Opinión

Amlópolis / Agenda urbana

Andrés Manuel López Obrador será el próximo presidente de México. Ahora, deberá transitar de la cómoda posición de la candidatura, desde la cual prometió sin riesgos ni restricciones, a una posición de toma de decisión con un alto nivel de intereses, presiones, limitaciones y responsabilidades dentro de un contexto complejo en el ámbito nacional e internacional. En los próximos meses deberemos conocer cómo los sueños e ideas de la campaña se pretenden traducir en políticas públicas ejecutables, medibles y evaluables. Por ejemplo, pronto habremos de conocer el rumbo que tomará la política urbana de la próxima administración.

Por ahora, se sabe que Román Meyer Falcón, de 34 años de edad, hijo del historiador Lorenzo Meyer, será designado para dirigir la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano; por tanto, será el responsable de diseñar, implementar y evaluar la política urbana del país. Según la semblanza dada a conocer, Meyer Falcón es especialista en materia de prevención del delito y mejora del espacio público. Asimismo, es arquitecto egresado del Tecnológico de Monterrey, cuenta con una maestría en Gestión Urbana por la Universidad Politécnica de Cataluña, y ha impartido cursos de urbanismo social en la Universidad Iberoamericana.

Hasta el momento, la política urbana no parece ocupar un lugar relevante en el imaginario, las prioridades y el discurso de López Obrador; lo único que se conoce son algunas ideas de Meyer Falcón que recientemente dio a conocer en un documento de 18 páginas titulado Amlópolis. Ahí, Meyer Falcón describe de manera general las aspiraciones a las cuales quisiera encaminar al sector urbano de México. A continuación se resumen algunas de estas ideas:

En términos de política metropolitana, Amlópolis sugiere que el gobierno instaurará “…un sistema de planeación metropolitano integrado y de largo plazo con precedencia sobre los planes municipales de desarrollo urbano, para que éstos estén alineados con el metropolitano”. Además, plantea “…la conformación de Agencias Metropolitanas para la atención integrada, participativa y de largo plazo en las materias prioritarias que exijan de una amplia coordinación y colaboración intergubernamental como la movilidad no motorizada y el transporte público, la gestión integral del agua y de las cuencas ambientales, la gestión integral de los residuos sólidos, de los servicios públicos y equipamientos sociales, y de la seguridad ciudadana”. Para ello, propone “ampliar sustancialmente y reorientar el Fondo Metropolitano para que sea empleado para programas y obras prioritarias, de alcance metropolitano, y con visión integrada y sustentable”.

En relación con el desarrollo urbano, Meyer Falcón sugiere que “será armónico en las distintas regiones del país bajo el principio de ciudades compactas, conectadas, sustentables, seguras e inclusivas, que privilegien el bienestar social, económico y ambiental”. Asimismo, asegura que se promoverá la coordinación “…transversal y efectiva de las políticas, planes, programas e inversiones en materia de vivienda, suelo, movilidad, espacio público, equipamiento e infraestructura, entendiendo que forman parte de la política de desarrollo urbano, metropolitano y medioambiental”. Igualmente, Amlópolis propone “armonizar y simplificar los distintos marcos legales, sistemas de planeación, programación, gestión y evaluación en materia de suelo, vivienda, asentamientos humanos, desarrollo urbano y ordenamiento territorial; y gestionar la armonización con aquellos relativos al ambiente y recursos naturales, comunicaciones y transportes, energía e industria”.

En cuanto a la política de suelo, el documento asegura que “se inhibirá la expansión descontrolada de las manchas urbanas y se fomentará la densificación en su interior. La expansión del suelo urbanizable será controlada, continua y ordenada en las áreas adecuadas. Habrá inversiones públicas y privadas y participación de los diferentes actores en la planeación, de modo que existirá un balance adecuado entre las cargas y los beneficios del desarrollo urbano”. Además, Meyer Falcón propone desarrollar “modelos alternativos de provisión de suelo para personas de menores ingresos y apoyar la constitución de organismos incluyentes, orientados a la provisión de lotes bien localizados y con servicios”, para lo cual se pretende promover “la constitución de un Banco de Suelo con predios cuyas condiciones jurídicas, de aptitud para la urbanización, localización y tamaño faciliten su aprovechamiento para proyectos estratégicos”.

En relación con la vivienda, Amlópolis asegura que “se cubrirán las necesidades de vivienda de las familias mexicanas con una política fuerte y decidida que involucre a todos los organismos a nivel federal, estatal, municipal, y al sector privado. Las viviendas nuevas estarán bien localizadas y contarán con equipamiento urbano adecuado que respete la identidad cultural, económica y social de las comunidades”. Para ello, promete “aumentar la vivienda en renta dirigida a población de bajos ingresos y jóvenes, a través de mecanismos de financiamiento para apoyar a arrendatarios y ofrecer garantías a los arrendadores”. Asimismo, se compromete a “garantizar el derecho a una vivienda adecuada de la población de menor ingreso, que ha sido excluida históricamente, ampliando significativa y progresivamente los recursos de los programas y acciones del sector público para estos propósitos”. No sólo eso, además asegura que el gobierno actuará “de forma integral para resolver las necesidades de vivienda, pero también para proveer servicios básicos, espacio público, áreas verdes y equipamientos sociales de salud, educación, abasto, seguridad, cultura, deporte y entretenimiento”.

Por último, en términos de movilidad urbana, Meyer Falcón prometer impulsar “ciudades donde la política de suelo y vivienda esté armonizada de tal manera que se reduzca la necesidad del transporte”, para lo cual se compromete a “apoyar la modernización del transporte público hacia sistemas integrados y multimodales de transporte de alta calidad, priorizando la inversión en transporte público masivo y colectivo, generando los incentivos para transformar y mejorar los actuales esquemas de prestación de transporte público”. Para ello, plantea equilibrar “el gasto público en infraestructura para todos los modos de transporte priorizando el financiamiento a la infraestructura para transporte público, peatones y ciclistas”.

En conclusión, Amlópolis resume las aspiraciones de prácticamente cualquier país de América Latina, y sintetiza las ideas que desde hace años pueden encontrarse en libros, artículos y documentos de cualquier organización relacionada con la política urbana. En ese sentido, esperemos pronto podamos conocer cómo se pretenden traducir las ideas en acciones; cómo se piensan instrumentar; y cómo se pretende navegar un entorno sumamente complejo en el que existen un sinfín de intereses, atribuciones, prioridades y visiones que compiten entre sí, no sólo dentro del mismo gobierno federal, sino también entre distintos niveles de gobierno y, principalmente, entre los sectores público, privado y social.

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Fernando Granados

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