Opinión

Del ocio femenino / Tres guineas

La vida es un picnic. Has estado repitiendo constantemente esa, la línea de una canción, para después tirar tu cuerpo sobre el pasto mirando a las nubes moverse, en duermevela. Contemplativa. Bucólica a veces. Piensas cómo la vida es un picnic. Llevársela leve. Imaginar. Sentir. Fluir. Pensar. Disfrutas no hacer nada, el placer que produce el ocio. Pero es tan breve el asueto. Trabajas mucho para obtener una mañana de recreo. Incluso esa misma mañana tuviste que invertir más tiempo en preparar el descanso que en el descanso mismo, tal vez ahí sentada continúes trabajando en los bocadillos, en controlar a los niños, sin considerar todavía que viene la lavada del mantel y de la mezclilla llena de verde césped.

En la inmediatez del siglo, puede ser que analizar y visibilizar la brecha de género en el hogar sea la aportación más significativa de los últimos tiempos. Ya era momento de hablar como nunca antes de las labores femeninas en casa, de presentar las tareas domésticas como un trabajo, uno muy mal pagado; de plantear que los cuidados que hacen las mujeres de los otros no tienen remuneración ni gratitud. Sólo que este análisis ha dejado atrás el derecho al ocio femenino. Así como se habla de las dobles o triples jornadas laborales de las mujeres en pos de una nueva conciencia colectiva que replantee el papel de los hombres en la casa y con los hijos, también hace falta resaltar el derecho al reposo que ellas no ejercen igual que ellos, ni en cantidad ni calidad.

Porque no importa en qué gastan el tiempo libre las mujeres, sino cómo. Por azares del capítulo, Marge Simpson no tiene nada que hacer. Su casa luce reluciente y perfecta. Sus obligaciones han terminado y está aburrida. La ansiedad y el aburrimiento se apoderan de ella y en una tragicómica escena va al cuarto de Maggie, que duerme plácidamente en su cuna, y la despierta, encontrando sosiego al ocuparse del llanto de la bebé.

¿Qué hacemos con el ocio las mujeres? Con la necesidad constante de cumplir con lo asignado, siempre hay trastos que lavar, ropa que doblar, niños que bañar, el remordimiento que se aloja en algún lado por descuidar una actividad que no es exclusiva, que debería ser compartida, no lavé los trastos, no doblé la ropa, no bañé a los niños, ¿cuál es la calidad del ocio femenino?, ¿cuáles las barreras para su práctica? Cómo nos proporcionamos la valiosa necesidad del extravío de la mente, de la reflexión, de la dispersión, de la creación a partir de contemplar, el ocio que se confunde en el juicio con la flojera, con la procrastinación, no lavó los trastos, no dobló la ropa, no bañó a los niños.

Porque no es lo mismo ser una madre ociosa, que una esposa ociosa, que una trabajadora ociosa, que una universitaria ociosa. En cada una de las etapas de la vida habrá patrones que seguir y las actividades del momento dirán qué tanto tiempo se puede “perder”, una metáfora muy mala si este concepto es pensado como una inversión para el alma. Así es como en un picnic o en vacaciones la responsabilidad agobia a las mujeres y limita su distensión. Aún lejos de las responsabilidades cotidianas no se deja de sentir esa presión que dice que algo deberían estar haciendo y la libertad se vuelve relativa al estar sujeta en el pensamiento de “deber”, debería hacer, debería cumplir, pues el cuidado y la planificación de la vida misma está bajo sus faldas; esa presión no sale de viaje aunque se pueda hospedar en un hotel de lujo, no es como la presión de los hombres, que en su mayoría no tienen la carga de las actividades diarias ni la preocupación constante de la vida familiar -no son ellos, son los papás-. Incluso en la socialización es diferente: mientras que un hombre que lee aprovecha su tiempo y mantiene un status por realizar una actividad considerada intelectual, superior, las mujeres que leen pierden el tiempo porque dejan atrás las tareas que les tocan. Cuenta la Historia que cuando el varón salía a cazar y caía la noche contemplaba el cielo tumbado para ver las estrellas y pensaba en sí. La misma Historia magnificó la caza, la oratoria, el despertar de la conciencia, todo como un arte masculino, y relegó a chismorreos las tareas domésticas femeninas, a artesanías, las historias en el fuego de la cocina, la contemplación de los hijos y los cantos que brotaron como leche del pecho. Pasó por alto la creatividad de las mujeres por culpa de una ceguera androcéntrica y minimizó su trabajo y su ociosidad. Deja de perder el tiempo leyendo y ponte a trapear, repitió mi mente.

Por supuesto que hay mujeres que ni vacaciones pueden darse. Las que en sus semanas laborales de 24×7 en el campo o la fábrica o en la oficina, y en la casa y con los niños, un momento de ocio equivale a una culpa eterna por dejar de hacer para otros, sin que puedan desconectarse de las preocupaciones y quehaceres. Acostada en su cama, la madre se repite intensamente que ya debe levantarse, comprar la cartulina, vaciar los restos de comida, revisar la tarea. Ya debe.

No se ha considerado aquí ni la fatiga, la falta de oportunidades o el enfoque sicológico, todavía hay mujeres que creen que no tienen habilidades para nada, que tienen miedo de perderse en sus pensamientos, que se tragan el cuento de que las actividades del ocio son exclusivas de los hombres, lo que las lleva a tener menos experiencias de vida, menos viajes, menos borracheras, menos libros, menos películas, menos pláticas enriquecedoras, menos contemplación, menos autoconocimiento, incluso menos amor, sin poder despegarse ni con la mente de la vida diaria, de las obligaciones, sin escapar del tedio, para sí mismas.

Como Marge, temes quedarse sola, si no hay nadie en casa no harás comida y mejor encenderás la tele para escucharla sin verla. Limpiarás frijoles, lavarás el baño. Tu casa luce reluciente y perfecta. Tus obligaciones han terminado y estás aburrida. Mejor espera ocupada a que alguien llegue, a que sosiegue tu aburrimiento. No tienes tiempo para el ocio que produce, engendra, concibe, da a luz a innovadoras ideas, a provechosos haceres, a divagaciones creativas. La vida es un picnic sin descanso.

 

@negramagallanes

 

The Author

Tania Magallanes

Tania Magallanes

Jefa de Redacción de LJA. Arma su columna Tres guineas. Fervorosa de lo mundano. Feminista.

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