Opinión

Colombia: el ariete yanqui / Taktika

Caracas, Venezuela. 4 de agosto de 2018. En el momento en que el presidente Nicolás Maduro presencia el desfile por el 81 aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana, dos drones cargados con explosivos son derribados por francotiradores del Ejército Nacional Bolivariano. Las detonaciones provocan el caos y la confusión. Maduro es protegido por una falange de agentes de seguridad y sale ileso del atentado.

Minutos después, a través de una trasmisión en cadena nacional, Maduro acusa: “La saña asesina de la oligarquía colombiana y estoy seguro de que aparecerán todas las pruebas, pero los primeros elementos de investigación apuntan a Bogotá”.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, escribe en Twitter que el vicepresidente de EUA, Mike Pence, “demandó apoyo para una intervención militar contra… Nicolás Maduro. Esos son los aprestos golpistas del Imperio”.

La Cancillería colombiana responde, a través de su cuenta de Twitter, a las acusaciones de Maduro: “Ya es costumbre de que el mandatario venezolano culpe permanentemente a Colombia de cualquier tipo de situación”.

Las escenas y mensajes arriba mencionados sirven como prólogo al presente artículo, el cual tiene por objetivo explicar por qué Colombia ha devenido en un ariete yanqui contra la Venezuela bolivariana.

Los vínculos entre Colombia y los Estados Unidos tuvieron un inicio tormentoso: en enero de 1903 se firmó el Tratado Hay-Herrán. Este acuerdo permitía que los estadounidenses ocuparan por 100 años -con opción a renovación- una franja de 10 kilómetros a través del istmo de Panamá (Entonces territorio colombiano). El pacto fue ratificado por el Congreso de los Estados Unidos, pero su par colombiano rehusó confirmarlo, pues lo consideraba lesivo para la dignidad y la integridad territorial de su país.

Ni tardo ni perezoso, el presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, financió un movimiento separatista dirigido por Manuel Amador Guerrero y envío a los infantes de Marina para evitar que las tropas colombianas suprimieran a los alzados. Así, Panamá surgió como país “independiente”, aunque en la realidad las fuerzas estadounidenses se quedaron para asegurar la construcción del canal interoceánico. (Esta situación anómala sería revertida hasta 1977 cuando se firmaron los Tratados Torrijos-Carter).

En 1945, los Estados Unidos surgieron como la potencia preponderante en el orbe. Para cimentar su influencia sobre América Latina, los estadounidenses invitaron a los países americanos a reunirse, en abril de 1948, en Bogotá para crear la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Para probar su fidelidad al Tío Sam, Colombia envió un batallón de infantería y navíos de combate a la guerra de Corea. Este hecho marcó un hito, pues a partir de entonces comenzó un idilio bélico entre Bogotá y Washington. El devaneo castrense se estrechó aún más cuando, en 1962, llegaron los primeros asesores militares estadounidenses a suelo colombiano para ayudar en la represión de las comunidades campesinas rebeldes.

En los años 80, el Cártel de Medellín poseía el monopolio del tráfico de la cocaína, “la bomba atómica de América Latina contra Estados Unidos” (Carlos Lehder dixit), desesperados los colombianos solicitaron ayuda a los británicos, quienes enviaron al temible SAS (Servicio Aéreo Especial), una unidad especializada en acción directa, contraterrorismo, y reconocimiento estratégico, quien entrenó a las nacientes fuerzas especiales colombianas en “patrullaje, emboscada, contra-emboscada y vigilancia”1.

El esfuerzo británico fue complementado y, eventualmente, reemplazado por los estadounidenses, quienes despacharon a la DEA y a los Boinas Verdes. La apoteosis de la cooperación colombiano-estadounidense ocurrió el 2 de diciembre de 1993 cuando los elementos del Bloque de Búsqueda, asesorados por la DEA y la Fuerza Delta y apoyados por los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar), eliminaron al narcotraficante Pablo Escobar Gaviria. Hecho inmortalizado por la brocha de Fernando Botero.

El resto de la década de los 90 presenció el debilitamiento de los cárteles colombianos emblemáticos: Cali y Medellín. Sin embargo, los Estados Unidos decidieron que no podían, por cuestiones geopolíticas y geoestratégicas, abandonar el país sudamericano. Para tal efecto, los presidentes Bill Clinton y Andrés Pastrana concibieron el Plan Colombia. El precitado designio escrutaba: “disolver el liderazgo de las redes de los grupos guerrilleros a través del asesinato y otros medios”. El objetivo estadounidense “no buscaba pacificar completamente a Colombia”2, pues era una excusa perfecta para expandir su presencia en suelo colombiano.

Mientras tanto, desde 1999, Hugo Chávez, apoyado por la jauja petrolera, exportaba, desde Venezuela, su Revolución Bolivariana. Además, el líder venezolano alentaba los ataques de las “FARC y el ELN contra las instalaciones petroleras colombianas, pues esto aumentaba la dependencia de los Estados Unidos del petróleo venezolano”3.

En 2009, el gobierno ecuatoriano logró el retiro de las tropas estadounidenses. La respuesta de Washington consistió en aumentar o abrir tres bases aéreas y dos navales en Colombia. Las instalaciones militares permitían extender la cobertura estadounidense sobre América del Sur, en especial sobre Brasil y Venezuela, y proyectar el poderío yanqui en África.

Colombia fue atraída aún más a la órbita imperial estadounidense cuando, el 25 de mayo de 2018, se convirtió en un “socio global” de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Es decir, Bogotá cooperará en: “seguridad marítima y cibernética, terrorismo y sus ligas con el crimen organizado”4.

¿Está Colombia detrás del atentado contra Nicolás Maduro? Hasta el momento de redactar estas líneas no se han mostrado pruebas contundentes. ¿Es descabellado acusar a Colombia de apoyar a los anti-chavistas? No, pues tanto Álvaro Uribe como Juan Manuel Santos mantuvieron relaciones tirantes con Hugo Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro.

Finalmente, lo que no está en tela de juicio es que la Patria de Gabriel García Márquez, Juanes, y Shakira es el puntal de la Unión Americana en América del Sur.

Aide-Mémoire.- Así es: Soberanía es igual a Ingeniería.

 

  1. Colombia connection: the UK´s discreet role https://goo.gl/yX7L65
  2. Kaplan, Robert D. Imperial Grunts: The American Military on the ground. Random House, New York, 2005, p. 68
  3. Ibidem, p. 79
  4. Relations with Colombia https://goo.gl/bMp7Xh

 


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Soren de Velasco Galván

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