Sociedad y Justicia

La igualdad de género desde la neurociencia

 

  • Estudian cómo las hormonas moldean de forma diferente el cerebro femenino y el cerebro masculino en los mamíferos, desde que están en el útero materno
  • El cerebro masculino se tiene que hacer masculino, se tiene que labrar masculino y algunos siquiatras creen que por eso los niños varones tienen más alteraciones siquiátricas que las niñas

 

Hilary es panameña y dice que se siente tan chica como cualquier otra, pero lo dice después de haber pasado por un difícil proceso de aceptación. A los 17 años, Hilary se sometió a una cirugía para tratarse una hernia en la pelvis, pero unos días después le dijeron que lo que le habían extirpado era un testículo. Después de varias pruebas, el genetista tenía un diagnóstico: Hilary padecía el síndrome de insensibilidad a los andrógenos. Tenía un cromosoma X y uno Y, es decir, tenía un genotipo masculino, pero sus células no eran capaces de responder a la testosterona y por lo tanto su desarrollo y su apariencia física son las de una mujer.

En los mamíferos, el sexo está determinado por un par de cromosomas, en las hembras por dos cromosomas X y en los machos por los cromosomas XY.

“El cromosoma Y tiene muy pocas funciones, esto es algo que no le gusta oír a los varones, pero es el único cromosoma cuya ausencia es compatible con la vida. Existe una condición llamada síndrome de Turner, en el que los individuos carecen de ese cromosoma y son viables, y son fenotípicamente mujeres. Casi lo único que hace el cromosoma Y es diferenciar la cresta genital; si el individuo porta un cromosoma Y, esa cresta genital va a derivar en un testículo, si no lo porta, si porta dos cromosomas X, el individuo va a desarrollar un ovario”, explica José Alonso Fernández-Guasti, investigador del Departamento de Farmacobiología del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Una vez formado el testículo comienza a producir testosterona desde el segundo trimestre de la gestación. Esta hormona va a tener un efecto en diferentes células que tienen receptores para interactuar con ella. Lo que sucede con las personas como Hilary, que tienen el síndrome de insensibilidad a los andrógenos, es que no se virilizan y nacen con un tracto genital femenino aparente. Es decir, en el exterior no hay forma de detectar que su tracto genital no está completo, así que nacen como niñas y crecen como niñas, la única diferencia es que cuando llegan a la pubertad no menstrúan, porque no tienen útero ni ovarios, detalla el investigador.

A nivel cromosómico, estas niñas tienen los cromosomas sexuales masculinos, pero su identidad de género es femenina, se identifican como mujeres y no tienen preferencias homosexuales en mayor frecuencia que la población general. Además, su cerebro es un cerebro cíclico que no sufrió los cambios que sufre el sistema nervioso central al verse expuesto a la testosterona, es decir, es un cerebro femenino.

 

El cerebro de los hombres y el cerebro de las mujeres

Alonso Fernández-Guasti es miembro nivel III del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y una de sus líneas de investigación es la diferenciación sexual del cerebro. El doctor en fisiología estudia cómo las hormonas moldean de forma diferente el cerebro femenino y el cerebro masculino en los mamíferos, desde que están en el útero materno.

“Aunque los cerebros de los hombres y las mujeres, o más generalmente de los machos y de las hembras, son 99 por ciento idénticos, hay unas partes que son un poco diferentes en el sentido anatómico. Si se toman sus cerebros y se analizan en el microscopio, después de muchos cortes en muchos lugares, se ve que prácticamente son idénticos con excepción de zonas muy pequeñas. Y se ha asumido que esas pequeñas zonas median las conductas que son diferentes entre hembras y machos”.

Cuando habla de las conductas que son diferentes, el investigador se refiere sobre todo a las conductas sexuales, pues hay conductas sexuales que las mujeres no pueden realizar porque no tienen órganos sexuales masculinos y viceversa. Además, el interés sexual que la mayoría de los machos tiene por las hembras es diferente al interés sexual que la mayoría de las hembras tiene por los machos, y eso está regulado a nivel del sistema nervioso central.

Por otro lado, en los mamíferos la conducta materna también es altamente dimórfica entre los sexos y es casi exclusiva de las hembras. De hecho, en muchas especies solo la hembra se hace cargo de las crías e incluso debe ser violenta con los machos de su especie, que pueden depredar sus propias crías o las de otros machos.

Desde luego, en el ser humano la cultura juega un papel primordial y en muchas sociedades la crianza no es una tarea exclusiva de las mujeres. Pero el amamantamiento, por cuestiones fisiológicas, es una conducta exclusiva de las mujeres.

Y aunque también hay estudios que señalan que existen ciertas diferencias entre hombres y mujeres en cuanto a la habilidad espacial o a la capacidad verbal, Alonso Fernández-Guasti hace hincapié en que esto nada tiene que ver con la superioridad intelectual de un sexo sobre otro: “Hay que dejar bien claro que estas diferencias entre los cerebros masculinos y femeninos no tienen nada que ver con que un sexo sea superior a otro intelectualmente. No existe un sexo superior al otro, existen habilidades diferentes en uno y en otro, y por supuesto estas diferencias son estadísticas. No significa que las mujeres sean siempre mejores en destrezas verbales, conocemos muchos varones con increíble habilidad verbal y mujeres con increíble habilidad de ubicación espacial”.

 

El cerebro cíclico

Podría decirse que el cerebro femenino es el que está programado en un inicio en los fetos, que es el cerebro por default, comenta Alonso Fernández-Guasti.

Este cerebro es un cerebro cíclico, un cerebro que de manera espontánea, cada cierto periodo, estimula un ciclo hormonal que posibilita la ovulación y como consecuencia la menstruación. Para que el cerebro cíclico cambie y se virilice, debe exponerse a diferentes hormonas durante su desarrollo, entre ellas, la testosterona.

Los cerebros de los machos, en los mamíferos, deben exponerse a la testosterona para que ese cerebro realice las funciones masculinas relacionadas con la reproducción: “En los humanos la producción de testosterona empieza desde el segundo trimestre de la gestación y organiza el tracto genital, la diferenciación del pene, el escroto y la próstata. Es decir, el desarrollo de un tracto que clásicamente se llama Wolfiano depende de andrógenos, y los caracteres sexuales primarios con los que nace un bebé, los órganos sexuales, están dados por la producción de andrógenos. Además esos andrógenos alcanzan el sistema nervioso central y lo organizan para moldear un cerebro masculino”.

Los científicos están comenzando a descubrir que durante este importante periodo de organización del sistema nervioso pueden existir procesos que predispongan a los individuos a enfermedades mentales.

 

La fragilidad del cerebro

“El cerebro masculino se tiene que hacer masculino, se tiene que labrar masculino y algunos siquiatras creen que por eso los niños varones tienen más alteraciones siquiátricas que las niñas. Porque es un cerebro más frágil, estuvo bajo la influencia de ciertas hormonas”.

Por otro lado, hay hipótesis que señalan que el cerebro femenino tiene más propensión a la ansiedad y a la depresión, y parte de las investigaciones para probarlas se han centrado en analizar si esta característica se debe a una falta de virilización.

En su laboratorio, Alonso Fernández-Guasti, junto con un auxiliar, un técnico y varios estudiantes de doctorado, maestría y de forma ocasional de licenciatura, estudian en modelos animales si el ambiente hormonal en las primeras etapas del desarrollo fetal tiene una influencia en el desarrollo de conductas ansiosas y depresivas.

“Hemos encontrado que efectivamente los machos tienen menos conductas ansiosas y depresivas que las hembras, y cuando modificamos el ambiente hormonal en etapas muy tempranas del desarrollo, estos cerebros femeninos tienen características de un cerebro masculino”.

Pero el investigador señala que los estudios experimentales no pueden trasladarse sin miramientos al ser humano, pues conductas tan complejas como la ansiedad y la depresión no pueden mimetizarse del todo en animales. Aun así, aunque no den lugar a estudios clínicos, los modelos animales dan una idea de cómo funcionan los sexos y cómo se desarrolla el cerebro fetal.

A diferencia de los animales, en el ser humano siempre hay que considerar las presiones sociales y, por su condición sexual, las mujeres están mucho más expuestas al estrés que los hombres, señala Alonso Fernández-Guasti.

“Para ellas, estar en la parada de camión implica un reto, viajar en el transporte público implica otro reto. Los hombres casi no tenemos conciencia de esas circunstancias, porque rara vez nos sentimos amenazados solo por nuestro sexo. Ciertamente, si vamos rodeados de mujeres no nos sentimos amenazados, y una mujer rodeada de hombres sí puede llegar a sentirse incómoda porque sabe que puede ser abusada”.

 

Hormonas desde la licenciatura

Alonso Fernández-Guasti comenzó a investigar sobre el papel de las hormonas en el desarrollo del cerebro desde que cursaba la licenciatura. Siguió el camino de la ciencia y en el laboratorio del doctor Carlos Beyer analizó, en su tesis de maestría, cómo el efecto de la testosterona en el cerebro en desarrollo podía ser modulado por diferentes compuestos. Ahora, como investigador, es tutor de alumnos de las carreras de biología, química, medicina y en ocasiones alumnos de sicología que les interesa la aproximación biológica.

Si pudiera volver a escoger, elegiría ser científico. Aunque la ciencia no es su única pasión, también escribe literatura, es un lector asiduo y un viajero ejemplar, es un gran admirador de la cultura musulmana y con frecuencia visita los países islámicos que tanto aprecia.

 

Con información de Amapola Nava y del Conacyt

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