Sociedad y Justicia

El depresivo rostro del suicidio en México

  • La conducta suicida se manifiesta mediante comportamientos autodestructivos que podrían acabar con la propia vida e involucran fantasías de muerte, autolesiones, ideación, amenazas e intentos suicidas
  • En México, la frecuencia de este grave fenómeno registra un rápido incremento en ambos géneros

¿Qué lleva a un individuo a intentar o cometer suicidio? Esta es quizá una de las interrogantes más frecuentes en la psiquiatría, y es que un conjunto de variables y causas convergen en una decisión de este tipo: biológicas, sicológicas, sociales.

Sin dejar de lado los problemas personales, laborales, económicos o algunas condiciones sociales, 90 por ciento de los suicidios se liga a condiciones de salud mental como depresión, esquizofrenia, abuso de sustancias tóxicas -drogas y alcohol-. Estudios realizados por investigadores de España y México estiman que 80 por ciento de los suicidios consumados presenta un cuadro depresivo.

Las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que cerca de 40 por ciento de la población mundial vive con depresión, pero son las mujeres quienes presentan mayor prevalencia de síntomas asociados a la enfermedad en comparación con los hombres. Aunque hay tratamientos eficaces, la OMS reconoce que más de la mitad de los afectados en el mundo, y en algunos de los casos más de 90 por ciento, no recibe tratamiento.

En el caso del suicidio, cada 40 segundos una persona en alguna parte del mundo muere por esta causa. Las tasas de suicidio varían considerablemente entre los países, pero se estima que han aumentado en 60 por ciento en los últimos 50 años. Aunque las razones que llevan a una persona a quitarse la vida son multifactoriales, en algunos casos los suicidios por trastornos mentales surgen por el desequilibrio de tres elementos: una condición adversa, la capacidad de adaptación y la resiliencia.

Para explicar este triángulo estresor, Alejandro Molina López, responsable del Servicio de Atención Continua en el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz (INPRFM), propone lo siguiente: “Una persona vulnerable con resiliencia deficiente y poca adaptación puede intentar suicidarse ante un estresor menor, por ejemplo, reprobar un examen. Esta persona no puede contener la situación y opta por suicidarse. En la contraparte, una persona resiliente, que se enfrenta a un estresor mayor -como la muerte de un ser querido- y que tiene una capacidad de adaptación, red de apoyo familiar, acceso oportuno a los servicios de salud y una buena fortaleza interna y biológica, no decide suicidarse”.

La resiliencia, define la Asociación Americana de Psicología, es la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas, y que se adquiere desde la infancia. Estudios demuestran que uno de los factores más importantes en la resiliencia es tener relaciones de cariño y apoyo dentro y fuera de la familia.

Suicidas mexicanos

En México, los epidemiólogos han reportado un aumento en las muertes por suicidio en las últimas cinco décadas y una variación del fenómeno. Mientras que en la década de los setenta el suicidio era considerado un fenómeno frecuente en adultos mayores, con el transcurso del tiempo estudios en diferentes países indican incrementos importantes en jóvenes menores de 35 años y en adolescentes.

El Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) documenta que en 2015 hubo seis mil 425 suicidios en México, de los cuales 10.5 por ciento (674) tenía entre 10 y 17 años de edad, 58.8 por ciento (396) de esos casos fueron varones y 41.2 por ciento (278) fueron mujeres. De acuerdo con el INSP, el mayor número de suicidios ocurrió entre los hombres, ya que hubo 3.2 suicidios por cada 100 mil, mientras que en las mujeres la tasa es de 1.8 suicidios por cada 100 mil.

Cuando los medios de comunicación informan una muerte por suicidio, por lo general, la víctima es un varón, y pareciera que el suicidio ha adquirido un rostro masculino, y las estadísticas lo confirman: ocho por cada 100 mil hombres fallecieron por lesiones autoinfligidas en 2015, mientras que dos por cada 100 mil mujeres decidieron quitarse la vida.

Son las mujeres quienes realizan más intentos de suicidio, pero los varones utilizan métodos más drásticos para morir, en comparación con las mujeres, de ahí que la tasa de muerte por esta causa sea más elevada en este grupo poblacional. La conducta suicida no distingue géneros. Alejandro Molina López señala que aunque los varones son quienes más mueren por suicidio, este patrón está cambiando porque las mujeres están imitando métodos frecuentemente utilizados por ellos.

“En los últimos años, la frecuencia de las muertes por suicidio incrementa a un ritmo más rápido en ambos géneros. Los hombres siguen con mayor tasa de suicidios consumados, pero los casos en mujeres están aumentando a un ritmo mucho más rápido”, dice.

Para Alejandro Molina, miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), la consumación del suicidio es solo el resultado de un problema mayor que requiere el abordaje desde el punto de vista comunitario, social, legislativo y del sector salud: la conducta suicida.

Investigaciones sobre el proceso suicida,han encontrado que las personas no intentan suicidarse solo una vez en el transcurso de la vida: a medida que la persona tiene más ideación, pensamientos y actos de suicidio, hay más probabilidad de que tenga un nuevo intento en el futuro próximo, y que este sea más cercano a lo letal. Cada intento tiene la posibilidad de resultar en la muerte o en una lesión física de primera magnitud, que causa un gran sufrimiento psicológico en el individuo y en los familiares.

 

Con información de Carmen Báez y del Conacyt

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