Opinión

Fetichismo: todos somos anticuarios / Cinefilia con derecho

Cuando era adolescente, circulaban las famosas cadenas de rosarios o de los milagros de X santo, tenías que fotocopiarla determinado número de veces y repartirla para que la gran oración continuara, porque la misma hoja advertía del presidente de la famosa compañía que al desdeñar la petición, habría perdido empresa, esposa, hijos y por poco y la misma existencia. Por el contrario, el funcionario menganito habría hecho caso a la repartición de hojas mal impresas, y ahora era un alto servidor público de gobierno (¿la futura pérdida de sus canonjías será porque a AMLO se le perdió la cadenita?). Con la ascensión del internet, las cadenas también se digitalizaron, abundaron en los correos electrónico, los sistemas de mensajeo, las redes sociales y hoy hacen su agosto en WhatsApp y Facebook principalmente.

Recientemente me invitaron a tres juegos de esta naturaleza. El primero, sobre subir a la red los 10 libros que te han marcado, sin comentarios ni explicaciones -se leía en las reglas- sólo postearlos en Facebook e invitar a un incauto que a su vez subiría sus diez obras favoritas e invitaría a similar número de personas, de tal forma que se llenara esta red social de fotos de libros. La principal regla la violé, lo admito, me parece que en esta sociedad donde reina el subjetivismo, es menester explicar por qué determinado libro, fue fundamental en alguna etapa de mi vida, en el fondo se trata de una postulación que reafirma nuestra personalidad y además permite compartir con los demás, pensamientos propios, tal vez esa es la esencia de las redes sociales.

Fui invitado a dos cadenas más, una de ellas para pegar los posters de las películas que más nos han marcado, influenciado o impactado de alguna manera, la que pide la misma regla de no dar explicaciones, que por supuesto no pienso respetar por las razones ya acotadas. En la segunda, Anibal Salazar generó la idea de compartir 5 cosas raras que tuviéramos en nuestros libreros, he seguido con atención los resultados de los distintos nominados, que nos muestran una gran cantidad de libros-objeto o cosas relacionadas con el arte y la cultura, que lo mismo van de un Spiderman junto a una obra de Calamaro, que ediciones antiguas, DVD’s extraños o libros autografiados.

Los objetos de colección pululan en nuestra vida, no es raro que aumenten las audiencias de programas de coleccionistas y anticuarios, como el famosísimo El Precio de la Historia, Cazadores de tesoros, ¿Quién da más? todos de History Channel y que narran las peripecias de la compra venta de afiches de lo más disímbolo, su éxito tiene que ver en que mucho de lo que se vende: el viejo cuadro de la abuela, la colección de estampitas del tío, el balón autografiado por una selección de basquetbol. Elementos que están cercanos a la población común y corriente, que de alguna u otra manera, nos permiten ser parte de ese jet set de compradores de alta alcurnia, coleccionistas de objetos de varios millones de dólares, como los que vemos en la peculiar historia de amor de un anticuario en La mejor oferta, filmada en 2013 por Giuseppe Tornatore, el director de la famosa Cinema Paradiso. Por cierto, cinematográficamente en nuestro país, el anticuario por excelencia es el vendedor del extraño amuleto que chupa sangre y da vida eterna, en la ópera prima de Guillermo del Toro, Cronos (1993).

En todos los casos, es fundamental el objeto favorito, definitivamente los humanos somos fetichistas, inventamos un gran tráfico de cosas para todos los gustos y bolsillos, que igual incluye pinturas de precio accesible solo para grandes millonarios, que el intercambio viral de estampillas de Panini o, en el segundo piso de la Plaza de la Tecnología, el trueque de las más disímbolas tarjetas del mundo friki. No se trata entonces, de un consumismo industrial o postindustrial, sino de una necesidad que ha existido desde todos los tiempos, la forma en que los seres humanos nos relacionamos con el mundo y con el resto de nuestros semejantes.

 

[email protected]

The Author

Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

No Comment

¡Participa!