Opinión

Neo-presidencialismo: entre el Ángel y el Fierro / Cinefilia con derecho

Me causó extrañeza y preocupación la invitación de AMLO a Solalinde para ser el ombudsman. Y no porque considere que el sacerdote no tiene las características que se ocupan, es solo que según mi texto constitucional, al presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos se le elige en el Senado, a través de una convocatoria con varios filtros que buscan garantizar que el protector de las prerrogativas fundamentales esté lo más alejado del poder, pues su papel es el control de aquel. El constitucionalismo moderno mexicano, nos enseña que justamente para vigilar a los tres poderes, principalmente al presidente, se crearon los órganos autónomos, mismos que se blindaron lo más posible, en contra de intromisiones, al menos es la lógica en los entes de esta naturaleza: INE, Inegi, INAI, Fiscalía, Coneval, INEE, CNDH, Banco de México, entre otros. Tampoco quiero adoptar una postura legalista sin valoración de la parte política, sabemos de sobra que la decisión del partido con mayoría en las cámaras y del ejecutivo en turno, es fundamental en dichas decisiones, pero lo dijo don Jesús Reyes Heroles: la forma es fondo. Y no solo se trata de que la invitación salga del Ejecutivo que no tiene facultades en el proceso de selección, sino que además aún falta tiempo para que el actual presidente concluya sus facultades.

Lo mismo me parece que pasó en la reunión con los gobernadores, donde a juicio de muchos analistas, les leyó la cartilla, incluso ha dejado entrever que en cada estado habrá una suerte de delegado general del gobierno que se encargará de la operación de los programas sociales y que los gobernadores dejarán de ser gestores. En lo personal dudo mucho de la factibilidad de que puedan operar y aglutinar en una sola persona todos los recursos que la federación transfiere para su operación a los estados, sólo como un ejemplo: hay cientos de millones transferidos por convenio, por ejemplo, en materia de salud para que se apliquen vacunas o mastografías, el Ejecutivo nacional no cuenta con infraestructura médica en los estados para operar esos recursos. Mutatis mutandi, para un montón de programas. Sin embargo, el punto medular es esta actitud del presidencialismo más duro que busca controlar a los gobernadores, no es que quiera defenderlos, pues muchos de ellos han abusado de su poder, sin embargo, lo que está en juego son las reglas más básicas de un federalismo mexicano.  

Contrario a lo anterior, me causó esperanza y alegría escuchar a la virtual futura secretaria de Gobierno hablando de que se promoverán derechos humanos de avanzada en el país: despenalización de la marihuana y la amapola para uso lúdico, ley de voluntad anticipada en todo el país, despenalizar el aborto en el ámbito nacional, entre otras. También me parece sensata la idea de lograr la pacificación a través de mecanismos claros y precisos de amnistía, siempre que estén aunados a la idea de legalización de las drogas. Ahora sí que, parafraseando el meme de la rana René: a veces me asustan las declaraciones de AMLO, luego escucho las de Olga Sánchez Cordero, y se me pasa.

Por la invitación de mi editor Edilberto Aldán a un juego de Facebook para postear los libros que más te han influido, retomé la lectura de La presidencia imperial, de Enrique Krauze así como toda su colección La biografía del poder. Además, por practicidad, también he visto algunos de los documentales que, Televisa y la empresa del historiador mexicano Clío, produjeron para la televisión de masas en los noventas, los que por cierto son de muy buena calidad. Su análisis y confronta con el presente, dan visos de un posible fantasma que recorre México, el fantasma del neo-presidencialismo. En una de las biografías, la de Pancho Villa, Krauze visualiza al centauro del norte franqueado por dos influencias opuestas, una cercana a la institucionalidad y el estado de derecho del general Felipe Ángeles y otra, la del ejercicio despótico del poder, la de Rodolfo Fierro. Falta mucho aún, ciertamente, para ver la forma de gobernar del nuevo presidente y tenemos que dar tiempo al tiempo, sin embargo, en estos momentos, se vislumbran dos grandes posiciones en su equipo de trabajo, una liberal y de avanzada, y otra enquistada en el viejo sistema unipartidista del siglo pasado, esperemos que el nuevo presidencialismo sea más cercano al ángel que al fierro.


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Rubén Díaz López

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