Opinión

Rescatemos el río San Pedro

Por:

Víctor Hugo Salazar Ortiz

Movimiento Ambiental de Aguascalientes A.C.

 

Biol. Luis Fernando Reynoso Martínez

Colegio de Biólogos de Aguascalientes

 

El Río San Pedro, junto con sus afluentes conforma la principal red hidrológica de nuestro estado. A lo largo de su eje se asientan 6 de las 11 cabeceras municipales de la entidad, que en su conjunto albergan aproximadamente el 80% de la población. Muchas personas mayores de 50 años, oriundas de Aguascalientes, recuerdan los paseos familiares que antaño realizaron en los márgenes del río San Pedro. No obstante, ese afluente natural de aguas pluviales fue convirtiéndose con el paso de los años en una cloaca y un sitio insalubre. Para algunos ciudadanos ha sido triste ver como paulatinamente se fue contaminando y devastando ese entorno natural, en tanto que la mayoría de la población ha sido indiferente.

El deterioro del Río San Pedro ha ido de la mano con el crecimiento de la población y con éste el  aumento del nivel de las aguas residuales provenientes del uso público-urbano, que son las que generan el mayor daño ambiental debido a que producen olores nauseabundos y constituyen un peligroso foco de infección, particularmente en lo que se refiere a enfermedades gastrointestinales. La problemática se agrava, pues se suman otros impactos como son la disposición de todo tipo de residuos sólidos: escombro en grandes cantidades, llantas, despojos y desechos domésticos, basura proveniente de comercios, servicios e industria, desechos agrícolas, cadáveres de animales. A esto hay que agregar que, en ciertas zonas, estas aguas negras se mezclan con las descargas no tratadas del sector industrial y agroindustrial, mismas que contienen solventes y metales pesados lo que puede provocar graves intoxicaciones en la población aledaña a las riveras del río.

Los esfuerzos para controlar los escurrimientos de aguas residuales por los cauces comenzaron con el entubamiento de éstos, posteriormente con la instalación de colectores de aguas residuales y su transportación a sistemas de tratamiento; sin embargo, no se ha logrado el éxito en el control de estas aguas debido a que las inversiones en el tema se aplican con mucho tiempo de retraso, normalmente como medidas emergentes y nunca pensando en una solución integral, sino sólo como una finalidad correctiva.

Por otro lado, también está la extracción de material edáfico (para jardinería) y particularmente pétreo (arenas, gravas, piedra, etc. para la construcción) que altera profundamente el comportamiento hidráulico de los cauces por los socavones y excavaciones que les dejan, ampliando sus horizontes naturales y sus corrientes, creando grandes zonas de remanso y estancamiento y en general alterando el flujo correcto del agua, además de afectar considerablemente los ecosistemas ribereños que se desarrollan a lo largo de los cauces y que constituyen corredores biológicos en los que habitan y se conserva un número importante de especies de flora y fauna. De forma similar, a lo largo de los arroyos se observa el aprovechamiento de arbolado, principalmente para la obtención de leña y de postes para cercado de alambre de púas, lo que genera la destrucción de madrigueras de aves y pequeños mamíferos, además de que, dependiendo de la intensidad del aprovechamiento, se altera la dinámica hidráulica del cauce del río San Pedro, ya sea por la acumulación de los residuos del aprovechamiento (ramas) o por el debilitamiento de los taludes por la muerte de las raíces.

Otro aspecto que también altera fuertemente las características y el comportamiento de los cauces del río San Pedro es la invasión de la zona propiamente de éstos con el establecimiento de fincas de diversa índole como casas habitación, obras para la recreación, ladrilleras, etc. Estas actividades destruyen el ecosistema ripario, pues modifican la estructura del cauce, provocan contaminación, alteran el flujo, entre otros muchos impactos más y está favorecida por la falta de la delimitación de la zona federal.

Es urgente que las autoridades ambientales promuevan enérgicamente el rescate del río San Pedro, especialmente porque desde hace varias décadas se ha puesto en evidencia en documentos y publicaciones, el peligroso abatimiento de los mantos acuíferos en nuestra región. Es necesario hacer mención que este río dotó de agua potable durante décadas a la naciente ciudad de Aguascalientes, fue en gran medida fuente de vida para las generaciones que nos antecedieron, pero este espacio vital ha sido víctima de las empresas inmobiliarias que de pronto lo convirtieron en una drenaje a cielo abierto auspiciadas por las autoridades gubernamentales que no velaron por el cumplimiento de las normas de los planes de desarrollo de nuestra entidad.

Con base en lo dicho, el fenómeno de deterioro de los cauces se aleja cada vez más de poder ser controlado, pues las inversiones que se requieren para restaurarlo son enormes. No obstante, aunque la tarea para la recuperación de nuestro Río San Pedro se antoja ardua, no podemos darnos por vencidos, debemos involucrarnos el mayor número de ciudadanos aguascalentenses en su rescate. Tenemos que exigir a las autoridades gubernamentales, como la Conagua, una clara aplicación de la normatividad y que supervisen constantemente el vertimiento de los desechos residenciales e industriales de aguas y sancionen como se debe a las industrias y ciudadanos que incumplan con la normatividad. Se debe exigir a las industrias inmobiliarias construir plantas tratadoras de agua y que garanticen su funcionamiento y mantenimiento por un plazo no menor a 10 años. Los ciudadanos debemos vigilar que se acabe con la laxitud e impunidad institucional en este rubro.

Ahora bien, debemos ser muy conscientes de que aún y cuando todos participemos activa y positivamente en la recuperación de un río San Pedro sano, el daño es tan severo que su restauración será en un plazo más o menos largo, pero nunca lo lograremos si no empezamos la tarea. Así que hagamos a un lado la apatía y pongamos manos a la obra, pues no puede haber un daño mayor que la indiferencia de la población ante un asunto tan delicado, como es la contaminación y el agotamiento de nuestros recursos naturales. Es obligación de todos los ciudadanos exigir a las autoridades mayor atención y considerar estos temas, ciudadanos y gobiernos, como asuntos de seguridad nacional. Nuestra última recomendación es que como ciudadanos tenemos que empoderarnos y poner un alto al desfalco mezquino de nuestros recursos naturales por parte de algunos empresarios y gobernantes corruptos que no están dejando sin tierra buena, gente buena (sana),  cielo claro y agua clara.

 

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Victor Hugo Salazar Ortiz

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