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Orquesta Sinfónica de Aguascalientes Mendelssohn, Wagner y Tchaikovsky en el séptimo de temporada

Hace algunos años, si no me equivoco, en la última visita a Aguascalientes del maestro Luis Herrera de la Fuente para dirigir nuestra Sinfónica, mencionó en la rueda de prensa, palabras más, palabras menos, que la OSA es una fina pieza de cristal cortado en la que se debería beber un buen vino de mesa o un whisky y guardarse en un sitio especial y que no anduviera por ahí rodando entre los utensilios de uso común. Ayer, en el séptimo concierto de temporada me acordé de las palabras del maestro, sin duda, una autoridad para proponer este tipo de opiniones, sobre todo si consideramos que Luis Herrera de la Fuente ha sido uno de los mejores directores de orquesta que ha dado este país. Me acordé de estas palabras porque nuestra Sinfónica tuvo que buscar un lugar alterno para su séptimo concierto de temporada ya que su casa, el Teatro Aguascalientes, no estaba disponible, y ya ven ustedes amigos melómanos, la nueva sala de conciertos, que será la sede permanente de la OSA tiene problemas serios de acústica que no le permiten un uso digno para el fin que fue creada, escuchar música.

Ante esta lamentable circunstancia, la Sinfónica se presentó en el segundo patio de Palacio de Gobierno que suele ser la sede la nuestra orquesta en los conciertos que ofrece dentro del programa cultural de la Feria Nacional de San Marcos, un lugar hermoso, sin duda, con esos impresionantes murales del maestro Oswaldo Barra y una ocupación completa de las sillas dispuestas para el concierto, no obstante la belleza del lugar debemos entender que no es un sitio creado para la audición musical, el domo que hace algunos años colocaron genera un rebote de sonido que no favorece mucho. Por otro lado había niños lloriqueando por todos lados lo que significaba un desagradable distractor cuando nos proponíamos concentrarnos en la música. No obstante todas estas situaciones adversas, la respuesta del maestro Iván López Reynoso, director huésped para este concierto y la puntual respuesta de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes hicieron que este programa resultara verdaderamente espectacular.

Entendí desde mi silla, que no podía desperdiciar esta oportunidad de disfrutar un gran programa y de la interpretación de un verdadero portento, el maestro López Reynoso, así que ya estaba ahí, con todas esas adversidades rodeándome, pero al mismo tiempo, escuchando una música  que resultó maravillosa en su ejecución, así que la decisión más sabia era intentar olvidarme de todo y dejarme seducir por los encantos de su majestad la música.

Durante el intermedio y al finalizar el concierto estuvo intercambiando algunas impresiones del concierto con mi buen amigo Jorge Aguilera, tenor y barítono de importante trayectoria, ha estado en Italia, en China y prepara ya su segundo viaje a estas lejanas tierras de oriente con el sexteto vocal Noche Lírica, ensamble, que dicho sea de paso, le hace los honores a su majestad la música con un dignísimo tratamiento del repertorio que suelen abordar. Pues bien, comentaba con Jorge del perfil incuestionablemente operista del trabajo del maestro Iván López Reynoso, su manera de dirigir es propia del llamado arte total, sus respiraciones son como si estuviera dirigiendo a un cantante, y de verdad que hace cantar a los instrumentos. Todo el concierto fue delicioso, hace mucho tiempo que no escuchaba con tanta autoridad la cuarta de Tchaikovsky, ya había olvidado la intensidad que esta sublime sinfonía puede tener si es dirigida por la batuta adecuada. Claro, no es lo mismo escucharla en grabación a disfrutar de ella en vivo, y de la forma en que la escuché el viernes me pareció como si fuera nueva, algo que yo no conocía, fue increíble. Pero no creo equivocarme si afirmo que el mejor momento fue con el Preludio de amor y muerte de Tristán e Isolda, la música en sí misma ya garantiza, pero claro, depende del intérprete que será en enlace entre el lenguaje del compositor, en este caso Richard Wagner, y el auditorio, y el maestro López Reynoso se encargó de ser ese transmisor, por Dios, qué intensidad, qué profundidad, una elocuencia clara, casi cristalina, una ejecución soberbia…, si no fuera por todos esos lloriqueos de niños y gente pasando como si estuviéramos en un estadio, otra hubiera sido la situación.

Yo creo que no me había sentido tan tenso en un concierto desde que el maestro Revueltas dirigió la Sinfonía Novena de Mahler, con aquellos pasaje tan pianos ya cerca del final en donde cualquier ruidito, una silla rechinando, una tos, habría estropeado todo, desde entonces no me sentía así, es como cuando tienes ese deseo de que todo salga bien, pero sabes que todo depende de un hilo, de una serie de factores que no dependen de nosotros. Yo veía al maestro López Reynoso tan sumergido en la música, tan sumido en la partitura que dudaba si escuchaba todos esos ruidos que me distraían con tanta facilidad, pero llegó el momento en el que yo también perdí la noción del tiempo y del lugar, a la mitad del Preludio de Wagner yo había olvidado en donde estaba y ya no percibía nada, excepto la música que impregnó todo, que dominó todo. Gracias maestro Iván López Reynoso, muchas gracias.

La próxima semana termina la temporada con una gala de ópera con los cantantes Leticia de Altamirano y Alán PInagrrón, dirige el maestro José Areán.  La cita con su majestad la música es el viernes 13 de julio a las 21:00 horas en el Teatro Aguascalientes, por ahí nos veremos si Dios no dispone lo contrario.  

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

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