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El sacrificio necesario de Ernesto Che Guevara / Entrevista a José Monero Hernández, sobre la novela gráfica el Che III

 

  • Los últimos días del Che, embarcado en su idea de llevar la revolución a otros rincones y lugares del mundo, busca de esa manera transformar las condiciones políticas y sociales

 

El caricaturista mexicano José Monero Hernández se dio a la tarea de crear la novela gráfica Che, una vida revolucionaria, basada en la biografía del revolucionario argentino Ernesto Che Guevara, escrita por el periodista norteamericano Jon Lee Anderson. Esta novela gráfica, publicada por la editorial mexicana Sexto Piso, fue dividida en tres partes: El Doctor Guevara, Cuba y El sacrificio necesario.

Transformar la biografía de Anderson a una novela gráfica dividida en tres libros fue un trabajo que le tomó al caricaturista mexicano cuatro años. El sacrificio necesario, sin embargo, nos presenta los últimos días del Che, embarcado en su idea de llevar la revolución a otros rincones y lugares del mundo, buscando de esa manera transformar las condiciones políticas y sociales.

En El sacrificio necesario, Ernesto Che Guevara se transformará para poder vivir en la clandestinidad y poder viajar entre América, Europa y África, con la intención de exportar su mensaje revolucionario. El Che había escrito ya en Cuba su idea de exportar la Revolución, una idea que no les agradaba del todo a los altos jerarcas de la URSS, quienes se habían manifestado ya como los mejores aliados de la Revolución Cubana y del régimen encabezado por Fidel Castro. Pero la idea de generar las condiciones revolucionarias y no esperar a que estas condiciones estuvieran dadas. Esta idea, central en la ideología y en la forma de entender el mundo, fue la que impulsó a Guevara para iniciar su periplo internacional en el Congo. Sin embargo, las diferentes formar de entender la guerra, la falta de disciplina del ejército guerrillero, la escasa presencia de los líderes de la guerrilla congoleña, quienes ni siquiera vivían en los campamentos, ya que eran más políticos que militares, darían al traste con esta expedición, que sería vencida por los militares leales al régimen de una manera aplastante.

Esta derrota militar, que se había filtrado ya a la prensa internacional, aunado al fallecimiento de la madre del guerrillero argentino, además de que el régimen cubano había hecho público el deseo del Che de exportar la Revolución, dejaron al guerrillero argentino en una situación precaria, ya que no sabía hacia donde dirigir sus pasos. Y este es un poco el clima que domina a la novela de Hernández: un aire de tristeza, de desasosiego, que nos va marcado el derrotero que llevará a Guevara a su última misión: Bolivia, en donde cómo todo el mundo sabe, Ernesto Che Guevara sería asesinado por los militares del país sudamericano, en un intento por silenciar al mito. Un intento vano, pues como todo el mundo sabe, ese día murió Ernesto Guevara, pero nació la leyenda del Che, una leyenda que le daría la vuelta al mundo y daría pie a que miles de jóvenes se fueran al monte a luchar por un mundo mejor, distinto. Platicamos con Monero Hernández sobre esta tercera y última entrega de su novela gráfica:

Javier Moro Hernández (JMH): En este tercer libro describes de manera fehaciente cómo cambia de apariencia el Che para poder viajar de incógnito, primero al Congo y después a Bolivia. 

José Hernández (JH): Esa parte me gustó mucho trabajarla, porque era interesante representarlo en sus otras identidades y tratar de mantener en todo momento al personaje, por ejemplo cuando es Ramón, cuando es Tatú, cuando es Adolfo Mena, que es cuando más cambia, porque se arranca el cabello, y digo en el libro no lo platica uno con detalle, pero se hizo un trabajo dental para verse más grande, se arrancó el cabello, en fin, todo un cambio de apariencia que lo hace ver mucho más diferente. 

JMH: Quería referirme justo el viaje al Congo porque es el momento en el que nos damos cuenta de que su teoría chocaba con la realidad, la teoría que él había construido había funcionado en la Sierra Maestra, en Cuba, pero fuera del contexto en Congo es muy diferente, el ejército guerrillero es muy diferente.

JH: En Bolivia también sucedió, justamente, la teoría de que no hay que esperar a que se den las condiciones hay que crearlas, que para mí es una teoría que claramente está equivocada, él siempre trató de reproducir el triunfo de Sierra Maestra, estaba convencido de eso, de que no había que esperar, pero no se dan una serie de cosas que eran importantes, en el Congo hay un momento en el que todo es un desastre, los líderes no están ahí, se la pasaban en otros rollos, y hay un momento en el que se da un ataque al campamento y nadie se da cuenta porque no hay centinelas cuidando, tienen que escapar, y él mismo hace la reflexión y se da cuenta de que tenía más hombres de lo que tenía Fidel en el inicio de Sierra Maestra, pero allá no estaba Fidel, y hay una condición que él iba a estar muy clara, y que hasta su madre le subraya en una carta, y es el hecho de que él es extranjero, entonces no es lo mismo que el líder, en el caso de Cuba sea Fidel, un cubano, a que llegue un extranjero al Congo. Se topa con pared ahí y se vuelve a topar con pared en Bolivia, donde la situación política y social en Cuba es muy diferente porque acaba de haber una reforma agraria, entonces los campesinos están más tranquilos. 

JMH: Hay dos momentos muy importantes en el libro; la carta que le envía la mamá como la reunión que tiene con el presidente de Egipto Nasser, son momentos muy puntuales, en donde dos personas ajenas al círculo cubano le dicen que tenga cuidado. 

JH: Los dos lo tratan de ubicar, aunque de distinta manera, porque la carta de su madre suena un poco a reproche, sí le dice que siempre será un extranjero, pero no se lo dice como algo que le va a impedir hacer las cosas, sino como la necesidad de aceptar que él no es parte de ese otro país y con eso asumido ya puedes hacer lo que sea. Hay otra cosa que yo no cuento en esta novela gráfica, pero que Jon Lee Anderson sí cuenta en su biografía, es que antes de irse a Bolivia, él trabaja una serie de textos que se lo deja a Orlando Borrego, en donde hace un análisis de la economía de la URSS, en donde concluye que si la URSS sigue con esas políticas terminará desapareciendo, un análisis que en su momento fue escondido porque rompía con la ortodoxia comunista, y otro punto es que se da cuenta de que analizando lo que estaba sucediendo en otros países de Europa del Este, él llega a la conclusión de que se pueden lograr los cambios por otra vía que no fuera la violencia, entonces el hecho de que el Che, un convencido de que la única manera de lograr cambios por otras vías que no fueran las armas, es un cambio muy importante, y yo creo que tiene que ver con la edad, con el proceso de maduración, y que tiene mucho que ver con cómo va a ser él en Bolivia, en donde se comporta de una manera muy diferente a cómo se comportó en Sierra Maestra, en Bolivia el Che no mató a nadie, no ejecuta a nadie. 

JMH: El fallecimiento de la madre también refuerza el sentimiento de abatimiento que persigue al Che a lo largo de este viaje. 

JH: Cuando está en el Congo hay dos cosas, dos golpes que son muy fuertes para él, uno es la muerte de su madre, por supuesto, pero el otro es el hecho de que Fidel lea públicamente la carta de despedida, porque eso le cierra todas las puertas, y por eso él ya no puede regresar a Cuba públicamente, tiene que hacerlo clandestinamente, de hecho, desde que deja Cuba se va a la clandestinidad en el mundo. 

JMH: ¿Qué otra opción hubiera tenido el Che si no era la lucha armada, la clandestinidad, para seguir buscando la transformación y el cambio en el mundo?

JH: Yo creo que lo que lo obliga a mantenerse en la clandestinidad es precisamente su orgullo, y no lo digo en sentido peyorativo, hay una carta que le escribe Fidel cuando él está en Praga, en donde está en la clandestinidad después del fracaso del Congo, sin saber muy bien que hacer y no quiere regresar a Cuba porque ya se despidió, y Fidel le dice que no hay que hacer las cosas mal, que regrese, que no hay nada malo en eso, pero es tanto su prurito ético que a nosotros nos parece incomprensible que no haya regresado a Cuba, pero tal vez tiene que ver con que nosotros ya estamos muy acostumbrados al cinismo, que no entendemos esa decisión. 

JMH: Justo ese es el “nuevo hombre” que él soñaba construir, el que sostiene lo que dice, el hombre de una sola pieza. 

JH: Éticamente intachable, lo cual, no solo a estas alturas de la historia, sino que tal vez a lo largo de toda la historia, tal vez no hubiera sido posible, y por eso a mucha gente le parece incomprensible. 

JMH: El Che es un mito, pero se crea su figura mítica a partir de estos momentos. Porque existía la teoría de que fue Fidel el que les cierra las puertas del regreso a Cuba. Aquí vemos que no fue así, pero también existe el mito de que el Che fue sanguinario. Tal vez lo fue en la Sierra Maestra, pero ya no en Bolivia, es decir, es un personaje multifacético, complejo y que no tiene un solo rostro. 

JH: Ese es el riesgo de ver a los personajes en blanco y negro, como la foto de Korda, o sea la foto en alto contraste y estampada ha hecho una imagen del Che, una imagen bidimensional, en blanco y negro, y el Che no es eso, no es esa imagen. es todo lo contrario, es una persona con miles de grises, entonces es el riesgo de ver las cosas así. ¿Fue sanguinario? Supongo que sí, de alguna manera, en combate mató, se levantó en armas contra un gobierno y sí haces eso, como él mismo lo dice “en una revolución se gana o se muere”, y también ejecutó a personas que consideraban traidores, y sus detractores suelen citar estos fragmentos de cartas, generalmente descontextualizados, en donde escribió que “el soldado debe ser una máquina de odio”, sí lo escribió, pero también dijo que “un revolucionario debe tener un elemento esencial, que es el amor”, y en la carta que le escribe a sus hijos, que es con la que quise terminar el libro les pide que jamás pierdan la capacidad de indignarse ante las injusticias del mundo, que esa es la capacidad más importante de un revolucionario, se pueden entender las dos cosas, de hecho no son contradictorias, él lo tenía muy claro eso, él lo dijo, en una revolución se triunfa o se muere, y él hizo las dos cosas, y también eso lo vuelve mítico, porque a diferencia de Fidel, y de muchos otros personajes que llegan al poder, el Che no se sintió a gusto en el poder, porque para él eso no era porque lo había peleado. 

JMH: Justo en el libro de Jon Lee Anderson se hace mención a que él no se sentía a gusto como funcionario, y eso lo impulsa a las aventuras internacionales, pero en Bolivia no estaban dadas las condiciones, no había redes de apoyo, se echó en contra al Partido Comunista Boliviano, no lo querían allá, parece que no quiso ver todo este contexto tan adverso. 

JH: Sí le interesaba hacer la revolución en Bolivia, pero tal vez la vio como un paso para iniciar el proceso en Argentina, tal vez le interesaba para crear el foco guerrillero en Bolivia y después seguir a Argentina, algo que venía intentando desde tres años antes, desde que estaba en Cuba, pero era un poco su necedad de repetir el éxito de Sierra Maestra. 

JMH: Hay otro momento esencial en el libro, que se da antes, y que ya mencionaste, que es la despedida de los hijos, cambio tanto físicamente que Aleida, su hija no lo reconoce. 

JH: Al final me gustó mucho más hacerlo sin ningún diálogo, y es cuando se despide de Fidel, su cambio físico es impresionante, y yo me imagino esa reunión con los hijos debió ser terrible, para él y para su esposa, Aleida, por eso quise terminar este libro con esa parte de la carta a los hijos, no sabía bien cómo iba a trabajar todo el libro, pero sí decidí que ese debía ser el final de mi trabajo, y le pensé mucho cuando estaba trabajando el libro tres, revisé mucho cómo había sido representado el Che al final, sobre todo en cine y en novelas gráficas, pero no le veía el sentido de presentarlo muerto, lo platique con Jon Lee y él estuvo de acuerdo que el final fuera así, y la carta es esencial, porque es la herencia moral, no solo a sus hijos, sino una herencia moral al mundo, y me parecía que era muy importante terminar eso. 

JMH: ¿El trabajo de este libro fue distinto al de los otros dos libros? 

JH: No muy distinto, pero curiosamente era el libro que yo quería tener más controlado, pero fue el libro menos controlado, era en el que quería dejar menos cosas al azar y resultó ser el más azaroso, porque fui cambiando muchas cosas, en los otros dos los cambios fueron menos, pero en éste, los cambios fueron muchos, tengo una versión que empieza cuando ya lo tienen preso en La Higuera, por ejemplo, y después a lo largo de toda la historia regresaba ahí todo el tiempo, pero creo que se lee mejor, que es mucho más fluido como finalmente como quedo, pero sí había cosas que eran mucho más azarosas, siento que tenía mucho más control gráficamente, eso sí, como que ya lo tenía más controlado y que podía resolver las cosas mucho más fácil en cuanto al aspecto visual.

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Javier Moro Hernández

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