Opinión

Mucho nunca es suficiente / Ambientalistas en LJA

Víctor Hugo Salazar Ortiz

Movimiento Ambiental de Aguascalientes, A.C.

 

RJ, mapache con papel protagónico en la película animada Vecinos Invasores hace el comentario que sirve de título a este artículo: “Mucho nunca es suficiente para los humanos”. Esta frase sintetiza magistralmente una forma de ser natural de la especie humana: la desmesura. Ésta consiste en no medirse y caer en excesos, actuar bajo el impulso de deseos insatisfechos al no estar conforme con lo que se tiene, en el caso del consumo, comprar impulsiva e irracionalmente cosas, no porque se necesiten, sino sólo porque se desean. Se compra ropa, calzado, dispositivos electrónicos, etc. No porque no se tenga o ya no sirvan, sino sólo por novedad.

Este deseo es perfectamente canalizado y explotado por las grandes corporaciones, las cuales emplean estrategias caníbales para apoderarse de los mercados y nunca están satisfechos los dueños de éstas con sus conquistas, desean monopolizar todo, para ello van en busca de nuevos mercados más allá de sus fronteras, lo que conlleva devorar recursos naturales, explotar personas y engañar a más consumidores. ¿Cómo logran introducir sus productos? Banalizan las costumbres de las culturas a favor de una hegemonía mercantil, imponiendo modas y estilos, creando con ello todo un ejercito de consumidores irracionales e inconscientes.

Irónicamente, estas corporaciones en el discurso expresan demasiado interés por los problemas ambientales, sin embargo, como señala Eduardo Galeano en Patas arriba: la escuela del mundo al revés, “Esas empresas, las mas devastadoras del planeta, figuran en los primeros lugares entre las que más dinero ganan. Son, también, las que más dinero gastan: en la publicidad, que convierte mágicamente la contaminación en filantropía”. Para no ir tan lejos basta pensar en las compañías refresqueras y en las plantas automotrices.

Las empresas transnacionales no muestran interés ni respeto por los ecosistemas. Explotan, contaminan y agotan sistemáticamente los recursos naturales regionales, y cuando estos han llegado a su límite, se van endosando el costo de sus externalidades a las comunidades donde estuvieron asentadas. Además, estas empresas golondrinas, como las nombra Naomi Klein en su libro No Logo, creen que todo lo pueden solucionar económicamente, pues se preparan con alevosía para pagar las multas y las sanciones, antes que en prevenir los daños que puedan ocasionar al medio ambiente natural y a las comunidades humanas.

¿Quiénes son los que han fomentado y promovido esta imprudente conducta empresarial? Sin duda el insaciable mercado que exige a los productores un constante reabastecimiento y una incesante renovación de sus productos. En otras palabras, nuestro consumo es el que exacerba la explotación de: yacimientos petroleros, minas, animales, tierras agrícolas, acuíferos, personas, etc., porque nosotros somos el insaciable mercado. Permitimos la construcción de otra plaza comercial, a pesar de que ello conlleve destruir una mezquitera; permitimos más desarrollos inmobiliarios, en vez la conservación de áreas verdes y bosques; aplaudimos la instalación de más fábricas e industria en el estado, aunque ello conlleve sacrificar nuestro aire limpio y unos ríos sanos.

Tal vez parezca difícil aceptarlo, pero el uso irracional e indiscriminado de muchos de los productos que consumimos está marcado previamente por esta huella industrial ecocida, misma que promovemos como consumidores y nos convierte en cómplices de daños al medio ambiente natural. Incluso, con el consumo de algunos productos perjudicamos, sin ser conscientes, a personas desconocidas y somos responsables de una nueva forma criminalidad, pues como señala Peter Singer en Un solo mundo: la ética de la globalización, “Ahora los problemas gemelos del agujero de ozono y el cambio climático han revelado nuevas y extrañas formas de matar gente. Al rociarte desodorante en tu axila en tu apartamento en Nueva York, y si usas un vaporizador impulsado por CFC, podrías estar contribuyendo a las muertes por cáncer de piel, muchos años más tarde, de gente que vive en Punta Arenas, Chile”.

De lo dicho hasta aquí algo parece claro: mientras las corporaciones y empresas privadas sigan contando con un gran poder económico, gracias a nuestros consumo social ciego que lo financia, la explotación, producción y vertimiento de sustancias tóxicas en el ambiente continuará y con esto la prolongación de esta cadena perniciosa.

¿Quién puede frenar este atropello industrial y social? Se supone que corresponde a los dirigentes de las instituciones gubernamentales proteger y salvaguardar los recursos naturales, sin embargo como bien sabemos, éstos anteponen sus intereses económicos y partidistas, antes que los sociales y ambientales (como muestra el retraso en la revisión del Reglamento de Protección al Medio Ambiente del Municipio de Aguascalientes propuesto por el regidor Miguel Romo desde el 2017). Por lo tanto, no podemos seguir creyendo en el discurso retórico político convencional, mismo que lleva décadas. Incluso debe señalarse que, aún partidos cuyo origen y propuesta política está fundamentada en una supuesta plataforma ecologistas, como señala José Luis Lezama en El medio ambiente hoy: temas cruciales del debate contemporáneo: “(Los partidos verdes) no poseen una verdadera plataforma ecológica […]. Pareciera que lo ecológico se reduce a sembrar árboles o cuidar animales, y no a establecer una propuesta alternativa de sociedad que apunte a una relación nueva y distinta del hombre con la naturaleza”.

Lo que nos toca como ciudadanos responsables es reducir nuestro consumo de objetos innecesarios, comprar lo necesariamente indispensable y dejar de pensar que mucho nunca es suficiente, además se requiere de la unión de la sociedad civil mediante la promoción de un activismo que convoque a los ciudadanos a exigir a las empresas que sus procesos de fabricación de mercancías sean más sustentables, es decir, amigables con el medio ambiente desde su producción hasta su descarte (recomiendo ver el documental La historia de las cosas). Para ello debemos informarnos qué empresas sí están integrando en su producción sistemas ecológicos y adquirir sus productos, por el contrario, no comprar y denunciar a todas aquellas sin conciencia ambiental. No es un trabajo sencillo, pero es urgente que seamos más prudentes y mesurados en nuestro consumo por el bien del planeta.

 

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