Opinión

Sobre la división y la unidad nacional / El Foro

México ha tenido una semana de claroscuros. Desde deslumbrantes momentos de felicidad y orgullo, pasando por episodios de confrontación y división, hasta sentimientos de una asfixiante indignación. La nación vive momentos que exigen una reflexión sobre lo que significa ser mexicano y como actuar con dignidad y heroísmos ante las circunstancias que se nos presentan.

Me referí primero a la felicidad. Pocas cosas provocan en el grueso de los mexicanos tanta emoción como ver jugar a la selección mexicana de futbol en el Mundial, menos cosas provocan tanta alegría en el país como ver ganar a la selección nacional. Pero el domingo pasado fue una situación de excepción. El pasado domingo 17 de junio, en un partido histórico, la Selección Mexicana de Futbol jugó su primer compromiso mundialista frente a la selección que actualmente se ostenta como campeona del mundo, la Selección Alemana. Los pronósticos eran bastante desalentadores, la aspiración era buscar contener a la locomotora alemana y salir del partido lo menos lastimados posible, buscar un empate que supiera a victoria.

Pero ese día, desde los primeros minutos la selección mexicana no jugó a no perder, jugó a ganar. Tras muchos contraataques, tras varios intentos fallidos de Layún, después de mucha presión, Hirving Lozano anotó el gol que le daría la victoria a México. México le había ganado a Alemania. Lo insospechado, sucedió. El país estaba feliz, pero no estaba preparado para estarlo.

Mencioné luego la división, caldo de cultivo para la violencia. Inmediatamente después de haber salido triunfantes del partido contra Alemania, la clase política comenzó a hacer manifestaciones tremendamente forzadas sobre el partido. “Todas las encuestas daban por ganadora a Alemania, nos vemos el primero de Julio, AMLO”. Claro, porque desde luego se puede comparar un gol derivado de la estrategia y el entrenamiento, con 20 puntos de ventaja en las encuestas de intención de voto de alguien que lleva 18 años haciendo campaña.

Más allá de esto, lo que se ha vuelto bastante preocupante es el resultado que se da en este México dividido: la violencia. A pocos días del final de esta campaña, se ha intensificado la intolerancia de los unos respectos de los otros. Han agredido a personas en sillas de ruedas por usar una máscara de Andrés Manuel López Obrador, han llamado “traidores a la patria” a aquellos que han manifestado su intención de votar por José Antonio Meade, han agredido al equipo y al propio candidato Ricardo Anaya mientras transitaban en carretera, se ha generalizado que si votas por el Bronco eres por ese simple hecho un misógino, “machitrol” y estúpido.

En el México violento van más de 100 candidatos a cargos de elección popular asesinados. Se dice pronto, lo estamos normalizando, pero definitivamente no es normal. No es normal el asesinato de candidatos, no es normal que se intenten reventar eventos con grupos de choque, n

En el México intolerante, uno no puede manifestar siquiera por quien va a votar. Si digo que votaré por Anaya, entonces soy un mocho, un retrógrado, un; si digo que voy a votar por Andrés Manuel entonces soy desinformado, pejezombie, chiaro y “decepciono” a mis conocidos porque voy a votar por un loco.

Hablemos claro, ninguno de esos ataques está sustentado con un argumento válido. Todo se reduce a sofismas.

Votar por López Obrador está mal porque “está loco y es populista”. Ah, ¿y el ingreso básico universal de Anaya, y el salario rosa para las amas de casa (líderes seccionales del PRI) de Meade, y el “moche de manos” del Bronco, no son populismo?

Votar por Anaya está mal porque “es miembro de la mafia del poder y lo respaldan los empresarios traficantes de influencias de México”. Ah, ¿y el ingeniero Rioboó de AMLO que obtuvo cientos de millones de pesos en obras por asignación directa en su gestión como jefe de Gobierno, no es traficar influencias? ¿Y la estafa maestra donde se desviaron recursos públicos a través de empresas y dependencias para favorecer a priistas, no es traficar influencias? ¿Y los millones recibidos por el Bronco para su campaña que no ha podido comprobar su procedencia ante el INE, no es signo de corrupción?

Votar por Meade está mal porque “es un corrupto vendepatrias del PRI”. Ah, ¿y que no la mitad de MORENA son precisamente corruptos ex priistas?, ¿Qué no el Bronco es un ex priista llegó con firmas falsas a la boleta electoral? ¿Qué no Anaya está siendo investigado en España y México por lavado de dinero?

Votar por el Bronco está mal “porque dice puras propuestas estúpidas y solo los estúpidos votarán por él”. Oh, ¿entonces creer que todos, absolutamente todos los problemas del país se resolverán “acabando con la corrupción” es una idea brillante?, creer que alguien que ha estado 12 años en las secretarías con más injerencia en el mejoramiento de la economía y la reducción de la pobreza y que tiene al país con más de la mitad de su población en algún grado de pobreza, ¿no es estúpido?, sostener que alguien va a llevar la relación bilateral con Estados Unidos de mejor manera solo porque habla bien inglés ¿es inteligente?

En suma, la violencia y la división han nublado nuestro pensamiento crítico y nos han convertido en simples porristas de un bando u otro. Reducimos nuestra participación política a atacar a todo aquel que piensa distinto de nosotros, ofendiéndolo solo por votar por alguien que por quien nosotros no. Qué desatino. Se nos olvida que, al final y cuando todo acabe, vamos a seguir siendo todos mexicanos. Vamos a vivir en el mismo país y vamos a tener los mismos desafíos.

Tan ocupados estamos en la carrera de caballos que nos olvidamos de analizar, gane quien gane, qué vamos a hacer con el tirano que tenemos como vecino en el norte, que en últimos días separó familias de inmigrantes encerrando a niños en jaulas, como si estuviéramos en la edad media.

Hoy juega México nuevamente. Ojalá y gane. Ojalá y con el ánimo que genere ese triunfo nos sintamos suficientemente dignos, suficientemente mexicanos, suficientemente responsables como para dejar de agredir al de a lado, para dejar de quemar banderas ajenas, para respetarnos entre nosotros y exigir con autoridad moral y firmeza, respeto para los nuestros.

 

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