Opinión

Cuando despertó, Amlo todavía estaba allí

Siempre me ha sorprendido la cantidad de lecturas que tiene el microcuento de Augusto Monterroso “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Siete palabras de la que se desprenden la más famosa y colectiva interpretación política: el Partido Revolucionario Institucional, viejo, rancio y sempiterno, nuestro dinosaurio, permanece en el poder en México de una u otra manera en las figuras presidenciales, senadores y diputados, sin que sea necesaria su militancia con el tricolor, ahí está el PAN, el PRIAN. ¿Quién despertó?, ¿dónde es allí? El país despierta tras cada elección para darse cuenta que el PRI sigue allí, donde mismo, y con él las viles prácticas que lastiman a la nación.

Ganó Andrés Manuel López Obrador la Presidencia de México. Lo voy a escribir así en este momento, en los primeros minutos del 2 de julio. Ganó Amlo de manera arrasadora con más del 53% de los votantes contabilizados. Millones de personas que ante el hastío provocado por el sistema partidista y por los gobiernos decidieron darle el voto de confianza al expriista Amlo.

Andrés Manuel no fue mi candidato en esta ocasión. Voté por él las otras dos veces que se postuló para la Presidencia. Yo fui 132. No puedo decir que en esta elección alguno de los cuatro contendientes fue mi gallo. Terminamos creyendo siempre que votamos por el menos peor. Un ejemplo: Este México heredero de la violencia extrema desatada bajo el mandato de Felipe Calderón Hinojosa y continuado por el de Enrique Peña Nieto necesita con urgencia algo más que promesas románticas para frenar el derrame de sangre y ninguno de estos estableció para mí una estrategia concreta para combatirla. Les bastó repetir lugares comunes sin mencionar siquiera la ruidosa y militar Ley de Seguridad Interior, y sin embargo Amlo gozó de popularidad infinita entre sus seguidores con solo repetir que el combate a la corrupción frenará la violencia. El combate a la corrupción acabará con la desigualdad social. El combate a la corrupción acabará con la pobreza. Pero no dijo cómo y a nadie le importó. El régimen vigente nos provoca tanto asco que mucha gente decidió, sin cuestionar siquiera, el procedimiento. Amlo supo capitalizar este enojo. Ganó. Durante toda su campaña repitió hasta la náusea el discurso de una república amorosa, del amor y paz, se le vio tranquilo y bonachón mientras aseguró que amor con amor se paga. Muchos le creyeron sin cuestionarlo, no asimilaron este discurso cuando, en redes sociales, esas que López Obrador llamó “benditas”, se encargaron de establecer una dinámica de odio contra todo aquél que no estuviera con Morena. Este mismo enojo lo vi en los militantes de los partidos hegemónicos, las agresiones no fueron un acto exclusivo morenita, pero estos no cumplieron con el principal precepto de su líder: la reconciliación. Si el de arriba no es corrupto tampoco lo será el pueblo, lo traslado a si el de arriba reparte amor el pueblo lo recibe y propaga.  Aún hoy, en el día cero de la victoria, no han cesado los denuestos contra el otro, con el que piensa diferente.

Todavía es, en una de sus acepciones, un adverbio que indica que una situación persiste en el momento del cual se habla o escribe. “… el dinosaurio todavía estaba allí”. No creo que la victoria de Amlo sea un nuevo comienzo. No creo que Morena represente el cambio contra el sistema. Mucho menos desde el primer día en su cargo, como López Obrador promete. No me sabe a la cuarta transformación del país. En mucho persistirá el régimen porque el expriista Andrés Manuel se rodeó para esta contienda de expriistas. Porque propone una renovación mientras tiene entre sus aliados a estos reciclados con viejas mañas y nuevas tranzas. No cuando observo que los derechos humanos serán un tema secundario en su agenda. No me basta que haya hecho una mera mención de la comunidad de la diversidad sexual. No me gusta que en perspectiva de género y el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo mediante el aborto no figuren en su lista de pendientes, que no hable de combatir la violencia feminicida y que todo el feminismo a su alrededor se resuma a la mera la mención de que ahora la primera dama no será una figura decorativa, sino una compañera. Esto se lo exigí a todos, pero Amlo asegura que en su república amorosa cabemos todas y todos, cabemos evangelistas, católicos, juaristas, homosexuales, mujeres, indígenas con los mismos derechos para ser felices. Nunca supo decirme cómo.   

México despierta tras cada elección para darse cuenta que el PRI sigue allí, donde mismo, y con él las viles prácticas que lastiman a la nación. Amlo ganó la presidencia, la tercera es la vencida, con el PRIMor-ena que construyó y con el que cobija a Elba Esther Gordillo, a Manuel Bartlett, a Napoleón Gómez en lo nacional y a los cientos de expriistas en los estados. Este es el viejo PRI que dice Roger Bartra, el viejo, el rancio y el sempiterno, el que cuando despertemos, hoy 2 de julio, todavía estará allí.

 

@negramagallanes

 

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Tania Magallanes

Tania Magallanes

Jefa de Redacción de LJA. Arma su columna Tres guineas. Fervorosa de lo mundano. Feminista.

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