Opinión

Los políticos buenos no existen / Matices

Hay toda una corriente teórica que afirma que la política y la moral se encuentran realmente distanciados, entre ellos mismos concluyen que es una distancia sana para no generarnos falsas expectativas de las y los políticos. Pero ¿podemos soñar con políticos buenos? Esa es por ejemplo, la premisa de Wikipolítica y Pedro Kumamoto, por eso tanta poesía en su campaña, desde mi perspectiva una premisa positiva para refrescar la discusión política, pero que no fue suficiente.

Fernando Savater es un poco positivo: “la política no es sinónimo de lo que hacen los políticos, porque esto implicaría reducir todo a la astucia, a la sagacidad y a la demagogia.” Maquiavelo, que es el más citado cuando se habla de estos temas escribió: “es, pues, necesario que un príncipe que desea mantenerse, aprenda a no ser bueno y a servirse o no servirse de esta facultad según las circunstancias lo exijan” y añade que un príncipe debe no apartarse del bien, si es posible, pero saber entrar en el mal en caso necesario.

Este tipo de lecciones nos lleva a reflexionar sobre múltiples actos de nuestra vida cotidiana, hemos traducido la política a eso que dice Savater, a la astucia, sagacidad, demagogia y agregaría, a la trampa. A tecnologizar y sistematizar la trampa, para los políticos, como escribe un gran maestro, Mario López, el problema no es la trampa, eso es un arte, el problema es ser descubierto, el escándalo. Pedro Kumamoto, en una entrevista para Tercera Vía, declaró que una de sus principales luchas es combatir a la clase política que busca difuminar política y corrupción como una sola cosa; una buena lucha, sin embargo, quizá estaríamos modificando la naturaleza de la política; es un debate que inicio: ¿La política es corrupción, audacia, trampa, sagacidad? ¿La política se reduce al arte de ganar, conservar o mantener el poder? ¿La política se reduce a lo que hacen los políticos? ¿Todos los políticos tienen las mismas actitudes?

Las respuestas a esas preguntas formuladas por los románticos, entre los que me incluyo y entre los que incluyo a los pensadores que más admiro y leo, como Mario López, son que no, que la política no debe reducirse a lo que hacen los políticos, que la política no solamente es corrupción, es audacia, es trampa o sagacidad, que no es solo el arte de ganar el poder y que no todos los políticos tienen las mismas actitudes.

Sin embargo, también me coloco entre aquellos que anhelan tener la capacidad de analizar todo con matices, la política necesita de valores, valores y fines públicos, pero en un mundo donde la cultura política es la trampa y para aplicar esos valores y tener un bien común hay que jugar en ese juego político, sin generalidades, con matices, con actitudes que transformen viejas prácticas, pero con la resistencia a que la pasión por hacer el bien no desaparezca.

En ese tenor, a los estudiantes de ciencia política nos han enseñado que la política y la moral van separadas, Mario López que fue mi primer profesor en Ciencia Política, escribió sobre esas actitudes pedagógicas que ponen en la lista de lecturas indispensables a Maquiavelo: “Esta forma de enseñar a los politólogos, que serán los observadores de la política, no hace otra cosa que responder a la descripción de lo que hacen los políticos en la realidad. Para actuar en el campo de poder, el político no necesita la moral, sólo necesita saber cumplir los acuerdos que asume, no importa si dichos acuerdos son buenos o son malos.”

Max Weber afirma que “quien busque la salvación de su alma y la salvación de otras almas, que no la busque por el camino de la política, que tiene otras tareas muy distintas”. Entonces, ¿la política es una actividad con tintes negativos y nos resignamos? No, pero tampoco nos alarmemos.

En la condición humana está explícito, todos somos pecadores, Ada Colau, alcaldesa de Barcelona afirma que ella prefiere ser una política pecadora que una perfecta, porque la pureza no existe, al menos en los hombres; aspirar a ella sí nos hace bien.

Discursos como el de Pedro Kumamoto o las declaraciones de principios tan románticas de todos los partidos políticos, nos hacen bien, porque nos recuerdan esa aspiración de que la política se constituya en la gran arena para discutir y solucionar los asuntos públicos y no se reduzca a las prácticas negativas de los políticos. Pero, por otro lado, también debemos autoexigirnos, como analistas, como medios de comunicación, como pensadores y como políticos, los debidos matices, la concepción de la realidad y permanencia en la lucha en contra de esas resistencias culturales.

Esto no es un llamado a que si incursionas en la política tengas que aceptar la corrupción, porque es una práctica cultural institucional, sino más bien una invitación a la reflexión, a no ceder en lo malo, a actuar con valores, a acercar la moral a la política, pero a no alejarnos de la realidad, a dar esa lucha, una lucha contra nosotros mismos, contra nuestros piensos, nuestros principios, nuestros valores y contra las inercias institucionales, los piensos de otros actores y contra la corrupción. Esas lucha que invito a dar, quizá sea menos mediática, menos sexy y menos reconocida, pero hay que darla.

 

@caguirrearias | [email protected]

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Carlos Aguirre

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