Opinión

Anti-política y cocina / Cocina política

¡Dichosos los ojos! Dicen en mi pueblo de indios “San Marcos”; estimada lectora, querido lector, y mire Usted que si “no nos vemos, nos escribimos” y, pues ¡nada! Que ni nos vimos, ni nos escribimos en este breve lapso histórico en que México y Aguascalientes se nos cambiaron por completo; la política se agotó y la sinrazón es ahora la madre de todas las verdades.

Por supuesto le debo una disculpa a ustedes, lectoras, lectores, por no haber concebido ni una pequeña frase en seis meses, pero la vorágine electoral intensa a que fuimos sometidos los mexicanos me dejó con los mismos ojos de plato que a Gil Gamés: asombrada ante la ruptura de la omertá; las reglas de honor no escritas en la actividad política, mejor aún, ante la ruptura de la política misma. Lo políticamente correcto se hizo de lado; las formas se distorsionaron y se volvieron vulgares, francamente obscenas; los políticos pasaron a ser actores, comediantes, futbolistas, secuestradores y exiliados malversadores de dinero público.

Rota la omertá política y sin liderazgos morales, económicos o institucionales fuertes en el país, el proceso electoral 2017-2018 se convirtió en un auténtico desgarriate, en un escenario de lo absurdo en que lo bueno se percibió como fifí, fresa, light o aburrido y lo malo se vendió como audaz, valiente, atractivo y hasta sexi ¡Hágame Usted el favor!

En apenas seis meses calendario, el país entero entró en una especie de hipnosis masiva que llevó a su gente a bailar un son errático y extraño, que a poco, se fue transformando en una danza frenética y desenfrenada. Fue un semestre suspendido en el tiempo-espacio que algún día desentramarán los estudiosos del fenómeno sociológico para, probablemente encontrar que se vertieron varios miles de litros de concentrado de peyote en el sistema de agua potable mexicano, o bien, que la sacerdotisa Sabina regresó para bautizar nuestra “agua de tomar” con sus místicos hongos mágicos. La verdad es que no sé cómo explicarles, lectoras, lectores; el alucine que nos llevó a perder amistades como resultado de discusiones electorales o a recordarles su santa madrecita a personas que no conocíamos en redes sociales, sólo por el hecho de discrepar con nuestras opiniones: era el todo o nada, o estás conmigo o eres mi enemigo. ¡Oiga Usted!

Pues bien, aquí estamos. El llamado tsunami electoral mexicano 2018, arrasó en el país entero. El primer domingo del pasado julio, el mapa político mexicano cambió radicalmente para dejar, prácticamente todo poder público en manos del partido Morena. De hecho, en manos de Andrés Manuel López Obrador, puesto que la mayor parte de los candidatos electos de manera directa y mayoría simple, eran desconocidos propuestos por Morena.

Aquí estamos con un presidente de la República nacido políticamente en el PRI, sancochado en el PRD y consolidado en el partido político que él mismo creó y lidera, Movimiento de Regeneración Nacional; bajo este último instituto quedan también las cámaras federales; así como las gubernaturas, ayuntamientos y cámaras locales que se renovaron en el pasado proceso electoral 17-18.

Aquí estamos Usted y yo y todos, a un paso de que comience a ejecutarse en todo el territorio lo que los lopezobradoristas llaman “la cuarta etapa” o “la reconstrucción nacional”. Aquí estamos expectantes espectadores, de lo que decidimos como mayoría electiva. Aquí estamos asumiendo la responsabilidad de nuestra propia decisión.

Nadie puede ser capaz de predecir el alcance del poder que se le confirió de manera casi absoluta a Andrés Manuel López Obrador. Nadie puede igual, predecir el camino que seguirán los grandes derrotados en el pasado proceso electoral. El PRI se ha reducido a una pequeña expresión que lo coloca en el tercer lugar de las preferencias electorales; el PAN, si bien queda de segundo, llega con una gran fractura entre grupos internos; Nueva Alianza y Encuentro Social entran en proceso de liquidación y pierden su registro nacional.

Así que, estimados lectores, de aquí en adelante daré cuenta en este espacio, de la anti política, que permea, se practica y está de moda. ¡Y claro! La cocina sigue estando en el centro de todo, especialmente en estos tiempos que en Aguascalientes brotan ofertas gastronómicas al por mayor. En toda la entidad surgen changarritos y grandes restaurantes que ofrecen platos tradicionales e internacionales; recetas típicas y cocina de autor; propuestas permanentes y temporales.

Al mal tiempo: buena cara, así que ¡bienvenida la anti-política! Y como las penas con pan son buenas, me voy a “La Emiliana” en calle Fray Antonio de Segovia, Jardines de la Asunción, a probar sus deliciosos ravioles de espinaca y ahogar mis penas políticas en una refrescante agua de yerbabuena.

¡Nos vemos en la próxima! Escríbame sus sugerencias.

 

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Socorro Ramírez

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