Opinión

Sin pies ni cabeza / Alegorías Cotidianas

Gran expectativa produjo la nueva exposición del Museo Espacio (MECA) donde miles de personas se dieron cita para ver, por primera vez en Aguascalientes, la obra de Javier Marín.

Las grandes esculturas del exterior tenían ya unos meses, recuerdo haberlas visto en el mes de mayo y me sorprendieron, la semana pasada Gobierno del Estado circuló por redes la invitación a la inauguración y la fotografía de una chica cerca de las piernas monumentales me hicieron tener una gran curiosidad por ver la obra del Mtro. Marín, pues me pareció impactante la proporción y el detalle de las extremidades de la figura humana.

Así fue como el jueves 12 de julio de 2018, el Instituto Cultural de Aguascalientes abrió las puertas a Claroscuro, la retrospectiva de los 30 años de artista de Javier Marín. Estudiantes de artes, políticos, reporteros, amantes de la cultura y uno que otro colado nos dimos cita para presenciar lo tan anunciado.

Después del discurso donde Yolanda Ramírez, esposa del Gobernador Martín Orozco, indicó que el MECA había dejado de ser un espacio elitista y que ahora artistas de todo México podían exhibir su obra, se cortó el listón y los miles de presentes nos dispusimos a recorrer las salas.

En la primer gran sala encontramos unos retablos, esculturas en piso, colgadas así como una sala de proyección donde se pueden observar documentales en italiano sobre el recorrido que el Mtro. Marín realizó durante algunos años en Europa. En ellos se muestra el montaje y las críticas de algunos especialistas. Lo que me llama la atención es que el Instituto Cultural de Aguascalientes no se haya dado a la tarea de subtitular dichos videos, como si todos habláramos italiano.

El objeto de la obra de Marín, antes, después y ahora es: el cuerpo.

Javier Marín esculpe y pinta cuerpos, no detalla rostros, sino solo cuerpos imperfectos, no en su anatomía, sino en su técnica.

Me sorprende que no busque que la escultura sea perfecta sino que los detalles de la madera, resina, bronce, pegado y armado forman parte de la misma. También es interesante que mezcle su materia prima con otros materiales para poder lograr una mayor imperfección, lo que me parece espeluznante es que incorpore carne seca con la resina, para obtener defectos en el resultado final, sobre todo porque la pieza es un cuerpo.

Al hacer una investigación vía youtube sobre el artista encontré un video que pudo despejar mi duda sobre lo que representa uno de los cuadros expuestos.

En la segunda sala hay unos cuadros donde su obra se convierte en bidimensional, es decir son fotografías a gran escala de detalles de las esculturas (las cuales son tridimensionales por el volumen) y sobre estas, con pintura blanca tapa la escultura dejando en relieve los remaches, alambrones y parches que pusieron los artistas del taller que tuvieron a bien armar la obra para que pudiera ser vista pues, quizá usted no lo imaginaba pero existen talleres artísticos que se dedican a trabajar con maestros del arte para poder concebir las obras, así que les rinde tributo mostrando lo que cada uno de ellos hace. Una actitud muy loable.

Me llama la atención el como las esculturas que no son a gran escala no tiene definido el rostro, no son hermafroditas, pues el busto y el pene están cada uno en un cuerpo distinto más las cara no son claras, salvo la de las grandes esculturas, más los cuerpos con tamaño normal no lo representan así.

Si hablamos de las esculturas a gran escala, como las que están a la entrada del museo y las cabezas dentro de las salas, todas ellas me recuerdan al gran periodo helenístico. Desde la primera vez que tuve la oportunidad de apreciar las obras gigantes una de ellas me recordó al Laocoonte, esa bella pieza creada por los escultores de la escuela de Rodas en el S. III A.C., varias de las piezas artísticas me trajeron a la memoria, además de la obra ya mencionada, las salas del museo del Vaticano.

Si nos adentramos más, las pinturas de la segunda sala del MECA, que es la misma imagen en tres colores distintos y con diferentes espacios no terminados y cubiertos con pintura negra, esos me recordaron al Nacimiento de Venus, por él como los tonos y las siluetas los hacían lucir a distancia, en un momento me sentí como en el Palazzo Vecchio en Florencia donde por cierto en la entrada podemos admirar al David inmenso y divino.

Las esculturas redondas, con esos cuerpos desmembrados se asemejan a los frontispicios de las iglesias góticas donde, el juicio final, intenta atemorizar a los feligreses.

Cada uno podemos tener un perspectiva distinta de la obra de Javier Marín, es un artista reconocido en Europa y ahora en México, que tiene que ver usted en persona y valorar si le complace o no su obra.

No se deje impactar por el tamaño, observe bien, vea documentales sobre el autor, en español claro está, y juzgue usted mismo lo que hoy se exhibe en el MECA.

Laus Deo

@paulanajber

 


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Paula Nájera

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