, cultural y social sea la más estética y, conjuntamente, correspondiente a nuestra esencia espiritual.

Por supuesto que hemos logrado avances. Ya no es tan fácil que un policía arreste a dos chicos o dos chicas por ir de la mano, ya no es tan frecuente que se corra a los hijos de casa por ser disidentes sexuales, pero mientras existan padres que no se permiten acompañar romances y duelos como con sus otros hijos heterosexuales, mientras existan hermanos que prefieran mantener distancia, mientras dos personas que se gustan no se atrevan a invitarse a salir por la posibilidad de un golpe, mientras una persona tenga que recurrir a operaciones y tratamientos clínicos inseguros para lograr llegar a ser sí mismo, mientras haya personas que tengan que explicar su feminidad o masculinidad, mientras en la calle se sigan persiguiendo a personas gritándoles jotos, putos, maricones, lesbianas, marimachas, mientras se sigan violando a mujeres para quitarles lo lesbiana, mientras se sigan violando a hombres porque querían sentirse putas por un macho que niega sus deseos, mientras se sigan separando amistades porque se cree que las salidas en parejas o matrimonios heterosexuales no pueden disfrutarlas, mientras a un infante que nazca con ambos sexos se le mutile uno de ellos sin esperar a que sea consciente de sí, mientras un hombre no pueda expresar sus sentimientos o usar cierta ropa sin hacerle sentir vergüenza, mientras se siga haciendo mofa de lo femenino en los hombres y lo masculino en las mujeres, mientras se le siga exigiendo a un homosexual ser viril o más refinado, mientras se le siga exigiendo a una lesbiana ser femenina o más ruda, mientras se le cuestione a un disidente de la sexualidad el por qué desea formar una familia, mientras se le exija a alguien mantenerse en la rabia y la victimización a costa de la causa, mientras se le niegue la libre elección a un emblema de la lucha por política formal, mientras se tache de putería al goce responsable y libre del sexo, mientras se tache de mojigatez la búsqueda de una pareja estable, mientras el VIH siga siendo percibido como una predisposición para homosexuales, mientras el SIDA siga siendo motivo de escarnio, mientras tantos cariños sigan teniendo miedo de ser libres… seguiremos marchando, porque lo que hagamos en la cama o a quien amemos no debería ser motivo de vergüenza, negación, violencia y muerte. Por nuestros cariños que esperan no ser señalados, por nuestros cariños imposibles, incompatibles, perdidos, autoprivados de la vida, violentados, violados, asesinados, por nuestros cariños saldremos este 16 de junio.

 

@m_acevez | [email protected]

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Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

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