Opinión

Con el dedo en el renglón / El banquete de los pordioseros

A ver, si mi memoria no falla, cosa frecuente, por cierto, el 21 de julio de 1984 fue sábado, casi estoy seguro, a pesar de que ya pasaron 34 años, lo recuerdo por la importancia del evento.

Pues bien, el asunto es que estábamos en una reunión familiar en la casa de uno de mis primos, Enrique Popoca. El señor José Dávila Rodríguez, fundador y director de la primera estación de radio cultural en Aguascalientes el 12 de octubre de 1973, lo que en ese tiempo era XENM Radio Casa de la Cultura era concuño de mi primo y coincidíamos en algunas reuniones. No recuerdo bien, pero yo conversaba con alguien sobre música, él estaba cerca y supongo que algo escuchó de nuestra conversación porque un poco más tarde se acercó y me preguntó: “¿te gusta la música?”, evidentemente le contesté que sí, yo estaba con mi papá que por cierto era un asiduo radioescucha de Radio Casa de la Cultura que se escuchaba en los 1320 khz de amplitud modulada, por lo que para mí era algo muy familiar esa estación de radio.

Recuerdo que me preguntó qué tipo de música me gustaba, le contesté que la música clásica y el rock, me comentó que en su estación tenía varios programas de música clásica, y me propuso entonces hacer algo en radio con respecto al rock, música que por cierto, a él no le gustaba. Me pidió que prepara un guión y me presentara el lunes siguiente, o sea, 23 de julio, en su oficina para ver qué podíamos hacer, yo estaba fascinado con la idea y desde ese momento mi entusiasmo fue in crescendo. Sin embargo, no tenía ni la más remota idea de lo que era hacer un guión y claro, no quise preguntar para no verme ignorante, de cualquier manera escribí -en máquina, las computadoras no eran de uso doméstico- algo que pretendía ser un guión, claro que sin las indicaciones que todo guión radiofónico debe llevar, especificaciones para el operador de audio, indicaciones del fondo musical, en dónde entra la voz, en dónde baja y sube la música, en fin todas esas cosas que con el tiempo fue aprendiendo medianamente a hacer, yo solo escribí un texto, el programa piloto aquel, después supe qué es un programa piloto, era de uno de mis grupos favoritos, The Doors, y recuerdo que aquel intento de guión lo inicié citando los versos finales del poema de The End de Jim Morrison del primer disco, homónimo, de The Doors: “Este es el fin, hermosa amiga, este es el fin mi única amiga, el fin. Me duele dejarte libre pero sé que nunca me seguirás. Es el fin de las risas y las dulces mentiras, es el fin de las noches en que procuramos morir. Este es el fin”. Mientras yo grababa, por cierto, temblando de miedo, el señor Dávila y Concho, su más cercano operador de audio, me veían parados frente a mí con los brazos cruzados y una mirada que en ese momento yo interpreté como inquisidora, no estaba en la cabina de grabación sino en la oficina del señor Dávila, Concho llevó un micrófono y una grabadora de carrete abierto, open reel y ahí me grabaron.

Hice la grabación un par de veces y ellos parados sin decir una palabra, sólo escuchando, yo estaba tartamudeando y extremadamente nervioso, al terminar las dos tomas que hicieron, el señor Dávila dijo que le gustaba más la primera, que se escuchaba más honesta y le pidió a Concho que hiciera una edición, insisto, yo ni idea de qué estaban hablando. La canción The End inicia con algunos compases de guitarra que se prestaron muy bien para que fueran el fondo musical mientras mi temblorosa y nerviosa voz citaba esos adoloridos versos de Morrison, justo cuando terminé de hablar entró la voz de barítono de Jim canturreando en ese estilo que le era tan característico que conocemos como talkin’ blues: This is the end, beautiful friend… Para mí fue magia pura y quedé fascinado, creo que en ese momento nació mi pasión irreprimible por ese maravilloso medio llamado radio.

Me despedí del señor Dávila ya un poco más tranquilo, pero sobre todo emocionado hasta el extremo, recuerdo que me dijo…, bueno lo que me dijo no lo puedo escribir aquí, pero más o menos me despidió diciéndome: “Estás bien p…dejo, pero tienes algo, algo te encuentro, creo que puede funcionar” y me citó para el siguiente lunes con un par de guiones para grabar otros dos programas, y así estuve grabando semanalmente pero sin que algo pasara.

Finalmente en algún momento el señor Dávila me dijo que mi programa se transmitiría a partir de febrero de 1985, es decir, 7 meses después de aquella primera sesión de grabación. El programa se llamaría El rock y sus intérpretes y el horario de transmisión sería los lunes, miércoles y viernes a las 11:00 de la mañana con repetición los martes, jueves y sábados a las 16:30 horas. Ese fue mi primer programa de radio, ahí nació aquello que para mí no era más que un pasatiempo y que poco después, y sin que yo me lo propusiera, se convirtió en mi proyecto de vida.

Después de 34 años de mi inicio en los medios de comunicación sigo de necio con el dedo en el renglón, convencido de la necesidad de mantener viva la esencia de la radio cultural y comprometido con ella hasta la médula de los huesos, no puedo ser diferente.


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Rodolfo Popoca Perches

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