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Retos de las políticas públicas para la ciencia, tecnología e innovación

  • De 2013 a 2018 se incrementó apenas 22 por ciento los becarios, 63 mil 333 en total, en el ámbito nacional, y 45 por ciento los investigadores, 28 mil 533

 

Durante el Tercer Foro Franco Mexicano de Ciencia, Tecnología e Innovación, el director general del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), Enrique Cabrero Mendoza, expuso junto con el presidente de la Asociación Mexicana de Ciencias (AMC), José Luis Morán López, el diputado y científico francés Cédric Villani y Alain Beretz, del Ministerio Francés de Educación Superior, los desafíos y perspectivas de las políticas de ciencia y tecnología que ambas naciones implementan e incluso comparten.

Para Cabrero Mendoza, buscar una mayor inversión en ciencia y tecnología, una vinculación con el sector productivo fomentando el desarrollo regional, así como fortalecer el capital humano, son aspectos prioritarios que marcan el rumbo para que México se convierta en un país que pronto pueda adoptar una economía del conocimiento como principal impulsor.

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Según estadísticas presentadas por el directivo, de 2013 a 2018 se incrementó 22 por ciento los becarios (63 mil 333 en total) en el ámbito nacional, y 45 por ciento los investigadores (28 mil 533). Asimismo, los becarios en el extranjero han aumentado (siete mil 597 en total), con más de 500 becarios en Francia, sobre todo en la Universidad de París, de Montpellier o Aix-Marseille. La apertura de nuevas plazas para jóvenes investigadores (Cátedras Conacyt) también ha aumentado (mil 515 hasta ahora): “Nuestro cálculo es que en los próximos diez años el número de becarios debería llegar alrededor de 80 mil, y el número de miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) debería prácticamente duplicarse, para que estemos en condiciones de camino a una sociedad que le da importancia prioritaria a la generación de conocimiento”.

Las políticas de movilidad también han sido, aseguró, una misión que intenta promover el intercambio de ideas entre naciones, así como la conformación de grupos de investigación de calidad mediante la consolidación de consorcios, que son asociaciones de distintos centros públicos de investigación enfocados en resolver problemas específicos y en la capacitación de recursos humanos: “Por ejemplo, estamos pensando ya en iniciar el desarrollo de un consorcio en inteligencia artificial, por poner un ejemplo, y tenemos ya una lista de 20 consorcios cuyo trabajo se encuentra en desarrollo”.

Para el director general del Conacyt, la vinculación con el sector industrial y privado implica una compleja dinámica de financiamiento entre el gobierno federal, los gobiernos estatales y el sector empresarial. Por lo que para alcanzar las metas presupuestarias a largo plazo, la creación de programas de colaboración entre sectores, como el Programa de Estímulos a la Innovación (PEI) que incentiva la inversión en ciencia y tecnología desde la industria, son una herramienta eficaz.

 

Fortalecimiento y colaboración

Para José Luis Morán, director del Consejo Potosino de Ciencia y Tecnología (Copocyt), la participación de jóvenes investigadores en proyectos internacionales tiene que fortalecerse, junto con la colaboración en Unidades Mixtas de Investigación: “Dichas unidades son centros de investigación que reciben apoyo multianual y donde se trabaja sobre problemas muy específicos con la participación de investigadores extranjeros y nacionales (…) Tenemos que incrementar la colaboración buscando propuestas en compatibilidad con el gobierno francés”.

La conformación de laboratorios nacionales y alianzas con los centros de investigación de Francia es una posibilidad también que, mediante convenios, puede resultar en trabajos fructíferos de investigación aplicada, como en el caso del estudio de los recursos marinos: “México tiene una cantidad enorme de litorales y el estudio de la vida marina y de los fenómenos asociados a los ecosistemas marinos y los océanos tiene que ser mayormente impulsado por los gobiernos dada su importancia. Y Francia es un país que tiene mucha tradición en el trabajo de las ciencias marinas”.

Para el directivo, la cooperación en investigación de frontera, como las energías renovables, nanotecnología e inteligencia artificial, debe impulsarse con más fuerza. Un caso ejemplar sería el de la energía nuclear, donde las propuestas innovadoras de aplicación como las plantas de energía regionales o la medicina nuclear y los radiofármacos como los desarrollados por la Unidad de Tomografía por Emisión de Positrones y Tomografía Computada (PET-CT), de la Facultad de Medicina de la UNAM, prometen usos y aplicaciones de impacto social a corto plazo con alta accesibilidad.

 

Política científica e industria

Alain Beretz, del Ministerio Francés de Educación Superior, consideró que los científicos necesitan el apoyo de los políticos, sobre todo para el desarrollo de lo que llamó “dispositivos estratégicos” como el Programa de Inversión al Futuro que en Francia propugna por la inversión en ciencia y tecnología a largo plazo, independientemente de los vaivenes políticos.

“En primer lugar, muchos políticos no hicieron ciencia en Francia y hay que convencerles. Y en segundo término está el dinero, que si bien no es un factor decisivo, sí es importante. Siempre habrá un vínculo entre el dinero y la investigación”, afirmó.

La participación del gobierno francés en la vinculación con la industria, que genera una alta tasa de empleo, es otro elemento en común con las nuevas políticas científicas de México, a través de las cuales el financiamiento para la investigación internacional se vuelve factible.

También se reflexionó en torno al agrupamiento de las universidades. En Francia, la separación por especialidades causó divisiones que crearon una competencia interna poco favorable. Ahora le ha apostado al agrupamiento mediante fusiones institucionales, que buscan crear formaciones de excelencia de investigación. Algo que México podría aplicar.

Y en un tenor similar, se propuso que apostar por la llamada Open Science puede ser beneficioso para ambos países. Se trata de un movimiento académico-político de apertura de conocimiento a la sociedad e investigadores mediante estrategias de difusión y divulgación que permiten la colaboración internacional del conocimiento desde diferentes metodologías llamadas “abiertas”, con la meta de que cierta información se encuentre disponible para la sociedad civil, a quien la ciencia se debe filosóficamente: “Nos encontramos en un momento importante para los políticos. Se tiene que demostrar que la investigación y la enseñanza tienen que ver con la innovación. Desarrollar la mente empresarial en los jóvenes investigadores para promover proyectos de investigación también tiene que ser una meta”.

Situación que coincide con las reflexiones del matemático Cédric Villani. Para él, cuando se quiere desarrollar la ciencia se tiene que tomar en cuenta que se trata de lidiar con una constelación compleja de instituciones.

“Hay que buscar contactar con la sociedad y la industria. Científicos con un pie en la economía que montan economías. El conflicto de interés ya no es tan grave. Se cree que es la mejor opción en el mundo actual”, afirmó.

Para el joven investigador, la ciencia necesita considerar los aspectos culturales de cada contexto y la realidad de las voluntades políticas, las cuales pueden definir el rumbo futuro de una nación en materia de innovación científica y tecnológica.

 

Con información de Chessil Dohvehnain y del Conacyt

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