Opinión

El fascinante encanto de las adicciones / Análisis de lo cotidiano

En 1955 se exhibió una película que causó furor, las actuaciones de Frank Sinatra y Kim Novak los hicieron candidatos a todos los premios conocidos, la música de Les y Larry Elgart se convirtió en un jazz memorable y el éxito de la cinta fue mundial. Se llamó El Hombre con el Brazo de Oro, título que aludía a la fuerza que tenía el protagonista en esa extremidad en la que se inyectaba heroína. Además tocaba la batería genialmente, también gracias a la droga que se metía en las venas. Eso ocurrió hace 63 años, pero no fue la primera película que exaltó el uso de sustancias tóxicas. Cinco años antes el filme argentino Mariguana fue el primero en tener como protagonista central a un médico cirujano usuario de la hierba. De entonces a la fecha el cine se ha regodeado en el tema; adictos, traficantes y perseguidores son personajes centrales en innumerables películas que han ganado todos los premios concedidos al séptimo arte. La lista de músicos, cantantes, actores, deportistas y actrices que han destruido sus carreras y sus vidas por la adicción a los tóxicos es muy prolongada. Algo debe haber de fascinante en la tentación de usar por primera vez una droga. Después la dependencia orgánica y psicológica hacen el resto, el que la prueba ya no puede detenerse y la caída es fatal. Pudiéramos pensar que el adicto cae en esa letal conducta por su poca inteligencia, por su personalidad débil o por su falta de carácter. Esa es una explicación fácil y simplista. No suele ser así, porque de lo contrario tendríamos mucha dificultad para comprender por qué razón, también han sido adictos algunos de los hombres poseedores de mentes brillantes. Mary Louise Alcott escribió en 1868 la tierna novela Mujercitas sobre la vida de las adolescentes, que se ha repetido en cine, televisión y otras obras hasta la saciedad. La autora era además promotora del voto de la mujer y la abolición de la esclavitud. Fue adicta a la morfina. El actualmente famoso Stephen King cuyas novelas de terror se han vendido por millones y han sido grandes éxitos cuando han sido llevadas al cines, se confiesa como adicto en rehabilitación. Asegura que algunas de sus mejores novelas las escribió sin darse cuenta. Lo mismo ocurrió con famosos escritores como Ernest Hemingway, Tennessee Williams, Aldous Huxley y Jean Paul Sartre, por mencionar solo algunos. El médico escocés Arthur Conan Doyle creó en 1887 al famoso detective Sherlock Holmes quien después de hacer sus cerebrales deducciones se fumaba una pipa con opio o se inyectaba morfina, para descansar. El mismo Conan Doyle lo hacía. Y recientemente en la exitosa serie Dr. House, el personaje que es una copia de Holmes, es adicto a la codeína. Es demasiado y no es casualidad, hay algo de fragilidad en la esencia humana que nos hace tan proclives a las adicciones. A la fecha, el problema es de una magnitud extrema. Millones de dólares se mueven en el mundo y millones de vidas se pierden por el uso y el comercio de tales sustancias. Y la humanidad pierde en enorme capital de talento, inteligencia y creatividad por ello. Existe desde luego un combate a las adicciones. Lamentablemente, hasta la fecha no parece que estemos teniendo buenos resultados.

 

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Héctor Grijalva

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